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Ángela volvió a casa: estuvo cuatro 4 meses en coma, perdió un embarazo y así la recibieron en su barrio

Una vecina de San Vicente fue dada de alta luego de haber pasado cuatro meses en coma en grave estado. El emocionante recibimiento a Ángela.

Un contagio de coronavirus, una internación, la conexión a un respirador, insuficiencias renales, la pérdida de un embarazo y cuatro meses internada en coma. Por todo eso tuvo que pasar la vecina de San Vicente Ángela Pelayo, de 38 años, quien este viernes obtuvo el alta médica y fue recibida con emoción por su numerosa familia, sus amigos y los vecinos del barrio San Martín.

La ambulancia del Municipio de San Vicente llegó con Ángela desde el Hospital Cuenca de Cañuelas minutos antes de las 11 de la mañana. Una caravana de autos y motos la escoltó hasta su casa, donde había pasacalles, globos y adornos. Su recibimiento fue una fiesta, con cánticos, llantos y emoción. “Bienvenida a casa, Leona”, decía uno de los carteles que le colgaron en la puerta. Mantuvieron la distancia y no hubo abrazos: por ahora Ángela tiene que permanecer aislada, dado que su salud sigue vulnerable.

San Vicente: emocionante recibimiento a una vecina que estuvo 4 meses en coma y perdió un embarazo

“Fue hermoso, me recibió toda la familia, amigos, vecinos. Fue emocionante volver a verlos después de tanto tiempo. Todavía no caigo de lo grave que estuve y haberme recuperado”, contó Ángela en diálogo telefónica con El Diario Sur. “Estoy muy agradecida a toda la gente que acompañó a mi familia cuando yo no estuve y a los que me pusieron en oración. Y al personal del hospital Cuenca, que son geniales”, agregó.

Antes de contagiarse de coronavirus, Ángela estudiaba enfermería y trabajaba en una residencia geriátrica de Glew. Es madre de dos hijas de 18 y 21 años junto a su esposo Walter Acosta, con quien está en pareja desde que tienen 14 años. Tiene nueve hermanos y casi 50 sobrinos. Viven casi todos en la misma manzana del barrio San Martín de San Vicente.

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La emoción por recibir a Ángela en el barrio San Martín de San Vicente.

La emoción por recibir a Ángela en el barrio San Martín de San Vicente.

“Somos una familia muy grande y muy unida y ella siempre fue muy especial para todos”, relató Walter. Y sumó: “Fue todo muy duro, pero nos aferramos mucho a Dios a pesar de recibir partes médicos negativos todos los días. Todo el tiempo era un paso adelante y diez para atrás. Estamos agradecidos a Dios y a los médicos y enfermeros del Hosptial Cuenca que hicieron un trabajo increíble. La cuidaron como un ángel: estuvo cuatro meses acostada y no le quedó ni una escara, ni una lastimadura”.

Ángela se contagió de coronavirus durante los primeros días de mayo de este año, justo una semana después del fallecimiento de su suegra, que era como una madre para ella. Estaba embarazada de cinco meses y empezó a tener problemas respiratorios y el 10 de mayo fue internada en Cañuelas. El 13 la intubaron. Semanas después, ante una insuficiencia renal debieron practicarle diálisis, y perdió el embarazo.

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Ángela junto a su esposo y sus dos hijas en su casa de San Vicente.

Ángela junto a su esposo y sus dos hijas en su casa de San Vicente.

“Le costó mucho salir, fue una lucha terrible entre los problemas de respiración y de los riñones. De a poco empezaron a sacarle el respirador, pero hace 20 días empezó a evolucionar de una manera increíble. Hasta los médicos hablaban de milagro”, contó Walter, que iba a ver Ángela todos los días junto a sus hijas y que recibió la ayuda de amigos y familiares para sostenerse sin poder hacer su trabajo de pintor.

“La enfermera me dijo que cuando desperté del coma, hace dos semanas, lo primero que pregunté fue por mi bebé”, recordó Ángela ahora. Su memoria llega hasta el día mismo en que fue intubada, pero no tiene ningún registro del tiempo en coma. Ahora se encuentra lúcida y todavía no camina, por lo que la espera un proceso de rehabilitación.

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La familia de San Vicente antes de la internación.

La familia de San Vicente antes de la internación.

“Hoy lo que más quiero es vivir la vida, aprovechar a mi familia, dejar de preocuparme por cosas que no tienen sentido. Extraño mucho las mesas grandes de juntarnos a comer todos los días. Vivimos todos en una misma manzana y estamos siempre juntos. Quiero abrazar a todos”, deseó entre lágrimas.

Este viernes, después de cuatro meses, los pedidos y las oraciones de todo un barrio se cumplieron. Y Ángela volvió a casa.

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