Según relató en diálogo con El Diario Sur, la fractura se produjo durante un encuentro informal. “Fue jugando un partido, uno del equipo rival fue mal a disputar la pelota y con los botines de 11, me pegó un planchazo a la altura de la tibia y me la rompió”, explicó. El diagnóstico médico confirmó una fractura de tibia con desplazamiento del hueso, lo que obliga a una intervención quirúrgica.
Belizán detalló que la operación requiere la colocación de un clavo: “Necesitan poner un clavo que va por adentro del hueso, mide más o menos unos 35 o 40 centímetros, y lleva dos tornillos arriba y dos abajo, que es lo que sostiene a los huesos”, señaló. El costo de esa prótesis ronda entre 1.900.000 y 2.000.000 de pesos. “Para mí es mucha plata”, resumió.
El profesor, de 31 años, contó que los médicos le indicaron que debe operarse dentro del mes posterior a la lesión “porque después el hueso suelda mal y hay que volver a romperlo”, afirmó. La lesión ocurrió el lunes de la semana pasada.
Emanuel es trabajador informal y realiza changas de albañilería y electricidad. “A veces engancho algo fijo por unas fechas, pero casi siempre son changas”, explicó. Padre de dos hijos, un varón de 11 años y una nena de 8, aseguró que no cuenta con los recursos para afrontar el costo de la prótesis. “La plata que necesito juntar es para la prótesis, porque en el hospital la operación la hacen, pero con eso no cuento”, indicó. Quienes deseen colaborar con Emanuel pueden hacerlo a través del alias Chuchu.j, destinado a reunir fondos para la prótesis que necesita para su operación.
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Desde 2011, Belizán impulsa la escuelita de fútbol en el barrio Panaméricana de Guernica, en una canchita barrial llamada El Ombú. “Yo entreno a los chicos, trato de sacarlos de la calle, quitarles el mayor tiempo que tengan para pensar en otras cosas”, contó. Actualmente participan unos 38 chicos, aunque llegó a tener 60. Para quienes también pidió una mano a los que puedan acercarse.
Además del entrenamiento deportivo, el espacio cumple una función social. “Esto es a pulmón, nadie nos ayuda con nada”, afirmó. Según explicó, vecinos del barrio organizan ollas populares una o dos veces por semana para que los chicos puedan comer. “Hay gente que viene y le hace olla para que ellos coman, porque nadie sabe lo que en la casa pasa”, expresó.

