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Sobre mayorías, minorías y otras yerbas

Por Ricardo Varela.

La semana terminó con expectativas cruzadas entre la primera aparición pública de la vicepresidente Cristina Fernández luego del atentado contra su vida el viernes por la tarde; y el discurso de su hijo, el diputado Máximo Kirchner ayer en el cónclave del PJ bonaerense que preside (a pesar de la impugnación legal del intendente Fernando Gray).

En lo que algunos llaman “albertismo tardío” (aún le queda por delante más del 25% de su mandato constitucional), el presidente de la Nación se pone firme en su idea de no bajar las PASO. Apoyados en el ahorro que significaría para el gasto público y en lo poco saludable que puede significar en algunas jurisdicciones votar 6 veces en un año, los núcleos duros K y del Masismo quisieron (¿quieren?) convencer a Alberto Fernández que las PASO pasaron de moda. Sin embargo el hombre resiste, convencido que solo en las primarias se definirá con el voto de la gente lo que a algunos dirigentes les conviene dirimir en escritorios.

Desde la oposición no dudan de la necesidad de las PASO, todos las necesitan, si es que llegan vivos a ellas. A juzgar por el triste encontronazo que tuvieron esta semana Patricia Bullrich y Felipe Miguel (ladero del Jefe de Gobierno porteño) la interna de los “juntos” no parece sencilla de resolver, al menos no “tan juntos”.

Las elecciones del 23 se presentan como una batalla de muchos, al menos por ahora. Mientras que desde el oficialismo gobernante suenan (¿sueñan?) Manzur y Wado De Pedro; Alberto Fernández no se baja de su intención reeleccionista y Cristina Fernández amaga con la gran “Lula Da Silva”. Todo, ante la atenta mirada de Sergio Massa, el superministro que está obsesionado en quedar en la historia como el capitán que evitó el hundimiento del Titanic. Massa repite una y otra vez que no quiere ser candidato a presidente en 2023, mientras que recoge los mimos de la Embajada de los Estados Unidos…

En Juntos hay más candidatos que listas: Patricia Bullrich dijo “quiero”; Horacio Rodríguez Larreta viene queriendo hace tiempo, y se siente el candidato natural del PRO pos Macri; el jujeño Morales cree que llegó la hora para que el radicalismo cobre su aporte en la alianza y Facundo Manes recuerda que ya cumplió con la tarea (cuando lo mandaron a legislar antes de lanzarse a gobernar). Todo, ante la atenta mirada de padre de la criatura, Mauricio Macri, que no solo no se baja sino que da indicios de lo contrario. Los sugerentes títulos de sus libros: “(primer) segundo tiempo” y “para qué” hablan más de alguien que quiere revancha que del que quiere acompañar a sus “pollos/pollas”. Ah, me olvidaba de Lilita, que recluida en Capilla del Señor amenaza con volver al ruedo con su Coalición Cívica “si es que las propuestas de Juntos no nos representan”.

La situación económica, social y política de la Argentina de diciembre 2022 no es la panacea. Es más, muchos de los políticos antes nombrados señalan la inminente llegada del Apocalipsis (now). Sin embargo, todos quieren ser. Todos coinciden en el diagnóstico aunque difieren en los tratamientos, pero a la vez todos quieren competir y ganar para gobernar.

Nadie presenta equipos ni proyectos. Nadie dice verdades incomodas a futuro, solo son malas las actuales. Solo se trata de slogan y fotos. De encontrar la frase de mayor impacto, y la imagen que genere más likes y empatías.

Así las cosas, a la gente de a pie le sigue preocupando casi siempre lo mismo: su seguridad y la de su familia, que el sueldo rinda hasta fin de mes, que sus hijos tengan clase todos los días, y que el hospital tenga profesionales que cobren un sueldo digno e insumos para curar. Si después queda espacio para soñar, mejor. Si podemos proyectar vacaciones, mejor. Si podemos darnos algún gusto terrenal, mejor. La inmensa mayoría de todos nosotros no quiere, ni necesita, mucho más. Tal vez sería bueno que nuestros dirigentes lo entiendan y reconozcan, al menos como una movida para su conveniencia, que el mejor camino es estar del lado de la mayoría.

Buena semana.

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