Alte Brown | Mármol | canillita | estación

99 años de patrimonio cultural: la historia del puesto de diarios de la estación Mármol

El "mono" Mónaco cuenta la historia de un negocio familiar que está a punto de cumplir cien años dándole vida a la cultura de José Mármol.

Marcelo Mónaco, para algunos “el Mono”, para otros “el canillita de la estación de Mármol”, y para muchas generaciones todavía “Rubén”. “Mucha gente de acá sigue diciendo el kiosco de Rubén por mi papá”.

El bisabuelo de Marcelo, Miguel Mónaco, fue quien inició el negocio de venta de diarios en la estación de José Mármol en 1922. Este 31 de julio el puesto cumplirá 99 años.

Marcelo se hizo cargo del negocio quizás en una de las épocas más difíciles. En 1988, tras el fallecimiento de su papá, debió tomar las riendas del puesto de diarios que junto a sus hermanos y su mamá habían prometido no vender y seguir, como Rubén había pedido.

“Teníamos estudios y trabajábamos todos los hijos en otro lado. Mi mamá había dicho que no se vendía el negocio y alguien tenía que hacerse cargo. El negocio tenía que quedar en la familia como sea. Lo manejamos hasta que quede yo”, contó a El Diario Sur.

También recordó lo que fue la época más difícil, cuando el ferrocarril dejó de funcionar: "Fue un momento complicado en el 88 por el tema del ferrocarril. Tenemos un reparto muy grande de muchos años y eso nos ayudó a sobrevivir”.

Naturalmente, al volver a funcionar el tren el negocio prosperó y así Marcelo construyó su familia en torno al puesto de la estación. “Cuando el tren volvió en el noventa y pico pasamos de vender dos diarios a vender cien. Todo de venta, más el reparto. Era un buen negocio”.

Tiempos cambiantes

“Yo decidí inversamente proporcional a lo que mi papá”, cuenta Marcelo que dice que hizo y hará todo lo posible para que sus hijos no sigan con el negocio del puesto de diarios. Entre otras cosas, porque dice que ellos ya no leen diarios en papel. Pero también está asociado también al sacrificio que significa la labor de canillita, que Marcelo todavía relativiza recordando cómo trabajaban su papá y su abuelo. “Hoy es un sacrificio relativo, sacrificio en serio hacía mi viejo que iba a buscar los diarios a Plaza Constitución y los traía al hombro, las calles de barro. Hice reparto en bicicleta, pero hoy lo hago en auto”, cuenta con humildad.

Pero ser canillita es algo más que vender diarios, y eso no cambia. “Vivo en Temperley pero son muchos años, por opción soy de Mármol. Acá somos toda gente conocida y hacemos una comunidad”. El centro siempre es el puesto de diarios.

Hablando del cariño y el reconocimiento de la gente de Mármol “el mono” se emociona visiblemente, y busca escaparle al reconocimiento con genuina humildad. “Soy consciente de que la gente necesita confianza en alguien. Por ejemplo, buscan un profesional o un contratista y saben que no es lo mismo alguien que encuentran por ahí que si se los recomiendo yo. Ese ida y vuelta con la gente está bueno. El diario vale en todos lados igual, la diferencia es la atención”.

La emoción se hace visible en sus ojos, y confiesa: “Es que vienen todos los recuerdos de la familia. Acá vivimos, laburamos, y comimos todos de acá. Mi viejo, mis hermanos, mis hijos. Y la gente te lo recuerda. Viene alguien y me dice “yo laburé por primera vez con tu viejo”, y eso está bueno, al menos para mí”. Hoy Marcelo sabe que eso mismo le dicen a sus hijos, y ese es el reconocimiento más grande

A Mariano lo conozco porque iba al San Patricio, era más chico pero iba al mismo que yo. Es una persona que hizo mucho por el partido y siempre está en lugares apareciendo a ver cómo está todo.

Dejá tu comentario