Esteban Echeverría |

A 15 años del secuestro y muerte de Diego Peralta

El joven, oriundo de El Jagüel, fue secuestrado en julio del 2002. El caso conmovió a la región.

Diego tenía 17 años, era trabajador, responsable y muy querido en su barrio. Su asesinato conmovió al país y provocó un dolor irreparable en la familia Peralta.

El 5 de julio del 2002, el joven oriundo de El Jagüel, se tomó un remis para concurrir a su colegio. Pero nunca llegó. " A las 07:40 de la mañana, nos llamaron los secuestradores y me dijeron que lo habían raptado. Nunca en la vida me voy a olvidar ese momento" cuenta Emilse Silva, madre de Diego.

En medio del viaje, un auto se le cruzó y la banda capturó al chico al que se llevaron secuestrado hasta una casa de Plátanos, en Berazategui. Con el chico atado y drogado, los delincuentes pidieron 200.000 dólares de rescate,tenían un dato erróneo y creían que el padre del joven guardaba la plata en su casa.  La familia negoció un pago de 9.000 pesos y 2.000 dólares que su padre, Luis Peralta, arrojó cerca de la cancha de Claypole.

Sin embargo, el tiempo fue pasando y el chico nunca apareció vivo; recién el 12 de agosto de 2002 su cadáver fue encontrado en las aguas de una tosquera en Ezpeleta.

Según confesó más tarde Marcelo “Chelo” Cejas, uno de los condenados en el juicio anterior, a Peralta se le había caído la venda durante su cautiverio y creyendo que podía reconocerlos lo mataron.

"Nadie me devuelve la vida de mi hijo. En este nuevo aniversario, lo recuerdo, lo pienso, me falta un pedazo de mi piel. Trato de sobrellevarlo de la mejor manera, escribo mucho y busco encontrarle una respuesta a tanto dolor" explicó la madre, quien en ese entonces se convirtió en un emblema de lucha y valentía.

"Nos cagaron la vida, de a poco nos pudimos ir reconstruyendo pero creo que un momento fue tal el dolor, que solo me motivaba el deseo de meter presos a sus asesinos. Por suerte, lo conseguí" conluyó Emilse.

Los implicados Cejas, Julio César Rotella, David Chaca Pereyra, Rosa Pistillo (alias La Gorda Rosita) y Enrique Baty Báez fueron sentensiados a cadena perpetua, mientras que Lauro El Chino Shimabukuru fue condenado a diez años y a José Pablo García, a cinco.

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