El barrio Parque Americano de Guernica está suspendido en el tiempo. Hace más de 20 años que las 200 familias que viven en las trece manzanas delimitadas por las vías del Ferrocarril Roca, el tendido eléctrico de alta tensión y la calle La Paz no saben cuánto más podrán seguir en el lugar.
Es que por esa zona, en el límite con Alejandro Korn, está previsto que pase la continuación del Camino del Buen Ayre, una obra prometida desde el gobierno de Carlos Menem para conectar a 11 municipios bonaerenses pero que solo se completó en el tramo que va desde la Panamericana hasta el Acceso Oeste.
La gestión de Cambiemos reactivó los trabajos y el barrio quedó más amenazado por el gigante de cemento que será la autopista. Hacia un lado y hacia el otro se pueden ver a las máquinas y los obreros levantando el camino; en el medio, las viviendas.

A lo largo de los años, en tres ocasiones distintas les llegaron a los vecinos cartas de Vialidad Nacional en las que les anunciaban que sus casas serían expropiadas y que pronto comenzaría la negociación para tasarlas. La primera notificación oficial fue en 2010; la última, en febrero de este año. Pero ningún funcionario volvió.
"Queremos que el Gobierno nos diga cuándo nos van a expropiar y cuánto nos va a pagar", aseguró ante El Diario Sur Sunilda Zanabria, que vive en el barrio hace 35 años. "Uno no quiere hacer nada en la casa por temor a que no sirva, a que no lo valoren. Somos todos trabajadores y una reja nos cuesta un montón como para que después la tiren así nomás. Entonces vivimos mal", sostuvo.
En el barrio no hay calles de asfalto y no hay cloacas ni gas natural. No progresó a la par de otros sectores de Guernica, a pesar de que los vecinos son trabajadores. Del otro lado de la calle La Paz, donde la autopista no es una amenaza, existe el gas de red. "Nadie invierte en este barrio porque total va a pasar la autopista. Pero hace 20 años que estamos igual", describió Juan Carlos Peralta.
"Lo que pasa es que a nosotros se nos cae un revoque y no nos dan ganas de arreglarlo porque pensamos que en cualquier momento nos van a tirar la casa abajo y nadie nos lo va a pagar", explicó Florentino Ferreyra, de 82 años.

La situación de mayor incertidumbre se vive en las tres manzanas delimitadas por las calles Santo Domingo y San Salvador, porque para llevar adelante la obra no sería necesario expropiarlas, por lo que corren el riesgo de quedar aislados entre la ruta, la vía y los cables de alta tensión. "Pedimos que nos expropien igual que a todos, no nos pueden dejar viviendo en una situación tan precaria", reclamó Ricardo Diepol. Según los vecinos, el intendente de Presidente Perón, Aníbal Regueiro, les prometió "encadenarse a la vía" si Vialidad intenta no expropiar esas tres manzanas.
Valeria Ojeda, una de las referentes del barrio, mantuvo en marzo último una reunión con Lucas Logaldo y Ricardo Stogal, dos funcionarios de Vialidad que tienen a su cargo las expropiaciones. "Me prometieron que en un plazo que no iba a superar los 60 días iban a venir a hacer las tasaciones y negociar con los vecinos. Pero es la tercera vez que se llevan la documentación de la gente y no avanzan los expedientes. Aunque ahora sí vemos que están trabajando en la ruta", contó.








