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"La intolerancia a la frustración hace que las adicciones estén a la orden del día"

Alejandro Gómez trabaja en una institución que busca rescatar a jóvenes de las drogas y lidiar con las adicciones

Alejandro Gómez es Coordinador General en Asociación Revivir, una institución de Cañuelas que busca recuperar a personas con adicciones de estupefacientes. Trabaja desde el año 1996 y en diálogo con El Diario Sur repasa los principales problemas con las drogas que enfrenta la sociedad y cómo lidiar con ellos, principalmente en jóvenes.

¿Afectó el encierro de la cuarentena a las adicciones?

Las adicciones ya son un encierro para las personas que padecen la enfermedad. Si a eso se le suman las restricciones que hubo al principio, durante los primeros siete meses, hubo un poco más de demanda de personas que querían recuperarse. Más que nada por lo que significa la convivencia cotidiana con los vínculos familiares que algún integrante padezca la adicción.

¿La adicción es una enfermedad familiar?

Existe una relación de codependencia con familia, más que nada en jóvenes. Esto quiere decir que las causales de que una persona tenga una adicción va más allá de las sustancias, sino porque el sujeto que padece adicciones es un resultado de las conductas que lleva. Un pensamiento negativo, por ejemplo, hace al adicto.

¿La voluntad de querer salir de las drogas ayuda a la rehabilitación?

Es un 20% de querer acercarse a una idea de cambio. Es algo que está en todas las escalas sociales más allá del contexto, del barrio o de un club como institución sociabilizadora. Hay que empezar desde el jardín de infantes, la primaria, el secundario o las actividades deportivas. Eso hace un complemento de vida que nutre la salud psíquica y orgánica. Cuando una persona cae en adicciones, justamente, se van alejando de actividades que hacen nutritivas la salud orgánica y psíquica de las personas.

¿Qué es lo que hace que los jóvenes consuman drogas?

El contexto, la falta de límites, la ausencia de buenos ejemplos o las ideas de esfuerzo y sacrificio que hacen al bienestar común de cualquier persona. Eso a veces se va degradando. La sociedad es muy rápida y dinámica. Surgen nuevas construcciones subjetivas. A veces el nivel de frustración no todos lo pueden capitalizar para un empuje o buscar otras alternativas de superación humana. La intolerancia a la frustración determina que las adicciones estén a la orden del día para los jóvenes como un denominador de la evasión pertinente de lo real.

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En una semana particular por el caso Chano, el experto en adicciones habló sobre el consumo de drogas en jóvenes.

En una semana particular por el caso Chano, el experto en adicciones habló sobre el consumo de drogas en jóvenes.

¿Estos ítems cómo pueden trasladarse para explicar el caso de Chano?

Todas las cuestiones son individuales. Habría que ponerse a ver en qué momento realizó una terapia, de qué índole, quién lo acompañó en la parte terapéutica. El criterio de salud y enfermedad son cuestiones previsibles. En la vida adulta, que una persona quiera estar internada o no es algo propio de la voluntad. Un amigo o familiar puede llevar a un adulto a que se interne, pero si quiere decidir interrumpir el tratamiento mucho no se puede hacer. La metodología de trabajo cambia según las instituciones. Hay algunas de internación abierta y otras de internación cerrada. Existen métodos de terapia que, en la vida adulta, lo decide el adulto. Hasta que la psiquiatría demuestre lo contrario que no está apto para que decida por sí mismo, aunque eso ya es otro terreno.

¿El problema de las adicciones es social o individual?

En eso interviene la sociedad, que hace muchos años tiene una mirada muy estereotipada de las adicciones: piensa que es un problema ajeno cuando en realidad es un problema social. En los últimos años, se ha acrecentado el uso de drogas en los menores y eso es un problema social, no de los padres, por ejemplo. Las adicciones tienen que ver con la libertad, la seguridad y todo lo que tenga que ver con el bien común. En esto hay muchos actores que intervienen: la política y el ciudadano común, porque todos podemos ser agentes de salud en tanto y cuanto entendamos que tenemos una sociedad que tiene que empezar a modificar la mirada y ver qué podemos aportar todos desde el lugar que tenemos para poder solucionar las cosas. A veces esperamos que pasen cosas muy tristes para darnos cuenta de la realidad que tenemos como sociedad.

¿Por qué crees que aumentó el consumo de drogas en jóvenes?

Miremos los medios masivos de comunicación: si promocionan que hay jóvenes que estudian o hacen deporte y se sienten bien y están felices, se pueden incentivar a eso, en cambio todas las publicidades tienen que ver con la ingesta de alcohol y llegar a la fama rápido. Con eso, la intolerancia a la frustración en la adolescencia que no tiene recursos para llegar a eso es fuerte. Cuando uno se frustra de adolescente no le queda otro camino que caer en las drogas o el uso indebido del alcohol, que es una droga legalizada y está vista socialmente: uno sale del trabajo al mediodía, come una pizza y toma alcohol. Eso vende. Y como vende, la construcción de la subjetividad del bienestar en eso está instalado. Hay otro tipo de bienestares que no tienen tanta difusión o propaganda que son sanas para la juventud, que son el futuro del país. Ahí es donde hay que invertir: en el deporte, las buenas costumbres, en aprender a educar.

¿Te parece que el alcohol o el tabaco son “la puerta de entrada” a otras drogas?

Son inhibidores. Uno cuando cae en el alcohol, ¿después que le queda? Probar otros tipos de sustancias que busquen un efecto placentero sin el esfuerzo. Y eso abre el camino a otras adicciones.

En el último tiempo se habla mucho de legalizar la marihuana, ¿cuál es tu opinión al respecto?

Yo estoy en contra. Es un tema muy complejo y delicado, siempre estamos poniendo cosas que en otros lugares han implementado y no funcionaron. Nosotros tenemos una población muy grande de adolescentes y no contamos con herramientas que supervisen si alguien está fumando marihuana, pasta base o cocaína. Entonces puede llegar a subir el riesgo de intoxicación. Contamos con hospitales públicos que tienen camas de desintoxicación, pero no llegaría a atender a todos. Tenemos una población de más de 1.5 millones de jóvenes en la calle los fines de semana. Si se exceden del uso de drogas unos 200 jóvenes, ¿dónde lo atienden? El Hospital Fernández cuenta con 16 camas y el Evita con 8, por ejemplo.

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