San Vicente

Las enseñanzas del Padre Maffia, el cura-bombero que ayudaba a los pobres

Llegó a San Vicente a los 31 años. En menos de dos décadas dejó una huella imborrable en la comunidad. Fundó hogares para niños y ancianos. Apagó incendios, predicó con el ejemplo. Murió en 1982, en un trágico y confuso accidente.
martes, 26 de julio de 2016 · 09:10

"Un cura que además de oficiar la misa, predicar y administrar los sacramentos, se consagra a ayudar a los pobres y sale presuroso cuando suena la sirena anunciando un incendio, y empuña una manguera si hace falta”. Con esas palabras definía al padre Eduardo Maffia una publicación del Obispado de Lomas de Zamora de principios de los años 80. Maffia era entonces el presbítero a cargo de la Parroquia San Vicente Ferrer, y había revolucionado a la comunidad con su incansable labor por los más necesitados, y por ostentar el título de "cura-bombero”.

Una calle en San Vicente y otra en Alejandro Korn llevan su nombre. Y también el predio en el que fundó el "Hogar Vicentino”, que alojaba a niños y ancianos abandonados. Maffia había nacido en la localidad bonaerense de Garré, el 24 de febrero de 1935. Y no piso San Vicente hasta los 31 años, cuando fue designado como ayudante del cura en la Parroquia San Antonio de Padua, de Alejandro Korn. En 1967 quedó a cargo de esa Iglesia, y en abril de 1975 lo designaron como el sacerdote de la Parroquia San Vicente Ferrer. Esos pocos años –hasta su trágica y confusa muerte en 1982- le bastaron a Eduardo para ganarse el corazón del pueblo y llevar adelante una de las obras humanitarias más grandes de las que se tenga memoria por estas tierras.

No hay frases del Padre Maffia estampadas en placas recordatorias. Pocos han memorizado máximas de su autoría, como esas que legan los sabios, los que pretenden inmortalizar su nombre en los libros de historia. La marca de Maffia no está escrita entre comillas. Su huella queda en los que se acuerdan de él y transmiten sus acciones: su ejemplar dedicación a los más necesitados. Así lo entiende el ex jefe del cuerpo de Bomberos Voluntarios de San Vicente Osvaldo Corti, quien compartió con el párroco sus años en el cuartel. "Era un tipo excelente, muy especial, con mucho carisma. Y se arremangaba y era todoterreno, como cualquiera”, asegura Corti.

Maffia murió el 17 de abril de 1982, a los 47 años. Su Renault 6 fue a parar debajo de un colectivo, sobre la avenida Hipólito Yrigoyen –por entonces Pavón-, en Longchamps. Eran más de la una de la madrugada, y volvía para San Vicente desde una fiesta de cumpleaños. Según el recuerdo de Corti, que fue el primer sanvicentino que lo vio sin vida, llevaba como acompañante a un muchacho de unos 18 años que en ese entonces le ayudaba en tareas de la Iglesia. Ese joven sobrevivió. Son muchos los que señalan que el accidente de Maffia puede haber sido inducido, y que tras él estaría la salvaje dictadura militar que gobernaba el país por ese entonces. Difícilmente alguna vez se sepa la verdad.

Lo que sí se sabe con certeza es que la muerte de Maffia conmocionó al pueblo entero. Y que su velorio, en la Parroquia de San Vicente, fue el más multitudinario de la historia del distrito. "Entraba y salía gente de la Iglesia permanentemente. Venían de los barrios: de atrás de la estación, de Alejandro Korn. Los que más venían a despedirse eran la gente humilde que él había ayudado siempre”, cuenta Corti. Ese día los bomberos montaron una guardia de honor alrededor del féretro.

Maffia había creado primero un hogar para ancianos abandonados en las habitaciones del fondo de su parroquia. Después hizo las gestiones para conseguir el predio de la actual avenida Juan Pablo II, ubicado frente al Hospital Ramón Carrillo. Allí fundó el "Hogar Vicentino”, que hizo hincapié en los niños indigentes. "No alcanza el día para atender la cantidad de casos que se presentan, de personas con necesidades”, le decía Maffia a la publicación del Obispado. "Les damos casa, comida y orientación. Y no le ponemos término a salida, pero nos preocupamos porque se puedan ir y reencauzar su vida”.

En el cuartel de Bomberos, lo recuerdan como uno más. "Compartía los asados y todas las actividades que hacíamos. Casi nadie le decía ‘Padre’: todos lo tratábamos de ‘Eduardo’. A la hora de salir a un siniestro, él manejaba. Lo apodábamos ‘Pie de plomo’, porque andaba muy rápido. Y tenía un carácter fuertísimo: si se le cruzaba alguno, no dudaba en rajarlo a puteadas. Lo mismo con todo: era un tipo muy frontal. Siempre estaba trabajando para la gente con necesidades”, dice Corti.

Blanca Quílici, una atenta feligresa de los últimos tiempos del padre, dice que Maffia daba su homilía dominical caminando por entre los bancos de la parroquia. "Hablaba mucho del servicio a los pobres, de salir de uno mismo y descentrarse. Y todo eso lo mostró con su vida”.

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