Martín D’Alessandro es presidente de la Sociedad Argentina de Análisis Político (SAAP), una entidad nacional que reúne los mayores exponentes de las Ciencias Políticas del país. En una semana especial para la democracia, D’Alessandro dialogó con El Diario Sur en torno a cómo funciona el sistema político en Argentina: ventajas, fallas y maneras de incentivar una mayor participación política.
"Hay un efecto de enojo y frustración que puede bajar la participación política"
Martín D'Alessandro, presidente de la Sociedad Argentina de Análisis Político (SAAP), habló sobre la baja en la participación de las últimas elecciones.
¿Te parece que funciona bien la democracia en Argentina?
Es una pregunta amplia que tiene varios niveles de análisis. En términos generales, está funcionando bien. Eso no quiere decir que está funcionando perfecto. Funciona bien porque está estable. No hay mayores amenazas de que sea suspendido el orden democrático: se celebran las elecciones con regularidad, los presidentes duran lo que tienen que durar, no hay fraude y tampoco grandes denuncias de alteración de los resultados electorales. También se respetan, en términos generales, los derechos políticos: no se encarcelan a opositores y la población puede votar. Desde ese punto de vista, puedo asegurar que la democracia funciona bien. Tampoco hay violencia política y eso es un dato importantísimo que contrasta con otros países de la región. Todo eso hace que sea alentador.
¿Crees que hay amenazas?
Lógicamente hay problemas porque la democracia tiene malos resultados. Hay problemas porque existe una desafección política bastante importante en cuanto a niveles de frustración para el sistema y los partidos políticos por parte de la ciudadanía. Crece el descreimiento con las administraciones y hay una polarización política verbal que, desde mi punto de vista, empieza a ser preocupante para la democracia.
¿Qué tan peligroso son los partidos extremistas para el buen funcionamiento de la democracia?
Me parece más peligroso que haya un 42% de pobreza. Los malos resultados económicos hacen que gran parte de la población comienza a erosionar la confianza en la organización política y la administración pública. También son amenazas los altos niveles de polarización y confrontación virulenta. Hasta ahora, es solo verbal entre los actores políticos más importantes.
¿Crees que se pueden llegar a mayores niveles de participación política?
Sí, por supuesto que siempre hay mecanismos de democracia directa. Pero tengamos en cuenta que los niveles de participación electoral que tiene Argentina no están nada mal. Siempre rondan el 80% del padrón de la gente que va a votar. A lo mejor este domingo baje un poco, pero va a ser importante. Países que tienen el voto optativo a veces llegan al 50%. O, como vimos en Chile, para la constituyente de este año fue a votar el 20% del padrón. Entonces ahí sí son niveles preocupantes, porque la participación es parte importante de la sangre que hace funcionar al sistema democrático. No me parece que eso sea un problema en Argentina, porque aparte hay otros tipos de participación política y movilizaciones. También existen organizaciones más formales, como las sindicales, e informales, como los movimientos sociales. No creo que sea un problema la falta de participación en Argentina, no hay que pensar remedios para ese problema. De todos modos, más siempre es más: si incorporamos mecanismos de participación política, desde mi punto de vista serían bienvenidos.
Dado que es probable una baja en la participación de este domingo, ¿te parece bien que el voto sea obligatorio?
Primero que nada es importante ver cuánto baja. Obviamente que está el contexto de pandemia y hay un efecto de enojo y frustración. Esos factores pueden jugar en la baja de la participación, pero al menos en las elecciones provinciales que hubo en estos meses los niveles no bajaron tanto, estuvieron al 75%. No es que bajaron al 30%. Hay que esperar. Con respecto a la obligatoreidad del voto, a mí me gusta. Yo prefiero que el voto sea obligatorio. Por supuesto que tiene, como todos los diseños institucionales, pros y contras. Si tengo que elegir, me quedo con el voto obligatorio porque obliga a un involucramiento mínimo a sectores, sobre todo los más pobres de la población. Si el voto es optativo, esa gente queda totalmente al margen de expresar sus preferencias políticas en elecciones, y en cambio solo quedan votando los ricos. De todas formas, el voto obligatorio también abre la puerta al clientelismo porque a muchos no les importa demasiado quién gana. Sopesando virtudes y defectos de cada una de las opciones, yo me quedo con el voto obligatorio.
Hace unos años comenzó a hablarse del voto electrónico y la listas únicas, ¿qué opción preferirías?
Ahora volvió a estar en la discusión pública ese tema. Hay que tener en cuenta que, al menos para estas elecciones PASO, no existen listas sábanas. Al menos en provincia de Buenos Aires, solo hay tres categorías. A mí no me convencen los argumentos para pasarse a la boleta única. Reconozco que soluciona algunos problemas, como que a los partidos chicos no les roben las boletas, pero tampoco me parece que ese sea un dilema importante de la democracia. Lo mismo para los argumentos de que se gasta mucho papel o es costoso: la democracia ya de por sí es cara en un montón de elementos. El pretexto de ahorremos plata no me parece correcto para impulsar una reforma del sistema electoral. Con ese criterio, ahorrémonos la plata de todas las elecciones. No me parece correcto y lamentablemente es el que más circula. Yo sería mucho más cauto. Además, no me parece que el sistema actual tenga deficiencias grandes. Ahora, si esa boleta única se hace electrónica, habría que ver cómo tener un control desde la ciudadanía para que no haya fraudes virtuales. Si ese problema puede resolverse, no tengo problema en que el voto sea electrónico. El tema es que la gente desconfía.
Hablamos de la democracia en Argentina, ¿pero cómo ves lo que está sucediendo en la región?
Hay casos muy diferentes. Venezuela hace varios años que no es una democracia, es un régimen autoritario hecho y derecho. Perú es una democracia que tiene un problema de partidos débiles, fragmentación política e inestabilidad presidencial. Chile, que siempre fue un ejemplo de moderación y coaliciones que funcionan bien, también empezó a presentar nuevas demandas por parte de la población. El caso que se permanece siempre establece es el de Uruguay: solidez de los partidos, funcionamiento de la representación y posibilidad de tener un sistema político maduro y con diálogo entre los actores políticos. El ejemplo estrella es el abrazo y retiro en conjunto de Pepe Mujica y Tabaré Vázquez, dos expresidentes que fueron rivales toda la vida. Acá en Argentina ni siquiera se pueden mirar a las caras.


