"No hay corazón en San Juan / que, por curtido que sea,/ no hayasentido la muerte/ de la difunta Correa".
Transcurría 1835 cuando un hombre joven, de apellido Bustos, fuereclutado forzosamente para engrosar las montoneras de Facundo Quiroga. Este joventenía una esposa y un hijo pequeño. Eran tiempos de Unitarios y Federales, deuna sangrienta guerra civil de años en donde un bando, representante de laaristocracia, intentaba imponer un solo gobierno en toda la nación, mientrasque el otro, integrado en su mayoría por campesinos, buscaba la creación de unsistema pluralista en donde cada provincia o estado tuviera un gobiernoautónomo que respondiera a otro, centralizado en una única capital federal.
Cuenta la leyenda que cuando Bustos fue llevado por las fuerzasmilitares, Deolinda, su esposa, angustiadapor su marido y a la vez huyendo de los acosos del comisario del pueblo,decidiera ir tras él. Se vistió con un vestido de color rojo, guardó en un baúlropas suyas y del bebé, vistió al pequeño y se fue caminando.
En el camino se encontró a un noble anciano que conocía la ruta queiba hacia La Rioja y éste le recomendó que fuera siempre al costado del caminode los algarrobos, porque siempre es más cómodo bordearlos que treparse enellos y más aun cargando un niño en brazos.
Tras caminar unos sesenta kilómetros por el desierto, la sed, el calory el cansancio hicieron que la joven ,hija de un hacendado de la zona de LaMajadita, hoy departamento 9 de Julio de la provincia de San Juan, cayerarendida la cima de un pequeño cerro. Unos arrieros que andaban por la zona,intrigados por los carroñeros, se acercaron a la víctima y descubrieron que subebé sobrevivió tomando el pecho. Los pastores decidieron entonces darle sepultura en la cuesta de la sierra Piede Palo, Vallecito.
Sin embargo, la verdadera leyenda se forjó cincuenta años despuéscuando el gaucho Don Pedro Flavio Zaballos, se encarga de llevar quinientascabezas de ganado hacia Chile. Se instala a pasar la noche en los parajescuando surge una tormenta que turba el ganado. Queriendo preservar su fama (debidoa que era un completo deshonor la pérdida del ganado) , escucha la historia quele cuenta otro gaucho sobre la Difunta Correa. Se dirige entonces a la tumba dela misma, y le promete que si encuentra a los animales, hará construir unacapilla con su nombre. El milagro ocurre, Don Pedro, entonces, realiza elsantuario en la misma tumba de la Difunta.
Desde ese entonces la historia se ha vuelto sumamente popular enArgentina, Chile y toda Sudamérica y desde fines del siglo XIX, losgauchos se dirigen a la capilla arealizar promesas a cambio de protección.
Su dura existencia y su muerte heroica -rápidamente considerada comoel signo de una disposición divina- dieron paso a la devoción popular.
Más de un siglo y medio después de las luchas que marcaron a fuego lavida de la nación entre 1820 y 1860, aquel episodio ocurrido en ese contextohistórico, lejos de esfumarse en el polvo del olvido aumenta la convicción dehecho real y concreta.
De Deolinda Correa se sabe todo y aunque jamás pudo comprobarse nadade lo que se dice que se sabe, su imagen tiene, como no podía ser de otraforma, la fuerza del viento y el misterio insondable de las noches. No es unmito, tampoco una leyenda.
Hay coincidencia casi absoluta entre los historiadores en que no haysuficientes elementos de prueba para demostrar la existencia de la misma. Niacta de nacimiento, ni partida de defunción, ni datos sobre su hijo. Perotampoco la niegan. Y no la niegan porque todo lo que la rodea es real: laguerra civil, el desierto, la ruta hacia los llanos riojanos y la calle DosAlamos, en donde se cree que la joven tenía su casa tenía su casa.
A lo largo del siglo XX, la capilla de la Difunta Correa ha tomadoimportancia aunque la iglesia no la haya reconocido. En Vallecito, en medio deun desierto de arena y piedra se encuentra su Santuario Principal a un costadode la Ruta Nacional N° 20, km 62 en el Departamento de Caucete, que une laciudad de San Juan y las provincias de La Rioja y Catamarca.
El Santuario posee, al pie de un cerrito, un total de 15 capillitas,desbordado de ofrendas. Todas fueron donadas por diferentes promesantes, cuyosnombres figuran en placas sobre las puertas de entrada. Supuestamente, una deellas, que contiene los restos de Deolinda Correa, tiene una gran escultura conla Difunta con el niño. En el resto de las Capillas existen igualmentereproducciones de esta imagen en cuadros, estatuillas o estampas, acompañadosen todos los casos con distintas imágenes de Vírgenes, crucifijos y santosoficiales.
En general en todas las Capillas hay innumerables objetos agolpados ymezclados: trenzas de cabellos, relojes y radios antiguas y modernas, cuadernosescolares, yesos, exvotos de metal que hacen referencias a órganos o partes delcuerpo humano collares, infinitas cartas, ropa del primer hijo, chupetes,anillos, vestidos de novias, muñequitos, bastones, autitos que representandiferentes marcas, camiones con leyendas y ómnibus con el nombre de la empresaetc. Objetos de valor afectivo o económico, desde muñequitos de peluche hastaautomóviles y joyas.
El 1 de noviembre de todos losaños, en la provincia de San Juan, durante dos días se realiza la festividad dela Difunta Correa cuyo propósito es agradecerle o pedirle algo a la santa. Unamuchedumbre peregrina año a año hasta el santuario de la Difunta Correa para pedir salud, amor, y larecuperación de objetos o animales extraviados.
Las capillas se han extendido por todo el país, desde Jujuy a Tierradel Fuego. Los arrieros primero, y posteriormente los camioneros, sonconsiderados los máximos difusores de la devoción hacia la Difunta Correa.Serían los responsables de haber llevado pequeños altares en rutas del país.Los altares presentan imágenes de la escultura de la muerta, en los cuales sedejan botellas de agua, con la supersticiosa creencia, por parte de losdevotos, de que supuestamente podrán calmar la sed de la muerta. La devociónpor Deolinda Correa se extendió al sur de Argentina producto de la oleada de familias del norteatraídas por el auge de la industria petrolera.
La Difunta correa, no es otra cosa, que un gran símbolo de amor. Por un lado, la esposa fiel que prefieremorir antes que perder a su esposo y la madre que aun muerta sigue alimentandoa su hijo. Pero también es amor, ladevoción que sienten por ella sus miles de fieles que le llevan ofrendas, quela visitan año a año, y la tienen tan presente. Siempre es lindo creer en las historias lindas, llenas de amor. Esta esuna de ellas.






