Después de permanecer cerca de cuatro años sin funcionar, una histórica calesita de Llavallol volverá a abrir sus puertas este sábado 9 de agosto. El juego, ubicado en la plaza Carlos Pellegrini, fue construido de manera artesanal por Hugo Ortega, excombatiente de Malvinas, y en los últimos meses fue restaurado por su hijo David.
La calesita hecha a mano por un héroe de Malvinas que vuelve a funcionar en Llavallol
La construyó Hugo Ortega, veterano de Malvinas. Su hijo David la restauró durante meses y este sábado 9 de agosto volverá a abrir en Llavallol.
La historia de la calesita comenzó varios años atrás, en 2005, cuando Hugo Ortega, de 64 años, tenía una zinguería. Según contó David a El Diario Sur, un conocido le acercó los planos para fabricar una calesita y decidió emprender el desafío. "Él mismo la fue armando pieza por pieza, cortando los pisos. La fue haciendo toda a su tiempo", recordó.
En sus primeros años, la calesita funcionó en la plaza del barrio Los Robles, en la localidad de Luis Guillón. Allí permaneció alrededor de cinco años hasta que fue trasladada a la plaza Carlos Pellegrini, en Llavallol, donde continúa instalada.
Un proyecto de toda la familia
Desde el comienzo, la familia Ortega trabajó unida para mantener el funcionamiento de la calesita. David, de 30 años, creció entre los juegos y desde muy chico empezó a colaborar con sus padres. "Desde los 10 años los ayudaba a cobrar o a juntar los boletos. Siempre trabajamos ahí mi mamá, mi papá, mi hermano y yo", contó.
Con el paso del tiempo, fue asumiendo cada vez más responsabilidades hasta hacerse cargo prácticamente solo del emprendimiento desde 2012. Sin embargo, la pandemia marcó un punto de inflexión. La calesita permaneció cerrada durante varios meses y, cuando pudo volver a funcionar con protocolos sanitarios, la situación económica ya era diferente.
Poco después, David consiguió trabajo en una estación de servicio con una jornada laboral que le impedía sostener el emprendimiento. Finalmente, tomó la decisión de cerrar el lugar y dedicarse por completo a otros trabajos y emprendimientos para sostenerse económicamente.
La decisión de recuperarla
Con el paso del tiempo, David sintió que el proyecto familiar se estaba deteriorando. "Tengo un proyecto familiar que se está pudriendo, se está haciendo pelota. Es una verdadera lástima dejarlo caer", recordó haber pensado.
Entonces reorganizó su rutina. Conservó su empleo, pero comenzó a dedicar todas las tardes a restaurar la calesita junto a su padre. "Salía de mi trabajo y me iba a limpiarla, arreglarla, cambiarle los pisos y pintarla. Todo esto con ayuda de mi papá", explicó, en diálogo con este medio.
Tras varios meses de trabajo, la restauración quedó prácticamente terminada y este sábado 9 de agosto la calesita volverá a recibir a los chicos y sus familias en la plaza Carlos Pellegrini, recuperando un espacio que durante años formó parte de la vida del barrio. A partir de su reapertura, funcionará los sábados, domingos y feriados, de 14 a 19.
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