El ajuste, las bajas en el empleo, la inflación y el aumento de las tarifas castigan duramente a los sanvicentinos. Algunos, en apuros, se la rebuscan como pueden. Y vender tortillas en la calle puede estar lejos de ser el trabajo ideal, pero es trabajo, y es digno. Y, con alguna ayuda extra, puede servir para llegar a fin de mes. O casi.
El boom de las tortillas parrilleras en San Vicente y Korn
Son baratas y se venden bien. Por la crisis, se instalan cada vez más puestos de comida callejera. Una tendencia que crece.
A esa reflexión podrían suscribir Cristian, Juan, Alejandro o Norma. Ellos son solo cuatro de las decenas de vendedores que día tras día instalan sus puestos en San Vicente o en Alejandro Korn y se ganan la vida con un producto casero. Ninguno es rico, está claro, pero subsisten. Y algunos días, según cuentan, hacen "buena plata.
Son las seis de la tarde de un miércoles y la estación de trenes de Alejandro Korn es un caos. El crecimiento desmesurado de la población, la falta de planificación por parte del Estado y la desinversión en materia ferroviaria que caracterizó a nuestro país en las últimas décadas hicieron que la estación quede chica para la cantidad de usuarios que la transitan todos los días. No alcanzan las boleterías, la gente se traba para entrar y salir a la calle, y el tráfico en las calles aledañas es un desastre: la naturaleza viva del Conurbano Bonaerense.
Los que se bajan del tren tienen hambre. Vienen de trabajar. ¿Ocho, diez, doce horas? ¿Cuánto tiempo de viaje? ¿Qué habrán almorzado? ¿Comieron algo más en toda la jornada? Posiblemente Juan no se haga todas esas preguntas. Pero él tiene soluciones: por 20 pesos te vende un pan casero grande, que te llena.
Hace dos años y medio que vino a San Vicente desde Burzaco. Allá, con su primo y socio, vendían sándwiches, churros, tortafritas, pastafrola, lo que venga. Acá le encontraron la vuelta con el pan casero. Están ubicados en un lugar de privilegio: a la salida de la estación, sobre la vereda. Pero no fue fácil llegar hasta ahí. "Para instalarnos tuvimos que arreglar con la gente de acá. Al principio tuvimos algunos problemas, pero nos aceptaron. Y se queja de que "con la crisis se está vendiendo menos, a veces nos sobran como diez panes.
A la vuelta de la estación, cruzando el paso nivel de la avenida Boulevard de Mayo, está Cristian. Su ubicación también es estratégica. Por allí pasan todos los que viven en barrios como Santa Ana, Los Amigos, Sargento Cabral, El Rosedal o Solferino: buena parte del "lado b de Korn. Cristian vende las tortillas parrilleras más baratas de todo el distrito. Las cobra apenas 10 pesos y la calidad es la estándar, aunque hace algún esfuerzo extra con el packaging, porque las entrega en bolsas de papel. "Yo las tengo a este precio porque compito con los vendedores del tren, que venden muy barato, pero además porque tampoco me gusta asesinar a la gente, explica.
Cristian tiene un oficio: es soldador. Y toda su vida trabajó en fábricas del Parque Industrial de Burzaco. Ahora tiene 33 años y lo echaron de su último empleo, luego de haber sufrido un accidente y haber sido operado. Desde hace tres semanas se instaló con la parrilla sobre la calle Cortejarena, a algunos metros de la esquina, para no molestar al histórico pochoclero patrón de la cuadra. Para variar, los fines de semana hace choripanes y sandwichitos de carne. Y también se dedica a las changas, como cortar el pasto.
A pesar de todo, Cristian elige no lamentarse: "Acá estoy más pancho y me hago unos pesos. Pero igual preferiría estar en la fábrica. Es un trabajo duro y a veces se viven cosas feas, pero, ¿sabés lo que pasa? Yo tengo tres hijos, y les tengo que dar de comer. Entonces la fábrica me da seguridad.
En San Vicente hay un puesto de tortillas hace más de cuatro años. Los días de semana está sobre la avenida Presidente Perón, en el "cruce del cementerio, y los fines de semana se aposta en la laguna. El que lo atiende es Alejandro Ayala, que tiene 23 años. Es un empleado de la chica que elabora la masa. "Yo pintaba casas, pero en un momento dejó de salir laburo y me quedé en bolas. Ahí me ofrecieron esto y no me quedó otra que agarrar, cuenta el joven.
El recorrido llega a su fin en la esquina de la vieja estación, en Sarmiento a la altura de Presidente Illia. Allí está Normal Albarenga, una mujer de mediana edad que también se las rebusca con las tortillas. Ella cuenta que su marido es fletero, y que su actividad es irregular, entonces no les alcanza para llegar a fin de mes. Se mudaron a San Vicente desde Lanús, hace cuatro años, y en 2013 instalaron el puesto. Pero por orden de la administración del ex intendente Di Sabatino fueron removidos por la Policía, y el marido de Norma debió pasar una noche en la comisaría. Sin embargo no se rindieron. Y acá están: "Somos una familia numerosa, tenemos diez hijos. Cuando te aprieta el bolsillo tenés que hacer de todo. Yo no bajo los brazos para poder darle de comer a ellos.

