En la Plaza 25 de Mayo, frente a la estación de trenes de Luis Guillón, crece un árbol poco común: la Espina de Bañado o tarumá. Su floración de racimos crema perfumados y sus frutos rojos en otoño llaman la atención de los vecinos que se detienen a observarlo, aunque muchos pasan apurados hacia el andén y se pierden de contemplarlo.
El árbol "Espina de Bañado" florece en pocos lugares de la región y está en Luis Guillón: una historia literaria
Un ejemplar de la rara especie autóctona fue plantado por un ingeniero de la zona junto a la estación de Luis Guillón. Su origen remite a la obra de Hudson.
“El árbol es autóctono del norte bonaerense y de la región subtropical, también presente en Paraguay y Brasil”, explicó Alberto De Magistris, ingeniero agrónomo y profesor de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora (UNLZ). “Tiene un crecimiento rápido y estamos probando su uso en plazas y veredas”, agregó.
El ejemplar que hoy florece en Guillón tiene una historia que lo une a la literatura argentina. Según contó De Magistris, “es un retoño del árbol mencionado por Guillermo Enrique Hudson en su novela autobiográfica Allá lejos y hace tiempo (1918)”.
Un ejemplar del árbol espina de bañado o tarumá.
En esa obra, Hudson recuerda su infancia en la estancia Los 25 Ombúes, en Florencio Varela, donde describe un árbol particular bajo cuya sombra jugaba. “En el libro no nombra la especie, pero luego se dedujo que era este mismo árbol, que todavía vive en el casco de la estancia, hoy convertida en museo y reserva natural”, detalló el ingeniero.
El ejemplar de Guillón fue plantado en 2018 por iniciativa de la Asociación Preservando el Patrimonio Echeverriano, que donó la planta y propuso colocar una placa conmemorativa. “El municipio aceptó y hoy el árbol crece con buena salud, visitado por polinizadores y con su placa que recuerda su historia”, destacó De Magistris.
La placa de la especie plantada en Luis Guillón.
Cabe destacar que en el predio de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Lomas también se pueden encontrar otros dos ejemplares del tarumá. Uno de ellos fue plantado un año antes que el de Luis Guillón, y otro en 2014. El primer de ellos, a pesar de no ser muy antiguo, creció considerablemente. Según De Magistris, esto se debe a que las condiciones son muy distintas a la de la estación de Guillón, lo que permite que el árbol se expanda sin complicaciones.
Un árbol que sobrevive en pocos lugares
La Espina de Bañado es una especie escasa en la región. Además del ejemplar de Guillón, hay otro antiguo en Santa Catalina, dentro del predio histórico, y varios más plantados por la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNLZ.
“Quedan muy pocos en la naturaleza”, advirtió De Magistris. “Es un árbol digno de ser plantado: su madera tiene resonancia, apta para instrumentos musicales, y puede prestar servicios dentro del ecosistema urbano”.
El especialista invitó a los vecinos a detenerse un momento junto a la estación y leer la placa del árbol: “Normalmente pasamos rápido para alcanzar el tren, pero vale la pena mirar este ejemplar que guarda parte de nuestra historia”.
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