Semblanza

La democracia era un defecto: Arturo Illia

Década del '60, otros tiempos en Argentina; tiempos de inestabilidad institucional, de golpes y planteos militares, de civiles con muy poca convicción o convicción autoritaria. Tiempos difíciles para hombres dispuestos a defender a las mayorías, contra una combinación muy poderosa en la que estaba incluída la prensa gráfica.
miércoles, 13 de abril de 2016 · 13:14

"Esta es la hora de la gran revolución democrática, la única que el pueblo quiere y espera; pacífica sí, pero profunda, ética y vivificante, que al restaurar las fuerzas morales de la nacionalidad nos permita afrontar un destino promisorio con fe y esperanza.”

Arturo Umberto Illia, nació el 4 de agosto de 1900 en Pergamino, provincia de Buenos Aires. Su padre,Martín Illia (1861-1948), era oriundo de Samolaco, ValChiavenna, provincia de Sondrio, Lombardía y su madre, Emma Francesconi, de Gratacasolo, provincia de Brescia, Lombardía, Italia.

Cursó la escuela primaria hasta cuarto grado en la Escuela Provincial nº18 y quinto y sexto grados en la Escuela Normal Mixta de esa ciudad. Los estudios secundarios los realizó en Buenos Aires, en el Colegio Salesiano Pío IX, del barrio de Almagro, como pupilo.

Illia se afilió a la Unión Cívica Radical en 1918, fuertemente influido por la activa militancia radical de su padre y de su hermano Italo. Ese mismo año comenzó sus estudios universitarios en medio de la movilización juvenil que acompañaba la Reforma Universitaria. A partir de 1929, año en que se radicó en Cruz del Eje, inicia una intensa actividad política que alterna con su actividad profesional.

Luego del golpe de estado del 16 de septiembre de 1955 que derrocó al presidente Juan Domingo Perón se reinició un largo período de inestabilidad política en la Argentina. Los militares proscribieron al peronismo y sus simpatizantes recurrieron al voto en blanco para expresar su rechazo a las elecciones convocadas sin su participación.

Por otra parte la Unión Cívica Radical se dividió en dos, según la postura que cada sector asumía frente al peronismo, rechazando (radicales intransigentes) o aceptando (radicales del pueblo) su proscripción. En 1962, el presidente Arturo Frondizi, un radical intransigente, legalizó parcialmente al peronismo, que triunfó ampliamente en las elecciones para elegir gobernadores provinciales del 18 de marzo de 1962. Once días después Frondizi fue derrocado, detenido y apresado en laisla Martín García, durante la madrugada José María Guido fue nombrado presidente provisional, quien anuló las elecciones, volvió a proscribir al peronismo, disolvió el Congreso y convocó a nuevas elecciones limitadas y controladas por los militares. Illia había resultado electo gobernador de Córdoba en esas elecciones practicadas durante el gobierno de Frondizi, pero no llegó a asumir debido al golpe.

En ese momento, con el peronismo proscripto y Frondizi detenido ilegalmente, se realizaron las elecciones del 7 de julio de 1963 en las que Illia resultó el candidato más votado, con un 25 por ciento del total.

La fórmula Arturo Illia- Carlos H. Perette asumió el 12 de octubre de 1963. El nuevo gobierno resultaba muy poco representativo, sólo contaba con un tercio en el Congreso, y debía enfrentar las presiones que las distintas tendencias internas del radicalismo del Pueblo ejercían para lograr puestos claves en el gabinete.

El gobierno de Illia nació con una debilidad intrínseca: la abstención del peronismo constituía un serio escollo por el hecho de que los sindicatos se adherían a esa tendencia política. Otro elemento de debilidad era la falta de mayoría propia en la Cámara de Diputados. Por último, debía manejarse con un ejército cuyos jefes venían de derrocar al presidente Frondizi, de manipular a su sucesor Guido con el objetivo de proscribir al peronismo y de dividirse en dos líneas que llegaron al enfrentamiento armado entre septiembre de 1962 y abril del año siguiente.

Durante el gobierno de Illia, la porción destinada a educación y cultura fue la más alta de la historia argentina, con un 25 por ciento del presupuesto nacional. La suma invertida en construcción de establecimientos escolares se multiplicó por diez. En el sector de la educación primaria, se construyeron nuevos edificios escolares, la mayoría en el interior del país. Se instalaron 1500 comedores escolares y se les proveyó de guardapolvos, equipos de gimnasia a más de 50.000 chicos y útiles escolares a unos 500.000 niños. Sólo en Capital Federal y conurbano fueron puestos en funciones 12 centros médico-odontológico para controlar la salud de los escolares. La universidad tampoco escapó al cambio ya que su autonomía le permitió avanzar en un nivel de enseñanza que estaba siendo reconocido a nivel mundial, tal es así que de 1963 a 1966 se graduaron unos 40.000 alumnos en la Universidad de Buenos Aires, es decir la cifra más grande en toda la historia de esa alta casa de estudios.

Se llegó a establecer en la Antártida Argentina una biblioteca pública, avanzada cultural primera en su género y al inmediato servicio del personal científico y armado allí destacado.

