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20 años, 20 historias: un repaso por los cambios en el tanque de Monte Grande, ícono de la región

En el marco de los 20 años de El Diario Sur, la historia del tanque o “plato volador” de Monte Grande que se transformó en un símbolo de identidad local.

A lo largo de los años, el histórico tanque de agua de Monte Grande pasó de ser una estructura funcional a convertirse en uno de los íconos culturales más reconocibles de Esteban Echeverría. Su transformación no fue solo estética: también cambió la forma en que los vecinos se vinculan con este punto emblemático del distrito.

Ubicado en una zona estratégica de la ciudad, el tanque fue durante décadas una referencia cotidiana para quienes crecieron en Monte Grande. Visible desde distintos puntos, su silueta formó parte del paisaje urbano y de la memoria colectiva de generaciones. Más que una construcción, se convirtió en un punto de encuentro simbólico, cargado de historias y recuerdos compartidos por los vecinos.

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El gigante de cemento fue construido entre 1972 y 1974. 

El gigante de cemento fue construido entre 1972 y 1974.

El gigante de cemento tiene 26 metros de alto y una capacidad total de 500 m3. Fue construido entre 1972 y 1974, por el ingeniero Eduardo Alfredo Spinetto, con el objetivo de abastecer a agua corriente a las casas más cercanas y todavía sigue funcionando: es parte de la red de abastecimiento de Esteban Echeverría y su contenido se mezcla con el agua proveniente de otros pozos y tanques, ya que con la explosión demográfica no alcanzaría. Por dentro, el tanque de agua es un sitio oscuro, con unas escaleras rústicas que conducen hacia la parte superior y un caño grueso en el medio, que es por donde circula el agua.

En el año 2020, se inauguró un mural aprovechando la fisonomía del tanque, obra del artista local Leandro García Pimentel, quien a pedido del municipio se encargó de darle todavía más vida al simbólico “plato volador”, impregnando cuatro figuras que representan el agua, el aire, el fuego y la tierra, junto a una inmensa brújula en el casco del gigante. “Para mí, hacer arte también es una forma de dejar huellas en el mundo. Las obras funcionan como un mapa, tanto personal como colectivo”, reflexionó en diálogo con El Diario Sur el artista.

A dos décadas del crecimiento sostenido de la región, el tanque de Monte Grande resume esa evolución: de infraestructura clave a emblema urbano, y de allí a obra artística que conecta pasado, presente y pertenencia.

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“Tiene algo extraño e imponente”, sostuvo Leandro García Pimentel sobre el tanque.  

“Tiene algo extraño e imponente”, sostuvo Leandro García Pimentel sobre el tanque.

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La transformación artística

En los últimos años, ese símbolo adquirió un nuevo significado a partir de su intervención artística. El mural realizado por el artista local Leandro García Pimentel marcó un antes y un después en la historia del lugar.

“La idea surgió mientras estaba pintando un mural sobre la Ruta 205 para el municipio. En ese contexto, la directora de Cultura me invitó a presentar un proyecto para el concurso”, contó el artista sobre el origen de la obra. El diseño elegido tampoco fue casual. La obra representa una rosa de los vientos sostenida por los cuatro elementos, una metáfora del origen y la identidad. “Funciona como una brújula que nos orienta desde nuestro propio lugar. El sitio donde crecí es mi referencia, sin importar dónde esté”, señaló el artista.

La intervención, finalizada en un contexto atravesado por la pandemia, no tuvo una repercusión inmediata masiva. “Se terminó en plena pandemia, lo que dificultó su visibilidad”, recordó. Sin embargo, con el tiempo, la obra comenzó a ganar reconocimiento entre los vecinos, impulsada en gran parte por su circulación en redes sociales.

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El artista junto a su obra.  

El artista junto a su obra.

Un ícono con identidad propia

Para el artista Leandro García Pimentel, el valor del lugar va mucho más allá de lo visual. “Es un lugar profundamente icónico para quienes crecimos en Esteban Echeverría. Desde chico lo veía con mis amigos y fantaseábamos historias alrededor de ese tanque”, explicó.

“Tiene algo extraño e imponente; por momentos parece un menhir o un tótem”, agregó, en referencia a la presencia dominante de la estructura en el paisaje urbano.

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