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Un joven de El Jagüel creó un arte marcial argentino que fusiona combate y cultura nacional

Con solo 18 años, Mauricio Scorta desarrolló Q’illay-Ñam, un sistema que combina artes marciales con raíces autóctonas en El Jagüel.

En El Jagüel, un joven vecino decidió mirar hacia adentro para crear algo nuevo. A los 18 años, Mauricio Scorta lanzó Q’illay-Ñam, un arte marcial que fusiona técnicas tradicionales de combate con elementos autóctonos argentinos y una fuerte impronta cultural. La propuesta busca que quienes practican artes marciales no tengan que remitirse únicamente a modelos extranjeros, sino que encuentren una disciplina con identidad propia.

Scorta practica artes marciales desde los 6 años y, a lo largo de 12 años de entrenamiento, incorporó conocimientos de karate, taekwondo, kung fu, judo y esgrima criolla. Ese recorrido fue la base para desarrollar un sistema que combina el combate sin armas —puño limpio y lucha cuerpo a cuerpo— con el uso de armas tradicionales, como el facón, el rebenque y las boleadoras, propias de la esgrima criolla.

“El objetivo es revalorizar la historia y la cultura nacional argentina, para que la gente se sienta identificada y no tenga que buscar algo extranjero”, explicó el joven creador. En Q’illay-Ñam, el combate con armas se apoya especialmente en la esgrima criolla, mientras que las técnicas sin armas retoman principios de las disciplinas orientales que Scorta entrenó durante años.

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La propuesta no se limita al aspecto físico. Como ocurre en otras artes marciales, el sistema incorpora una dimensión filosófica y formativa. Esa idea también está presente en el nombre elegido, que proviene del quechua: Q’illay, asociado a la plata —en referencia al origen del nombre Argentina— y Ñam, que significa camino o sendero.

Para difundir este nuevo arte marcial, Scorta apuesta a Instagram y a la producción de contenidos propios. Planea grabar videos explicativos, abrir un canal de YouTube y publicar libros en los que desarrolla los fundamentos técnicos y conceptuales del sistema. La idea es que el público pueda conocer en profundidad la disciplina y acercarse sin barreras.

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Además, el joven manifiesta su intención de enseñar Q’illay-Ñam a personas de todas las edades. “Es para todos: adultos, adultos mayores, jóvenes y menores”, aseguró. Según contó, ya conversó con profesores de artes marciales, quienes le dieron su anuencia para la creación de la nueva disciplina. “Me dijeron que hay espacio para todo”, relató.

El interés por crear un arte marcial nacional surgió, según explicó, al observar cómo otros países cuentan con disciplinas propias fuertemente asociadas a su identidad cultural. Frente a ese panorama, Scorta se propuso desarrollar un sistema que combine pueblos originarios, tradición criolla y cultura argentina contemporánea.

Desde El Jagüel, Q’illay-Ñam empieza a dar sus primeros pasos como una propuesta que une combate, historia e identidad. El proyecto, todavía en etapa inicial, busca abrirse camino y sumar interesados en entrenar el cuerpo sin dejar de lado las raíces culturales.

Un camino con identidad argentina

Q’illay-Ñam no es solo un método de combate. Su creador lo concibe como un sistema integral que recupera elementos de la cultura nacional. La incorporación de la esgrima criolla, el uso del facón y la terminología inspirada en lenguas originarias apuntan a reforzar una identidad propia.

El nombre, tomado del quechua, combina la idea de “plata” —en alusión al origen etimológico de Argentina— con el concepto de camino o disciplina. Esa elección busca expresar que el arte marcial no es solo técnica, sino también un recorrido personal y cultural, anclado en la historia del país.

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