Una de las promesas de Arturo Illia durante la campaña electoral de 1963 fue la de anular los contratos petroleros que había suscripto el ex presidente Arturo Frondizi con la Banca Loeb y con la firma Panamericana, las que en su momento solo invirtieron en conjunto 50 millones de dólares, en lugar de los mil millones anunciados. Los contratos poseían una cláusula conocida como "cláusula de la hipocresía”, la cuál disponía que las empresas extranjeras se quedaran con las riquezas de los pozos hasta su agotamiento.

Argentina pudo sobrevivir sin la ayuda de los empresarios petroleros del país del Norte. Y así lo corroboró años más tarde la Subsecretaría de Energía, cuyos datos ubicaron a la producción de petróleo en 15.613 millones de metros cúbicos en 1962, es decir en pleno a auge de los contratos, y en 16.655 millones de metros cúbicos en 1966, es decir en pleno auge de YPF.

Los rumores de posibles golpes de estado acosaron al gobierno radical durante toda su gestión. Las simpatías del vicepresidente Perette por los militares colorados no hacían más que complicar la situación, ya que el ascenso deJuan Carlos Onganíaa teniente general daba un resonante triunfo a los azules y desalentaba las intenciones de reincorporación de los colorados retirados.

Illia también chocó con organizaciones como la Sociedad Rural y la Unión Industrial que se habían unido en una asociación antiestatal llamada ACIEL (Acción Coordinada de las Institutos Empresarias Libres). Ambos atacaron persistentemente el déficit del Estado, la inclinación del gobierno por los controles de precios y de cambio, su proteccionismo a las empresas públicas como YPF y la decisión de mantener congelados los arrendamientos agrícolas impuestos bajo el gobierno de Ramírez en 1943.

La prensa nacional y extranjera colaboró en la campaña de desprestigio que se inició contra el presidente y los miembros de su gabinete acusados de lentitud e inactividad. Diarios como El Mundo y Crónica publicaban caricaturas en las que se veía a Illia representado como una tortuga. La CGT llevó a cabo el "operativo tortuga” que consistió en sembrar el centro de Buenos Aires con esos animalitos que llevaban pintadas en su caparazón las palabras "Illia o gobierno”.

Ni siquiera la promulgación de la Ley del Salario Mínimo, Vital y Móvil, las gestiones realizadas por el arzobispo de Buenos Aires, Cardenal Caggiano y la fijación de precios máximos para algunos artículos de primera necesidad hicieron retroceder a los sindicalistas. En algunos círculos gubernamentales prevaleció la idea de que la CGT había combinado su Plan con la organización de un golpe militar. Illia, sin embargo, se negó sistemáticamente a proclamar el estado de sitio.

El 27 de junio por la mañana el comandante en jefe, General Pistarini, se comunicó con el Gral. Alsogaray y con Onganía para anunciarles que había llegado el momento de llevar a cabo el Golpe de Estado. Esa noche varios objetivos importantes quedaron bajo control militar: el edificio de Correos, las Centrales Telefónicas, radios y canales de TV.

Alrededor de las 21 horas el presidente Illia, reunido con los comandantes en jefe de la Marina y de la Aeronáutica, ofreció su renuncia para evitar enfrentamientos. Hacia las 23 horas regresaron pero Illia había cambiado de opinión y no estaba dispuesto a renunciar. Los representantes de las Fuerzas Armadas lo conminaron a abandonar la Casa de Gobierno antes de las 5 de la mañana del día siguiente. A las 7.25 horas, ante la negativa de Illia de dejar la Casa Rosada, el Coronel Perlinger al frente de la guardia de infantería de la Policía Federal armada con lanza-gases desalojó el despacho presidencial.

El golpe fue bien recibido en los sectores y financieros liberales, el optimismo se reflejó en la Bolsa donde algunos papeles subieron hasta 70 puntos. Las entidades empresarias ACIEL, UIA, CGE y la Sociedad Rural manifestaron su entusiasmo y sus representantes asistieron al acto de asunción de Onganía.

Illia se retiró completamente de la función pública y regresó a Cruz del Eje, donde regresó al ejercicio de la medicina, y en sus últimos años de vida atendió una panadería. Falleció en aquella localidad en enero de 1983 y sus restos fueron velados en una sede radical en la ciudad de Córdoba y posteriormente en el Salón Azul del Congreso de la Nación.

Sus adeptos consideran a Illia un político ejemplar, por su honestidad y personalidad incorruptible. Tuvo una sola casa, sencilla y adusta, que fue el único bien inmueble con que se retiró como Presidente de la Nación, que le fue donada por suscripción pública, con ayuda y por voluntad de los vecinos de Cruz del Eje, además de ser el único presidente de Argentina que no aceptó la jubilación.

A pesar de pedir expresamente ser enterrado en Cruz del Eje, sus restos descansan en el Panteón a los caídos en la Revolución de 1890 (conocido popularmente como Panteón Radical), del Cementerio de la Recoleta, en la ciudad de Buenos Aires. En aquel mausoleo, además de Illia, descansan Leandro N. Alem, Hipólito Yrigoyen y Elpidio González, entre otros dirigentes de la Unión Cívica Radical.

Comentarios