Se cumplieron 80 años del primer partido del Club Atlético Banfield en Primera División en la era profesional. El debut fue con una goleada 7-3 ante Atlanta.
El 12 de mayo de 1940, el recién ascendido Taladro empezó a escribir su historia en la etapa profesional de la máxima categoría del fútbol argentino, iniciada en 1931. Tras una gran campaña en segunda división, se ganó un lugar en Primera para ocupar el lugar que dejaba Argentino de Quilmes.
Sin embargo, su debut contra Atlanta estuvo marcado por una maniobra desleal que arrastraba desde el año anterior. Para entenderlo, es necesario repasar cómo logró su ascenso un año antes, en 1939. Banfield llegó a Primera tras ganar un campeonato Reducido en segunda división, pero mientras se desarrollaba ese torneo, descubrieron que el club había intentado sobornar a dos jugadores de Barracas Central. El partido se había jugado un día antes, con victoria banfileña por 3-2.
A pesar de haberse comprobado ese delito deportivo (que lo terminó ayudando a alcanzar el primer puesto), semanas más tarde Banfield fue declarado campeón y le permitieron subir a la máxima categoría. El castigo llegó tarde, al año siguiente. El Tribunal de Penas decidió imponerle una sanción que empezaría a correr desde el Campeonato de 1940: suspendieron al equipo por un mes y le dieron por perdidos los primeros cinco partidos en Primera.

De esta manera, tras perder los puntos ante Newell´s, Vélez, Huracán, Boca y Lanús, el debut de Banfield en la era profesional fue recién en la 6ª fecha ante Atlanta. Jugaron en la cancha de Talleres de Remedios de Escalada, donde el equipo hacía de local mientras ponía en condiciones su estadio. El resultado fue una abultada goleada por 7-3.
Tres goles de Agustín Cosso, dos de Pedro Agostini, uno Florencio Caffaratti y otro de Rafael Sanz, decoraron el aplastante triunfo del Taladro, mientras que Carlos Colosía, Dante Bianchi y Francisco Rodríguez descontaron para el visitante.
Esa victoria por 7-3 dio comienzo a una buena campaña que sorprendió a hinchas y periodistas por tratarse de un club recién ascendido. Justamente en ese torneo de 1940, el diario El Pampero bautizó al equipo con el apodo "el Taladro, en alusión a que "taladraba" a sus rivales.






