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Los partidos políticos, mal vistos, pero fundamentales para la democracia

Por Manuel Nieto. En esta semana en la que se cumplieron 45 años del último golpe de Estado, vale remarcar que no hay posibilidad de una democracia verdadera y sana sin la existencia de los partidos políticos

A un lado y al otro del espectro político e ideológico, hacia un costado y en las profundidades de la grieta, nadie duda de las virtudes de la palabra democracia. Asociada a la libertad, a la igualdad de oportunidades o a la justicia, la democracia es un concepto que se conecta con el ideal en nuestro inconsciente colectivo.

Lo que no parece estar tan claro en el imaginario popular es el rol de los partidos políticos, que en los estudios de opinión pública suelen venir aparejados con conceptos más oscuros, como la corrupción, los privilegios o las “castas”, como insisten en los medios de comunicación españoles.

Sin embargo, en esta semana en la que se cumplieron 45 años del último golpe de Estado, vale remarcar que no hay posibilidad de una democracia verdadera y sana sin la existencia de los partidos políticos. Solo hay contadas excepciones en el mundo de organizaciones democráticas sin partidos: en todos los casos tienen menos de 100 mil habitantes. Con más cantidad de ciudadanos, se hace indispensable un hilo conductor que exprese y ordene las intenciones sociales. En palabras del ex presidente uruguayo Julio María Sanguinetti, los partidos “encauzan, articulan, vertebran”.

El panorama político nacional y provincial parece dar algunas muestras saludables en ese sentido. La Unión Cívica Radical tuvo el último fin de semana elecciones internas para su comité bonaerense y de cada municipio. El porcentaje de participación fue del 15 % del total de sus afiliados, una cifra abultada para un partido que cayó al abismo tras la crisis de 2001.

En el Partido Justicialista, el Presidente de la Nación, Alberto Fernández, asumió la conducción esta semana, como una muestra clara de la importancia de esa estructura para competir en las elecciones. En el PJ Provincial, también hay señales de movilización de dirigentes y afiliados para defender sus espacios, ante un intento de hacer cambios en la agenda partidaria de cara a los comicios legislativos.

Estos movimientos se pueden ver antipáticos en el marco de la pandemia y de una crisis económica inédita. Insumen tiempo y recursos que puede discutirse si deben o no ser volcados a estas cuestiones en un marco de excepción, donde la agenda de la sociedad no tiene como eje principal a las internas partidarias.

Pero los discursos que exacerban la “anti-política” recientemente han generado experiencias poco reconfortantes alrededor del mundo, como los cuatro años enloquecidos de Donald Trump al frente de la Casa Blanca, o las turbulencias del Brasil de Jair Bolsonaro, que no parece encontrar un techo a la hora de sumar contagios y fallecidos por coronavirus.

Unos partidos políticos fuertes, con dirigencias y bases comprometidas con la vida democrática, son el mejor antídoto posible para los “anti sistema”, que tienen un éxito comprobado de audiencia en la televisión y en las redes, pero que han dejado saldos lamentables cuando han tenido responsabilidades de gobierno.

Esos partidos no pueden nacer por generación espontánea, como la hipótesis obsoleta sobre el origen de la vida que se sostenía en la Antigüedad. Las organizaciones virtuosas, con ciudadanos honestos, con vocación de participar y de generar mejoras en su comunidad, empiezan por cada unidad básica y por cada comité, con vecinos que le pierden el miedo a la política y se comprometen.

Claro que la política partidaria no es la única alternativa. Hay organizaciones no gubernamentales, espacios de contención para los más vulnerables y hasta sitios de activismo en redes sociales. También, por supuesto, está el periodismo. Hay opciones para todos los gustos y todas son válidas. Hay mucho por hacer.

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