El ajedrez es una disciplina que crece cada vez más. El interés se mueve a la velocidad que lo hacen las piezas en el tablero de la mano de los grandes referentes. Y en la zona sur también hay, que resaltan la importancia de la especialidad para sumar a chicos que se asoman al mundo del denominado juego-ciencia y se transforman en figuras indiscutidas. Así pasa actualmente con Faustino Oro, que comenzó una carrera meteórica al estrellato que le permite a muchos otros, casi de la misma edad que él, para inmiscuirse en ese espacio tan particular como atractivo.
Furor por los torneos de ajedrez en la zona sur: "Es desconectarse del mundo por un rato"
El próximo domingo el Club Atlético Monte Grande será sede de un torneo de ajedrez que suma adeptos. Matías Cabral, profesor, explica el furor.
En ese sentido, son cada vez más los torneos que evidencian el furor de este deporte por parte tanto de niños como de grandes que dan sus primeros pasos. Por caso, el domingo el Club Atlético Monte Grande será escenario de una competencia en la que se prevé la participación de un gran caudal de jóvenes que certifican la importancia que se le da a esto que hasta hace un tiempo parecía dedicado exclusivamente a un público específico.
Se trata de una etapa de ajedrez escolar, con categoría Primaria y Secundaria, y también habrá un bloque para los chicos que ya son federados. Será desde las 11 y es con entrada libre para todos los chicos que quieran participar y se pueden anotar hasta 10 minutos antes en las instalaciones del club.
Quien lo manifiesta con claridad es Matías Cabral, profesor de esa entidad desde hace casi una década y que ya lleva más de dos desde que recaló en la institución como estudiante post participación en los Juegos Bonaerenses.
Sobre su interés por el ajedrez, lo indicó así: "Yo empiezo a los 5 o 6 años. Los Fines de semana terminamos de comer, salía el tablero y mi viejo jugaba con mis tíos. Tengo también tres hermanos, todos juegan ajedrez y era como bastante normal tenerlo presente. Pero lo me pasó de chico es que no encontrábamos club dónde jugar, no tenía en el colegio, obviamente, nadie sabía bien qué era el ajedrez. Pero llegó la posibilidad cuando ya tenía 12 años, en los Bonaerenses". Ese eslabón bajo la estructura provincial la estipuló como un momento clave para destacar una vinculación con cierta profesionalidad en torno a la disciplina. ·"En ese torneo me encontré con mucha gente que ya jugaba y me dijeron que es impresionante el talento innato porque no tuve nunca una clase, sólo con lo que me explicaban mis familiares, y me defendía", aclaró.
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Clases en la zona sur
Así es como optó por empezar a tomar clases, y en el recorrido se topó con el Club Atlético Monte Grande. "El primer año ya clasifico a una final de campeonato argentino. Y en esa final se abrió un nuevo mundo, donde empiezo a buscar cada vez más contenido, y me fui formando cada vez más dentro de lo que era el ajedrez. Por eso, a los 18 se me presentó la chance de dar clases y arrancó mi camino", detalló, sobre un vínculo que va creciendo en la institución de Esteban Echeverría.
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Esa actividad fue consolidándose y tuvo su explosión tras la pandemia de Covid, cuando, aquello que Matías hacía profesionalmente, como licenciado en Publicidad, pasó a ser el pasatiempo de aquello a lo que se termina dedicando, las clases de ajedrez. "Estar encerrado me hizo volver a estudiar ajedrez, a jugar ajedrez, a dar clases virtuales. Esto que se abrió la parte virtual, me abrió un nuevo mundo, y yo dije, 'no, bueno, realmente es lo que quiero hacer'. Al principio yo lo veía más como un sueño, porque no puede ser que haga lo que amo y la gente disfrute de mis clases y disfrute y me pague por eso. Pero después empecé a encontrar diferentes maneras de llegar a eso, se abre mucho la posibilidad y hoy lo disfruto", aclaró.
