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Sobre cómo tapar el sol con las manos

Trump eligió irse de la peor manera: convocando a una revuelta fallida que dejó 5 muertos y un centenar de heridos. Cuando la realidad real "choca" con la realidad virtual, no hay redes, ni datos, ni big datos que ayuden a tapar el sol con las manos.

Biden es el nuevo presidente de los Estados Unidos.

Trump eligió irse de la peor manera: convocando a una revuelta fallida que dejó 5 muertos y un centenar de heridos, y sin asistir al pasaje de mando (al mejor estilo Cristina Kirchner).

Las últimas semanas de gobierno fueron las más duras para el multimillonario ex presidente. Sus pares Republicanos se manifestaron públicamente en su contra, los Demócratas le iniciaron un juicio político y el crédito entre los estadounidenses (incluso el de los que lo habían votado hace semanas) cayó estrepitosamente. Seguramente nadie recordará la presidencia de Trump más allá del polémico muro que quiso construir para “separarse” de los violadores y vendedores de drogas que viven en México. El fastuoso proyecto de 725 kilómetros y 15.000 millones de dólares, quedó finalmente inconcluso.

Asimismo, su polémica incursión en lo público no será inocua para la vida empresarial de sus proyectos. El Deustche Bank decidió que no hará más negocios con él, no sin antes aclarar que lo hará una vez que el ex mandatario devuelva un préstamo de más de 300 millones de dólares que debe a la entidad. El Signature Bank, el banco en el que Trump tiene sus cuentas personales, también decidió romper relaciones comerciales con el presidente saliente.

¿Cómo llegó este hombre en 2016 a presidir uno de los países más poderosos del mundo? Casi todos coinciden en señalar que fue por un exitoso manejo de internet y las redes sociales, (especialmente Twitter y Facebook).

Trump aventajó a Hillary Clinton a la hora de movilizar a electores prioritarios, desmotivar a los de la candidata rival y lanzar sus polémicos mensajes, lo cual constituyó una parte importante de su victoria. En el programa 60 minutos (de la cadena CBS) emitido el 13 de noviembre de 2016 señaló: “... el hecho de que tenga este poder en términos de números con Facebook, Twitter e Instagram me ayudó a ganar en una carrera en la que otros gastaron más dinero que yo”. Uno de los elementos destacados de la estrategia de campaña de Trump, y más innovadores con respecto a campañas anteriores, es que confió en las redes sociales como primer canal de comunicación con el electorado, dándoles aún más importancia que a los medios tradicionales.

Además de apostar por las redes sociales, su equipo digital también lo convenció de la importancia de invertir en “datos”. Así fue como empezaron a trabajar con encuestas online, llamadas telefónicas y big data para conocer mejor a los electores, utilizando esta información para recaudar fondos y centrar mensajes y publicidad en los medios prioritarios y en los lugares y electores clave (sobre todo entre los blancos descontentos con la política tradicional). “Usamos los datos como nadie antes había hecho en la historia del Partido Republicano”, se ufanaban en 2016.

Todo este trabajo de datos se sustanció en la puesta en marcha de una gran base, que bajo el nombre de Proyecto Álamo, logró reunir información de 14 millones de votantes “indecisos, pero persuadibles”. Proyecto que se complementó con la base de datos del Comité de campaña Republicano y se reforzó con el asesoramiento de la compañía británica Cambridge Analytica, especialista en realizar perfiles psicológicos de votantes, que ya había trabajado para la campaña del Brexit inglés, las elecciones nacionales en Puerto Rico, para el PRO en nuestro país y para el senador Ted Cruz durante aquellas primarias estadounidenses de 2016. Por ello disponía de una base de datos de más de 220 millones de adultos estadounidenses que fueron cruciales para Trump: “Por eso ganamos. Conocíamos perfectamente a los votantes que necesitábamos convencer y los convencimos a gran escala”.

Hasta aquí podría ser la descripción de una estrategia política exitosa, vidriosa, pero exitosa. Sin embargo, además de atraer a esos electores, el equipo digital de Trump centró sus esfuerzos en minar la imagen de Hillary Clinton entre sus propios votantes potenciales, aquellos sin cuyo apoyo tendría más difícil la victoria (los conocidos como “blancos liberales idealistas): mujeres jóvenes y afroamericanos. Así impulsaron la denominada voter suppression (supresión de votos) entre votantes de Clinton, sembrando entre ellos dudas acerca de su propia candidata, invitándolos para que se quedaran en casa o directamente no la votaran. Para ello, desplegaron una intensa campaña de anuncios negativos y fake news en las redes sociales subrayando los aspectos más discutidos de su trayectoria. Según el New York Times, los 150 millones de dólares que el equipo de Trump invirtió en anuncios en Facebook e Instagram durante las últimas semanas de campaña 2016 dirigidos a estos electores constituyeron “la operación de voter suppression más exitosa de toda la historia de los Estados Unidos”.

Paradójicamente aquellas redes sociales que le permitieron ser elegido presidente, hoy “le cortaron las piernas” (DAM dixit), luego de convocar a la toma del Capitolio para evitar la promulgación de Biden como presidente electo.

Cuando la realidad real “choca” con la realidad virtual, no hay redes, ni datos, ni big datos que ayuden a tapar el sol con las manos.

Buena semana.

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