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Historias de Santos: bendita sencillez

Reflexiones sobre la vida de Clarita Segura. Por Clara Milano.

Hay personas que en poco tiempo dejan una huella profunda. No porque hayan protagonizado grandes acontecimientos, sino porque aprendieron a hacer extraordinario lo cotidiano. Así fue la vida de la Sierva de Dios Clarita Segura, una adolescente porteña que murió a los 16 años y cuya causa de canonización avanza en la Iglesia.

Nació el 15 de mayo de 1978 en Buenos Aires. Era la menor y única mujer de una familia con seis hijos. Soñaba con estudiar, casarse y formar una familia. Le gustaba reunirse con amigas, reírse, hacer deporte y participar de las peregrinaciones a Luján y San Nicolás. Su relación con Dios era profundamente personal; en sus escritos le hablaba con la confianza de quien conversa con un amigo: "Lo único que me faltaría es poder abrazarte y agradecerte todo lo que hiciste por mí".

Hay algo que suele repetirse en las personas que viven cerca de Dios: no pierden la capacidad de jugar, de reír y de agradecer. Todos los que se acercan a él viven con una sencillez profunda. Y así, según cuentan aquellos que la conocieron, fue la vida de Clarita. La fe, lejos de volverla solemne o distante, la hizo profundamente humana y divertida.

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En su sitio web oficial, sus amigas la recuerdan alegre, con una energía contagiosa y una manera muy sana de vivir cada momento. Hubo dos anécdotas María Agustina Resta que compartió que me conmovieron por su simpleza:

  • "Un fin de semana nos fuimos a Bella Vista, con otras amigas. Chu siempre estaba llena de energía y por eso siempre insistía en que jugáramos a algo. Ese mismo fin de semana, nos habíamos repartido los cuartos para dormir. Me acuerdo de haberme despertado porque Chu me estaba arrancando las sábanas, así que ahí empezó la lucha, el trineo de sábanas y el tratar de sacarle las de ella, era una forma divertida de despertarnos. Otro fin de semana, en invierno, terminé en la pileta vestida y no dudo que haya sido su idea”.
  • "Era en primer año cuando el Colegio era chico todavía, que al profesor de Historia, que era un ángel, se le ocurrió motivar la clase o traer algo entretenido para hacer relacionado al tema. Así que decidió que trajéramos jabones para hacer puntas de flecha. La actividad concluyó luego de que cada una empezó a tirar los sobrantes de jabón dentro de la camisa de la compañera de adelante, fue un caos, guerra de jabón, patinadas sobre el piso de madera enjabonado, por supuesto que nos retaron y nos hicieron sacar el jabón del piso, pero fue divertido".

Hay quienes imaginan que la santidad consiste en una vida gris, llena de prohibiciones o alejada de la realidad. Sin embargo, la historia de Clarita demuestra exactamente lo contrario. Quienes están cerca de Dios suelen irradiar una alegría que no depende de las circunstancias.

Una infección bacteriana afectó su corazón y, tras apenas quince días de internación, falleció el 7 de marzo de 1995, dos meses antes de cumplir 17 años. Durante ese tiempo, quienes la acompañaron cuentan que nunca perdió la serenidad ni la confianza en Dios. En uno de sus escritos había dejado una frase que hoy resume el espíritu con el que vivió: "Creo, Diosito, que no me puedo quejar de nada absolutamente ya que tengo tanto más de lo que debería…".

No es una felicidad superficial, sino la paz de quien sabe que es amado y sostiene convicciones profundas. Ojalá también nosotros podamos aprender a vivir con esa confianza.

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