Llegan a la plaza Hipólito Yrigoyen de Alejandro Korn y enseguida se ponen cómodos. No posan. Se acomodan contra unos escalones llenos de grafitis y despliegan dos parlantes y dos micrófonos. Mientras conectan los celulares para reproducir las pistas, dos salen para un kiosco para comprar una Coca-Cola, porque tienen calor. Después empiezan a cantar.
La movida del rap crece entre los jóvenes de San Vicente y apuntan a una faceta solidaria
Organizan eventos a beneficio y tienen letras con un fuerte contenido social. Una cultura que se expande en el under.
Son "Lady Flor" (Florencia Masiello, 29 años), el grupo "Sherpa´s Crew" (Ivo Pietraroia, Lihuel Enciso, Agustín Bravo, Elías Ríos y Alexis Castro, todos de entre 19 y 22 años) y el dúo "Génesis Style" (Federico Sánchez y Martín Cherey, ambos de 22), representantes de la cultura del hip-hop a nivel local, que cada vez tiene más influencia entre los jóvenes.
"Nosotros hacemos rap consciente", explica Ivo, conocido como "Pietra", que tiene 20 y trabaja como albañil en la construcción. "Nuestra movida siempre piensa en el que menos tiene. Por eso mayormente actuamos en eventos solidarios a los que hay que llevar un alimento no perecedero. Queremos ayudar a la gente, abrir las mentes de los demás. Y queremos que más se involucren porque estamos convencidos de que sirve para que haya un cambio", comenta el integrante de Sherpa´s Crew. Después canta una canción sobre el maltrato hacia las mujeres. Lejos de las ropas holgadas y los collares estruendosos típicos del ambiente, se viste sencillo, y calza alpargatas blancas.
Lady Flor también: apenas una musculosa, un short y bastante tintura rosa en el pelo. Es la única mujer entre siete hombres, y está acostumbrada porque el mundo del rap es machista, dice. Pero ella no se achica. "Es difícil ganarse el lugar y que te respeten. Siempre está el prejuicio de que el rap no es para las mujeres, pero hay que mantenerse firme y demostrar que podemos", sostiene. Y da su receta: "Frente en alto y oídos sordos. No dejarse llevar por los comentarios, y seguir fiel a la música que uno ama. Porque esto para mí es un desahogo y una felicidad, entonces, ¿Cómo voy a permitir que alguien denigre la música que yo hago".
En los videoclips que tiene subidos a Youtube se la puede ver un poco más producida. "Mi vida no es un cuento de hadas, lamento no ser la mujer que te imaginabas", canta en No Depender, que tiene más de 1.500 visitas. Cuenta que a los 14 años empezó a escribir rimas y que después se animó con la música. Ahora trabaja para una empresa que produce eventos, aunque nunca deja de reunirse "con los pibes en la plaza para rapear".
"La movida creció un montonazo", comenta "Faver" Sánchez, de Génesis Style. "Antes pateabas por Korn y veías dos tags con aerosol y unos chicos que hacían break dance, pero nada más", recuerda. Ellos comenzaron en 2007, descargando pistas de Internet para aplicar sus rimas. "Después en una casa pusimos un estudio con una cabina y maples de huevo", describen.
Los "Sherpas" coinciden: "Cada vez hay más grupos en zona sur, y por eso se generan eventos todas las semanas, competencias de freestyle (rimas improvisadas) en plazas. Esto arrancó bien underground y se mantiene, pero por suerte se suman más chicos".
El hip-hop, que nació en los suburbios de las ciudades estadounidenses para pasar a ser mainstream dentro de la cultura americana, tiene una buena adaptación en el ambiente urbano de América Latina. Puede hacer coincidir a representantes de clases bajas y clases altas. Los iguala. "Está muy asociado con la gente marginal, pero nada que ver, cada uno puede encontrar su forma de expresarse en el rap, no hay que flasharla", define Martín Cherey, conocido como "Ingenio negro".

Lady Flor, la chica que se abre paso en un ambiente machista
Florencia Masiello tiene 29 años y empezó a hacer rimas a los 14. Ahora tiene videoclips en Youtube con miles de visitas. Pero dice que no es fácil crecer en el mundo del hip hop siendo mujer: "Siempre está el prejuicio de que el rap no es para las mujeres, pero hay que mantenerse firme y demostrar que podemos. Frente en alto y oídos sordos. No dejarse llevar por los comentarios.

