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Fuerte aumento de la ropa: el desafío de los comerciantes para adecuar los precios en el rubro con más inflación 

Según datos oficiales, el sector de indumentaria y calzado es el que tuvo la mayor suba de precios en el último año. Los locales intentar contener los valores de las prendas en una época donde se vende poco. 

Además de la emergencia sanitaria y la preocupación por la suba de contagios, la pandemia también dio un fuerte golpe a nivel económico. La inflación agravó el panorama en un momento donde la actividad de muchos sectores cayó como nunca antes y la gran mayoría de familias tuvo menos ingresos. Llamativamente, los mayores aumentos de precios no se dieron en bienes de primera necesidad como los alimentos, sino en la ropa.

En lo que va del año se registró una inflación acumulada del 17,6%. Uno de los rubros que más tuvo que ver con esta suba es el textil. Según datos oficiales del INDEC, en los últimos 12 meses el rubro “Prendas de vestir y calzado” tuvo un incremento del 79,1%, el más alto de todos los segmentos analizados. Esa impresionante suba de la ropa supera por más de 30 puntos porcentuales al promedio general y por más de 25 puntos a los otros sectores que más aumentaron.

¿Por qué cuesta tanto vestirse? La Cámara Industrial Argentina lo atribuye a una fuerte alza en el precio de los insumos textiles que están atados al dólar, a factores estacionales y a los impuestos. Sostienen que la ropa es un bien que no tiene sus precios regulados y que por lo tanto se ve afectado por los aumentos a nivel internacional. Y en sintonía, señalan que el aumento que se ve en esta época está ligado a que se utilizan tejidos más caros para confeccionar ropa de invierno.

Las mediciones muestran que entre febrero de 2020 y el mismo mes de 2021, los insumos textiles aumentaron un 84,2%, por encima de la suba del dólar y del nivel general de los precios mayoristas.

Según el INDEC, los precios del rubro “Prendas de vestir y calzado” aumentaron casi un 80%. Es el valor más alto de todos los sectores analizados.

Además, hay que tener en cuenta que no existieron medidas del Gobierno para intervenir en el mercado de la indumentaria y contener estos aumentos. No hubo programas de control ni tampoco acuerdos para moderar los precios, como sí ocurrió con los alimentos y los electrodomésticos. Lo único fue el cierre de las importaciones, que cayeron un 56%.

La región no escapa a esta realidad. Al recorrer los locales se ve la parte más crítica de estos aumentos. Clientes buscando el precio más bajo y vendedores elaborando estrategias para no perder ventas. Los fabricantes pueden darse algunas licencias.

Por poner un ejemplo, el local Manteca de Lanús admite que no se ve en la necesidad de aumentar precios gracias a su producción propia. “Tenemos la suerte de ser fabricadores y no nos vemos en la necesidad de comprarle a las marcas, con precios por las nubes. Tratamos de aumentar lo menos posible”, afirma Romina, la dueña del negocio.

En tiempos donde se vende poco y no se puede atender con las comodidades de antes para ofrecer una prenda, el desafío de los comerciantes pasa por contener esas fuertes subas. Ellos mismos se ven como los menos responsables. En definitiva, son el último eslabón de la cadena y les toca ser los que ponen la cara ante el cliente, los que deben negociar la venta y los que deben mantener el local abierto con costos fijos difíciles de mantener.

“Aumenta todo, es una cadena y nosotros somos los que tratamos de mantener un precio y no llegar a ese aumento. Como se vende tan poco y está tan parado, tratamos de mantenerlo y eso nos influye. La venta ya estaba difícil y la pandemia nos terminó de liquidar”, comentó Carla, quien atiende el negocio de indumentaria femenina Las Mercedes en Monte Grande.

Los fabricantes tienen la posibilidad de no aumentar: “No nos vemos en la necesidad”

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Romina Belluzo es dueña del local “Manteca”, un comercio que lleva más de 35 años en Lanús Este y que tuvo que reinventarse este último tiempo para resistir la pandemia y los aumentos de precio en el rubro.

“En Manteca tenemos la suerte de ser fabricadores y no nos vemos en la necesidad de comprarle a las marcas, con precios por las nubes. El año pasado un jean de marca salía $2500 y ahora cuesta $5000. Los que más se abusaron fueron las grandes marcas. Además, creo que en internet se inflan mucho los precios”, comentó sobre las considerables subas en el sector.

“Tratamos de aumentar lo menos posible, podemos hacerlo porque somos fabricantes y también ofrecemos un descuento en efectivo o cuotas. La pandemia nos cambió la forma de vivir y de vestirse también”, agregó.

