La guerra en Medio Oriente repercute en todo el mundo pero hay algunas algunas personas que son testigos directos del drama. Es el caso de Juan Pablo Farías Yñiguez, un joven de 23 años que vivía hasta hace un mes en el barrio San José, en Temperley, y que decidió emprender viaje a Israel, donde ya estaban sus hermanos.
En medio de la guerra, vecino de Temperley desde Israel: "Mi mamá me pide que le mande mensaje todo el día"
Juan Pablo Farías Yñiguez, oriundo de Temperley, vive hace un mes en Israel y le contó a El Diario Sur sus sensaciones en medio de la guerra.
Desde Tel Aviv, uno de los principales focos del conflicto bélico, dialogó con El Diario Sur, y si bien expresó que lo atraviesa con cierta tranquilidad, a partir de lo acostumbrada que está la sociedad a estas circunstancias, para él es algo difícil. "Estoy en la parte más vieja de la ciudad y la verdad que los bombardeos no son tan intensos como en otras ocasiones que me han comentado mis hermanos. Por ejemplo, el año pasado hubo un conflicto que duró varias semanas y habían tirado muchos misiles por día y eso fue una locura", indicó.
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En esta ocasión, específicamente allí, al menos en estas jornadas iniciales de la guerra que tiene como protagonistas principales a Israel e Irán, desatada por la muerte del ayatola Alí Jamenei, a partir de una operación en Teherán liderada por Estados Unidos, el panorama se torna en una tensa calma.
Incertidumbre en Medio Oriente
Sin embargo, los momentos de incertidumbre existen, dados los bombardeos de Israel en Teherán que dejó un tendal de muertos, entre ellos niños, y las respuestas por parte del país persa. Y así lo detalla: "Estoy a dos cuadras de la playa de Tel Aviv, con un refugio en frente, un asilo donde hay mucha gente grande. Tiene un refugio al fondo donde nos podemos meter. Por caso, hace poco cayó un misil, a unas pocas cuadras, y tuvimos que ir".
Y añadió: "Después de los misiles, que son enormes, y abarcan varias cuadras, cayeron esquirlas, que son partes que también son grandes, tienen el tamaño de una cama, por ejemplo". Se trató de su primera vez con este tipo de procedimientos, y lo vivenció con cierta ambivalencia: "Esto arrancó el sábado, la primera vez que me pasa y reaccioné tranquilo. Me levanté a las 8 escuchando la alarma del celular. Acá, cuando venís a Israel, te comprás un chip y te mandan alertas, y una aplicación que envía mensajes. Así que bajamos al refugio y estaba todo tranquilo", indicó sobre ese instante, en el que destacó que incluso la gente va con animales y está un tiempo prudencial.
Calma en medio de la guerra
Y volvió a recalcar lo de la calma. "Pese a la noticia desde Argentina viendo que caen misiles y te preocupás mucho, el ambiente está tranquilo. Esto es algo normal para los que viven acá esta situación. Y eso de vivirlo así los demás me vino bien para no estar tan alterado porque están todos en calma y eso te calma a vos", afirmó.
Quienes no están tan tranquilos son los familiares que observan todos desde la zona sur del conurbano bonaerense. "Yo llevo un mes acá. Tengo la Visa de turismo. Cuando pasan estas cosas en general se cierra el cielo, no entra ni sale nadie. Pero hasta ayer al menos había vuelos. Y yo no creo que me vaya porque, a pesar de todo, no es un re quilombo el lugar en el que están tirando misiles las 24 horas del día", consideró. Y resaltó: "Mi mamá me pide que le mande mensajes todo el día. Yo miedo en general no tengo, pero siempre va a estar porque te pueden caer misiles en la puerta de tu casa".
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"Yo vine acá sabiendo que podía pasar esto, ya en diciembre se hablaba de esto. Se estiró y ahora arrancó esta guerra pero, insisto, ellos están acostumbrados a esto", sostuvo. Y completó con un ejemplo: "Ayer sonó la alarma, fuimos a un refugio cerca de la playa, donde hay un lugar importante de Estados Unidos. Al lado hay un espacio donde hacen comida. Ahí fuimos. Justo sonó la alarma, bajamos, y tenían un lugar subterráneo. En un momento éramos un centenar de personas y podían seguir entrando". La referencia, para expresar la naturalidad, lo puntualiza así: "Los primeros días estaba cerrado todo. Ahora están abierto algunos restaurantes, kioskos y hasta peluquerías".

