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La casta por la ventana

Por Manuel Nieto (@NietoManuelOk)

Javier Milei viene teniendo suerte con sus opositores, al menos desde el punto de vista mediático, en el primer tramo de su mandato. Esta semana, por caso, tuvo la suerte de que el más indignado con su discurso ante el Foro Económico de Davos fue el dictador venezolano, Nicolás Maduro, quien consideró que el mensaje del presidente electo democráticamente fue una “vergüenza” y un “papelón” que “debería avergonzar a todo el pueblo argentino”. Las otras “caras nuevas” para enfrentar al gobierno libertario las aportaron Hugo y Pablo Moyano, que hicieron una reunión con más de mil delegados en Esteban Echeverría y buscan capitalizar el paro y movilización que la CGT realizará esta semana.

Estas apariciones se la dejan servida en bandeja a quienes trabajan en la comunicación del Presidente. Lo tienen que mostrar a él como el nuevo estadista disruptivo que habla en Davos y cosecha elogios de Elon Musk y Donald Trump y que del otro lado tiene a los Moyano y al dictador Maduro, cada uno, a su manera, símbolos de la decadencia contra la que la sociedad se expresó en las elecciones de 2023. “De un lado Moyano y Maduro; del otro, nosotros”.

Pero en vez de aprovechar esa oportunidad servida, el Presidente dedicó parte de su hiperactividad en las redes sociales a tratar de “mentirosa serial” a la periodista María O' Donnell por una información sobre un viaje en helicóptero que ella rectificó minutos después de haber dado al aire. Otro ataque contra un periodista que en realidad no es nada nuevo bajo el sol: Milei siendo Milei, lo que lo trajo hasta acá.

Con ese mismo espíritu dijo en Davos que “Occidente está en peligro”, amenazado por el socialismo del Siglo XXI. Milei repitió los conceptos con los que conquistó a su electorado en la Argentina: el Estado es el demonio, el mercado tiene que ser libre, las regulaciones que le ponen límites al capital solo generan pobreza.

En cuanto a los empresarios (tenía enfrente a algunos de los más importantes del mundo) no ahorró un solo elogio: “No se dejen amedrentar ni por la casta política ni por los parásitos que viven del Estado. No se entreguen a una clase política que lo único que quiere es perpetuarse en el poder y mantener sus privilegios. Ustedes son benefactores sociales. Ustedes son héroes. Ustedes son los creadores del periodo de prosperidad más extraordinario que jamás hayamos vivido. Que nadie les diga que su ambición es inmoral. Si ustedes ganan dinero es porque ofrecen un mejor producto a un mejor precio, contribuyendo de esa manera al bienestar general. No cedan al avance del Estado. El Estado no es la solución. El Estado es el problema mismo. Ustedes son los verdaderos protagonistas de esta historia, y sepan que a partir de hoy, cuentan con Argentina como un aliado incondicional”.

Mientras tanto, en el Congreso, hay negociaciones frenéticas en las que avanza el proyecto de la Ley Ómnibus. “La casta”, o mejor dicho los políticos profesionales con experiencia legislativa, están poniéndole límites a las iniciativas del Gobierno que tocaban el autoritarismo. La declaración de emergencia que delegaría facultades en el Poder Ejecutivo duraría solo un año, y no cuatro. No habría subas de retenciones a las economías regionales e YPF no podría ser privatizada. Queda en duda si los aumentos de las jubilaciones se definirán por decreto, como pretende Milei, o si se trabajará una fórmula que dé mayor previsibilidad a los beneficiarios.

Y mientras todos miran para otro lado, el embajador en Brasil, Daniel Scioli, que hasta hace unos meses quería ser candidato Presidente del Kirchnerismo y ahora se regocija de haberse sumado a “las fuerzas del cielo”, busca ser secretario de Turismo y Deportes de la Nación. Todo bajo el paraguas de su amigo Guillermo Francos, el ministro del Interior. La casta se mete por la ventana.

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