Romina señaló que debieron adaptarse a la venta online para subsistir durante la pandemia. No fue fácil, ya que no estaban acostumbrados: “Mi local queda en una zona comercial donde antes de la pandemia no teníamos la necesidad de vender online. Las redes sociales las tuvimos que crear y fomentar desde cero, teniendo en cuenta que las personas que trabajamos acá tenemos una edad que no es contemporánea con el avance de la tecnología”.

Por otro lado, señaló que en época de restricciones “la gente no compra tanta ropa de vestir o más formal”, sino que “lo que más se vendió este último tiempo son los jogging, calzas y buzos”. Y añadió: “Como no existen las fiestas o las salidas nocturnas, esa ropa la dejamos de vender”.

“Si pongo lo precios que debería poner, no vendemos nada”

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Desde el local de indumentaria femenina Las Mercedes, en Monte Grande, reconocieron que los precios vienen en aumento todos los meses, y esa situación se recrudeció desde principio de año.

Sin embargo, las ventas están tan por debajo del promedio que no pueden trasladar los aumentos a sus productos: “Los precios ya venían aumentando. Con la pandemia subieron pero uno no lo puede implementar sobre las prendas porque las ventas son pocas, entonces preferimos mantener el precio”, explicó Carla, dueña del local.

El presente Las Mercedes y la mayoría de los comercios del mismo rubro es realmente crítica: “Si pongo lo precios que debería poner no vendemos nada. Tenemos días en los que apenas nos compran dos o tres prendas”, aseguró la comerciante.

Y si bien las consecuencias del Covid-19 en el plano económico son las que hoy hacen temblar a las Pymes, la problemática de la inflación es la que progresivamente en los últimos años impacta de lleno en los bolsillos de vendedores y clientes.

Así lo entienden también desde Las Mercedes: “La pandemia nos terminó de liquidar, porque previo a esto ya estaba difícil la venta. Fue muy complicado que haya estado todo tan parado, apenas pudimos sobrevivir. Mucha gente decidió bajar la persiana. Tengo la fe de que todo esto en algún momento va a terminar y ahí empezaremos de cero”.

“Viene de siempre el tema aumentos, pero se nota mucho más desde que empezó el año”

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“A nosotros nos aumenta pero no podemos trasladar eso a los precios porque no tenemos venta. Viene de siempre el tema de aumentos, pero se nota mucho más desde que empezó el año, ya sea en mayoristas o en el área textil”. Así resume Juan, dueño del local Naru Extra Large, ubicado en el centro de Monte Grande, la pulseada diaria que mantiene contra la inflación en su comercio, que como todos logró sobrevivir a duras penas a la pandemia.

Naru Extra Large ha encontrado en este contexto un nuevo canal para subsistir, como lo es la venta en plataformas digitales: “Es muy relativo el tema de las redes. Hay semanas que vendemos más online y otras más en el local. Hay que abrir puertas en todos lados para tener una buena estrategia”, explicó Juan.

El comerciante debe haber malabares para que el local sea redituable entre la pandemia y la inflación: “Por más que ofrezcas medios de pago con tarjeta de crédito o cualquier opción, si aumentás no vendes. Hace seis meses que vengo absorbiendo todo el aumento, no aumentamos nada. Se gana menos, tenemos menos margen de ganancia por esto de la inflación. Hay que tener perseverancia, remar constantemente. Todo el tiempo pensamos cómo atraer a más clientes, pero tenemos que vivir día a día”.

“Es una cadena de aumentos pero el más perjudicado siempre es el más chico”

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Para sobrevivir, muchos comerciantes se ven obligados a modificar sus precios mes a mes. “Los comerciantes de indumentaria y accesorios cada vez que tenemos que reponer un producto nos vemos obligados a aumentarlo porque también lo compramos más caro. Todo aumenta y la venta baja cada vez más”, reflejó Paula, que tiene a cargo la venta de indumentaria en Yoko Nails.

Según entiende desde su experiencia, los aumentos no se dan por un solo motivo: “Sobre los aumentos hay un poco de especulación y también pasa por la logística. Fabricar en el país es difícil y traer de afuera más. Es una cadena pero el más perjudicado siempre es el más chico”.

Y las ventas no solo se ven afectadas por la inflación, sino que inciden varios factores: “Por ejemplo, la gastronomía está cerrada y antes el cliente que se iba a tomar una cerveza se compraba una remera para estrenarla”, explicó Paula.

Y agregó: “Trabajamos online y presencial, pero en el local hay muy poca concurrencia. Si entran diez personas por día te tenés que sentir dichoso. La estamos peleando a morir, para los comerciantes hoy es todo muy difícil”.

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