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Era DJ en Brown y pasó a trabajar como Uber por la pandemia

Oscar Ponce de León tiene 42 años y es DJ desde hace 25. El cierre de los bares y boliches afectó a su actividad y hoy es chofer para mantener a su familia.

Las restricciones por la pandemia afectaron a cientos de comercios en Almirante Brown, siendo los bares y boliches de los más afectados. En este contexto, miles de trabajadores perdieron sus empleos. Uno de ellos es Oscar Ponce de León, de 42 años. Desde hace 25 se dedica a ser DJ en eventos nocturnos y fiestas en Almirante Brown y la región, pero el coronavirus cambió su vida por completo. Hoy debe buscar otra salida para mantener a su familia. Conocé su historia.

¿Cómo estás viviendo esta situación atípica?

Hace 25 años que trabajo con la música sin parar, es mi trabajo principal. El 8 de marzo del 2020 hice el último baile sin saberlo. De ahí en más quedé guardado en casa sin trabajar de la música. Fue muy triste. Soy de alto riesgo porque soy asmático y alérgico, no salía ni a la puerta. Para buscar otro método de ingreso para mi hogar tenía mucho miedo de investigar otra cosa y me quedé encerrado, y la poca plata que tenía se fue. En ese momento justo mi señora cambió de trabajo en un centro de día y por ser la última en entrar fue la primera en salir. Nos quedamos los dos sin laburo y fue un bajón, porque a mí se me terminó la única salida laboral que tuve toda mi vida.

¿Hoy en día como hacen para sustentarse?

En octubre mi mujer pudo volver a trabajar en el centro en el que estaba, y desde diciembre empecé a trabajar como chofer de Uber, Didi y Cabify. Hoy por hoy estoy trabajando de eso, que no es un trabajo ideal porque más allá de que ya tuve coronavirus estando en mi casa, corro mucho riesgo de volver a contraerlo. Hoy trabajo de otra cosa que nada que ver con la música.

¿Cómo fue para vos cambiar de rubro, de vivir de la música a pasar a manejar un auto?

Yo trabajaba en boliches, pero también en eventos en salones como casamientos y fiestas, y en conferencias con todo lo que tiene que ver con sonido. Todo eso que me apasiona desapareció, soy una persona muy sociable y hoy no lo tengo. Cambiar un tipo de vida de 25 años a trabajar en un auto en el cual estoy 8 o 10 horas arriba, es bastante incómodo para mi cuerpo. Encima no me gusta manejar, lo hago por necesidad y para zafar.

Con las reaperturas, ¿tuviste posibilidad de trabajar en algún bar o evento?

Si, en un salón de fiestas de Lomas de Zamora en eventos al aire libre. Pero era muy raro, vos pasabas música de fondo porque la gente no bailaba. Pero pude tener ingresos de lo que yo me dedico.

¿Hablaste con otros colegas sobre esta situación? ¿Cómo es el panorama general?

Son muy poquitos los boliches que pagan. Yo trabajaba en un bar en Longchamps y me llamaron, pero me querían pagar menos de la mitad de lo que cobraba en febrero del año pasado y dije que no. Hoy me conviene más trabajar de Uber. Hay muchos lugares que pagan muy poco, y algunos DJ amigos iban a trabajar más por la necesidad que tenemos de hacer lo que nos gusta que por la plata.

Más allá de que no pudiste trabajar, ¿te dio por hacer streaming para mantenerte activo en lo que te gusta?

Si, fue lo primero que necesité hacer, que es pasar música. Tengo una habitación grande en casa y me armé un estudio, y la gente me donó dinero. Yo siento que perdí mi dignidad, pero la gente fue muy agradecida e insistió en que ponga mi CBU. Recibí mucha plata que no me lo esperaba y con eso pude subsistir.

¿Te ayudó ese acompañamiento?

Me ayudó el amor de la gente, pero la dignidad siento que la perdí. Yo siempre sustenté a mi familia con mi trabajo, y de repente me pasó que no veía la hora de cobrar el IFE. La primera vez me sentí mal, la segunda fue un alivio, y la tercera deseaba que llegue porque 10 mil pesos no es nada, pero en ese momento es todo.

¿Cómo ves la expectativa a futuro?

Mi deseo personal es que esto termine lo antes posible, me lo pide mi cerebro y mi alma entera. Pero mi mujer trabaja en salud y ella me dice que esto no termina este año y viene para rato. Hay 10 millones de vacunas y necesitamos 90 millones. Es una locura. Pero hay que tirar para adelante.

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