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Una alarmante desconexión

Por Manuel Nieto (@NietoManuelOk).

La postal de esta semana en la región se vio en las sedes de Anses. Cada día hubo extensas filas de vecinos ilusionados con cobrar el bono de fin de año de 40 mil pesos otorgado por el Gobierno Nacional para quienes no tienen ingresos ni reciben subsidios estatales. La desesperación por acceder a esa “ayuda” llevó a mucha gente a acampar frente a las delegaciones de Anses desde la noche anterior, a pesar de que el trámite podía iniciarse de forma digital. En las colas enormes en Monte Grande o en Alejandro Korn, mucha gente explicaba que no se sentía segura con el uso de Internet y luego se vieron caras largas, de tristeza, entre quienes fueron rechazados por no calificar para el llamado “IFE 5”.

En paralelo, mientras las necesidades de la gente quedaban a la vista de todos, aparecieron las primeras señales de que el crecimiento económico caracterizado por el efecto “rebote” de los últimos meses está encontrando un límite, especialmente provocado por una inflación que ya llegó al 100% anual y que parece no tener techo.

Para la consultora de Orlando Ferreres, la economía cayó 0,4 por ciento en septiembre frente a agosto, aunque la comparación interanual acumulada sigue mostrando un avance, del 5,6 por ciento. "La actividad económica muestra signos de agotamiento para la última parte del año. Para lo que resta del año no anticipamos un cambio de tendencia sobre actual enfriamiento, y los riesgos de un empeoramiento de las condiciones macroeconómicas no son bajos", indica el último informe de la consultora de Orlando Ferreres. En tanto, para la Secretaría de Industria y Desarrollo Productivo, “se espera que la actividad industrial haya moderado su marcha en septiembre”, y esperan una caída del 1,8% mensual.

Pero la agenda de la dirigencia política nacional no está puesta en estos temas acuciantes. La discusión ahora pasa por la suspensión o no de las PASO. El kirchnerismo duro –inventor de este sistema electoral poco ortodoxo- ahora quiere matar a su criatura, cuando falta menos de un año de las elecciones presidenciales, por mera especulación sobre una posible ventaja en su performance para retener el poder en 2023.

El Presidente Alberto Fernández, seguramente con la misma motivación, pero con una posición más coherente, es el principal abanderado de mantener las PASO, y así se volvió un aliado táctico de Juntos por el Cambio, para el que la supresión de las primarias significaría un golpe demasiado duro por las dificultades para ordenar su cuantiosa interna.

¿Y por qué Alberto juega a mantener las PASO? Porque ya descarta volver a tener el apoyo de Cristina Kirchner para encabezar la boleta del Frente de Todos como en 2019, y la única posibilidad de competir por una relección la ve en una gran primaria peronista. También es una estrategia de supervivencia: de quedarse anticipadamente sin chances de reelegir, su figura y su gobierno se debilitaría aún más, algo que ya se vio con las salidas del gabinete nacional de ministros con peso político, como los intendentes de Hurlingham Juanchi Zabaleta y de Avellaneda Jorge Ferraresi. Alberto necesita generar aunque sea una mínima expectativa para poder transitar lo que le queda de mandato.

En ese marco, trascendió que el jefe de Estado apuesta a “resistir” hasta el Mundial de Qatar: es que el período de sesiones ordinarias del Congreso Nacional termina el 30 de noviembre. Pasada esa fecha, la posibilidad de tratar una ley para suspender las PASO dependería de un llamado a sesiones extraordinarias, algo que solo el Presidente puede hacer. Es en esa necesidad por ganar tiempo que se entienden algunos movimientos que parecen absurdos, como el de “pelearse” con un participante de Gran Hermano.

Del otro lado, las perspectivas no son mucho mejores: Mauricio Macri vuelca su discurso cada vez más al “populismo de derecha” de Trump y Bolsonaro, mientras que el PRO y la UCR tejen y destejen para ver quién gobernará la Ciudad de Buenos Aires a partir de 2023.

Ah, no: de las filas enormes en las sedes de Anses no están hablando los dirigentes. La desconexión entre representantes y representados es alarmante.

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