Vivimos corriendo. Corremos tanto que, muchas veces, terminamos tomando decisiones importantes con la misma lógica con la que respondemos una notificación: rápido, casi por reflejo.
Historias de Santos: frenar para amar
Reflexiones sobre la vida de San Ignacio de Loyola. Por Clara Milano.
En ese contexto, una propuesta nacida hace casi cinco siglos parece sorprendentemente útil para estos tiempos: San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús, desarrolló una experiencia conocida como los Ejercicios Espirituales. Más allá de lo religioso, son una invitación a detenerse y hacer silencio. Ignacio estaba convencido de que para vivir con profundidad no alcanza con actuar impulsivamente: es necesario discernir.
Discernir es aprender a distinguir. Reconocer qué pensamientos, deseos o decisiones nos conducen hacia una vida más plena y cuáles terminan alejándonos de aquello que realmente valoramos. En una época que premia la inmediatez, Ignacio propone no reaccionar automáticamente, sino hacer una pausa. Preguntarse qué está ocurriendo en el corazón antes de decidir.
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Una de sus reglas más conocidas dice que en tiempos de desolación no conviene hacer cambios importantes. Es decir, cuando estamos dominados por el enojo, el miedo o la tristeza, probablemente no sea el mejor momento para tomar decisiones trascendentes. Conviene esperar y recuperar claridad. ¿Cuántas discusiones familiares, rupturas o palabras hirientes podrían evitarse si aprendiéramos a detenernos antes de actuar?
Sin embargo, el discernimiento ignaciano no busca solamente tomar mejores decisiones. Tiene un horizonte más profundo: aprender a amar mejor. Para él y cada santo, la calidad de una vida no se mide por la cantidad de logros acumulados sino por la capacidad de amar y servir. Por eso insistía en que el amor no debía quedarse en las palabras, sino traducirse en obras concretas.
Discernir, entonces, no consiste únicamente en elegir entre varias opciones. Consiste en preguntarse qué elección nos vuelve más libres, más generosos, más humanos. Qué camino nos ayuda a salir del egoísmo y a encontrarnos verdaderamente con los demás. Quizás por eso los Ejercicios Espirituales siguen convocando a miles de personas en todo el mundo. Ojalá nosotros también nos animemos a frenar.