Ese plano virtual, que se potenció con la pandemia, el profesor lo resalta como un pilar importante que le dio a muchos chicos unas herramientas fundamentales. De hecho, ejemplificó con el propio Oro, que hasta antes de ese momento no sabía mover siquiera las piezas y fue potenciándose mientras aprendía por Internet.
Aprendizaje diferente
Sin embargo, sabedor del contexto, Matías deja en claro que hay distancia entre una manera de aprender y la otra, la tradicional, en talleres. "Una cosa es tocar la pieza, tener a tu rival en frente, mirarlo. O sea, yo estoy jugando una partida con vos, te estoy mirando a los ojos y sé lo que te preocupa. Sé a dónde está tu preocupación o tu enfoque en el tablero. Eso en la virtual no lo tenés. Lo que sí tiene lo virtual es que no importa si estás a las 8 de la mañana y tenés 20 minutos o si es a las 7 de la tarde y tenés media hora para jugar unas partidas, podés".
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Y para un profesor como él hay un desafío por delante para dar clases a aquellos que están acostumbrados a uno u otro formato. "Una cosa son las clases con personas que juegan ajedrez hace más de 40 años y lo juegan de una manera que no está familiarizado con la virtualidad. O sea, es más de lo que estoy mirando, de lo que está ahí en el tablero y no me pidas ejercicios distintos. Ahora, yo lo agarro a un chico con clases virtuales a veces y es buenísima la clase porque de repente en el tablero que tenemos en la pantalla empiezan a cruzarse un montón de flechas. Yo le digo 'vos lo que tenés que mirar es todo esto'. Y ahí el chico empieza y se familiariza con esa forma de mirar que para una persona grande mostrarle eso es más complicado. La realidad es que se aprende distinto", destacó.
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En las escuelas
Dado ese contexto, el vecino de Ezeiza puso el foco en su labor por fuera del Club Atlético Monte Grande, siendo maestro en tres escuelas de Echeverría. Sobre ese aprendizaje en el colegio, detalló: "Con el ajedrez escolar no estoy buscando un Faustino Oro, sino que intento que el chico que viene con 10 mil revoluciones de la casa o el recreo, de repente llege a mi clase y estemos todos en silencio mirando un tablero que a veces no tiene piezas. Y yo lo que le digo a esos chicos es, 'bueno, usemos la imaginación; en este casillero hay un caballo, en este otro lado hay un rey; fíjense cuántas posibilidades de movimiento tienen para con este caballo llegar hasta el rey'. Y a veces me ha pasado que viene la directora al aula y están los chicos mirando un tablero vacío y pensando jugadas. Ahí yo me siento que lo logré, hice que este chico se desconecte de su mundo un rato".
Acá pone el puntal en la concentración en un mundo complejísimo y aturdidor. "Está comprobado que las personas que juegan ajedrez a un nivel de entrenamiento de este tipo son menos propensas a enfermedades mentales. Previene mucho en la tercera edad, porque justamente lo que empezás a hacer es una parte, es lo que estás mirando en el tablero y todo lo demás pasa en tu mente. Esto se aplica mucho a una regla que los chicos repiten mucho en los torneos escolares, que es pieza tocada, pieza movida. Entonces vos cuando ya tocaste una pieza es que la decisión del movimiento ya la hiciste, entonces para poder lograr eso lo tenés que ver antes y para verlo antes lo tenés que ver sin tocar la pieza. Entonces el ejercicio que yo les hago mentalmente es 'no tenemos pieza, pensá en los movimientos mentales y hacelos mentalmente; hacé lo que vos quieras en el tablero, armalo, armalo; hacé lo que vos quieras en tu mente, pero ese ejercicio de trabajar la mente te obliga a estar concentrado", explicó.
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Esa concentración que expone como elemento fundamental es la que va a estar en consideración en una competencia en la región que gana cada vez más adeptos con la ilusión de seguir haciendo brillar a los jóvenes de la mano del juego-ciencia.

