Opinión | Nico Varela | Columnista

La clase media

Nicolás Varela es periodista y conductor de radio de profesión. De lunes a viernes conduce Buenos Vecinos, un magazine de información y entretenimiento local por FM 88,7 y El Diario Sur en Vivo. También forma parte de FeFIJEE al Extremo, los sábados a las 20.

Éramos cinco amigos en un lindo departamento de estos nuevos que hay en Canning. Cinco de los diez compañeros de la escuela que nos mantenemos en contacto desde hace ya más de una década. De haber sido nueve quizás no hubiéramos durado, pero manteniéndonos todos siempre fue la única forma de poder alquilar una canchita en Monte Grande y jugar un partido.

Ese día éramos solo cinco, jugaba el River todavía de Gallardo, aburrido, intrascendente, así que charlamos más de lo que vimos y en el entretiempo quisimos pedir algo para comer.

Tampoco es que había un montón de opciones, así que la conclusión fue patear fuerte al medio. Una hamburguesa cada uno, de la marca que el dueño de casa siempre compra y, por supuesto, triple.

En ese momento teníamos que pagar entre 20 y 25 mil pesos cada uno, y estaba también la hamburguesa para la esposa del anfitrión, que hasta entonces había estado acostada soportándonos monear en el living comedor. No sabíamos que estaba, sino hubiéramos sido más cuidadosos, y nos enteramos recién cuando su marido nos dijo una frase que congeló la sala: no me deja pagar en efectivo.

Nos parecía muy extraño, casi imposible. ¿Qué, mi plata no vale?, bromeamos. Hasta que el contexto le dio sentido. Eran más de las 9 de la noche de un día de semana y las seis hamburguesas acumulaban casi 150.000 pesos. Era ilógico que alguien nos traiga la comida caliente hasta el edificio a riesgo de no cobrar semejante suma de dinero, o si por caso más que confianza es una cuestión de pasamanos, es literalmente imposible que un repartidor tenga 150.000 pesos para poner por nosotros y después cobrarlos.

Recién ahí me di cuenta. Capaz por estar más atento que los demás, acostumbrado a lidiar con noticias y análisis político-económicos diariamente. O capaz no me di cuenta yo solo, pero ellos tampoco se animaron a decirlo. Era fin de mes.

Los cinco tenemos trabajo, llegamos cada uno con su auto, y si de oportunidades se trata lo justo es decir que fuimos todos al mismo colegio. Más allá de lo que hayamos tenido al nacer, durante el kirchnerato nuestros padres pudieron pagarnos la misma escuela privada para que podamos tener el mismo punto de partida desde el cual cada uno ha competido y conseguido en base a su esfuerzo, preferencias, talento y realidad material. Para que se entienda sin vueltas ni culpa de clase: nuestro grupo no entra en la categoría “los que menos tienen”.

Por eso estábamos dispuestos a gastar veintipico de mil pesos en una hamburguesa triple. Pero esa vez sólo eso. Sabíamos que en un instante íbamos a recuperar 130, pero ninguno tenía 150 mil existentes para poner todo junto.

Al que hasta ahora no abandonó esta lectura por considerarme arrogante y presumido, no le hace nada que cuente que al final el que la puso fui yo. Porque sabe que no hablo de la plata, hablo de la tarjeta de crédito. Y ya que estamos de confesiones y considerandos, también vale la pena mencionar que uno me la devolvió recién al martes siguiente y que hubo cinco que directamente no vinieron.

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