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La historia de un vecino de Canning que escribía tarjetas de cumpleaños y saltó a la literatura

Abraham Szejer tiene 85 años y es vecino de El Venado, Canning. Hace 25 años se volcó a la escritura como hobby, con cuentos de ciencia ficción.

Abraham Jacobo Szejer es un vecino de Canning de 85 años que a los 60 empezó a escribir cuentos y relatos, incentivado por una de sus hijas, que valoraba las tarjetas de cumpleaños que dedicaba a su padre a sus familiares. La pasión por la creación literaria de Abraham fue creciendo en este tiempo, al punto tal de que ya tiene decenas de cuentos y hace cinco años que asiste a un taller literario.

“Empecé porque yo escribía las tarjetitas de cumpleaños de mis hijos y nietos, y un día a mi hija le gustó y me incitó a que escribiera cuentos. Ahí fue que me metí en un taller literario que quedaba cerca de mi casa en avenida Los Incas, en el barrio de Belgrano R”, contó Abraham, que ahora vive en el country El Venado.

En aquel momento inicial, Abraham tenía 60 años y no contaba con experiencia previa en la literatura, pero sí era un ferviente lector, especialmente de ciencia ficción. Y era dueño junto a su esposa de una conocida librería Avenida Los Incas y Triunvirato. “Estaba muy relacionado con los libros”, contó.

Antes de esa actividad, el ahora vecino de Canning fundó una empresa de insumos de librería que fue muy reconocida en los años 80’, pero que después, durante la década del 90, quebró. Asimismo, detalló que sus estudios secundarios le dieron un título de Maestro Mayor de Obras, cargo que nunca ejerció y también estudió ingeniería durante varios años. “Todos mis estudios no tienen nada que ver con la literatura. Siempre fui más técnico y hasta el día de hoy me resulta extraño que yo haya encontrado a la literatura como un hobby”, expresó con sorpresa.

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Abraham junto a su esposa, con quien tuvo una librería en el barrio porteño de Belgrano.

Abraham junto a su esposa, con quien tuvo una librería en el barrio porteño de Belgrano.

Volviendo al detalle de las tarjetas de cumpleaños, Abraham recordó una anécdota: “Una vez sucedió un hecho con estas tarjetitas: fui a comprar un regalito para una parejita que nos hacía el mantenimiento informático en la fábrica, les compramos algo, les escribí una tarjetita, la empleada la leyó y se puso a llorar porque la emocionó lo que le escribí”, señaló.

Sobre su llegada a Canning junto a su esposa, contó que se dio hace 35 años. “Tenía un amigo librero que vivía acá y siempre nos invitaba. Después nos incitó a que compráramos y lo hicimos. En los primeros años teníamos la casa para venir de vez en cuando, pero hace un tiempo que ya estamos totalmente instalados acá en el country”, explicó.

Pese a sus pequeñas ediciones, Abraham pudo saborear una gran satisfacción con la literatura. “Tenía un amigo que era el contador de ‘Tito’ Narosky, el famoso escritor ornitólogo que escribió libros sobre aves, que en ese entonces vivía en Lanús. Tuve la posibilidad de enviarle algunos de mis cuentos y me los elogió. Esa fue mi mayor satisfacción”, rememoró.

Fragmento del cuento Ferragosto, de Abraham Jacobo Szejer

Sentí desfilar mi vida. Lo bueno y lo malo que había hecho. Las luces iluminaron más ampliamente. Me encontré otra vez en mi asiento. Entraron las bellas, los ogros, los gigantes y los enanos haciendo piruetas con sus pelotas y banquetas. También desfilaban animales exóticos, provocando el asombro y la risa del público. Yo, que era parte de él, empecé a reír cada vez con más fuerza. Sin poder detenerme fui olvidando todas mis penas.

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