El pediatra que Echeverría va a extrañar
Oscar Coki Fajardo murió el domingo por la madrugada en medio de los festejos de un casamiento. Su partida conmocionó y entristeció a la ciudad. Familia y amigos lo recuerdan como un hombre ejemplar.
Quienes lo conocieron afirmaban que era un hombre que irradiaba luz. Generoso como pocos, solía estar de buen humor y contagiaba a todos los que estaban cerca de él. Entregó su vida a la pediatría, forjó relaciones duraderas y supo ser el médico de varias generaciones de echeverrianos. El domingo pasado, la ciudad se vistió de luto, Oscar "Coki Fajardo había fallecido.
"Estábamos en Devoto, en un casamiento. Una de las empleadas del centro pediátrico se casaba y nos había invitado. La pasamos hermoso y en el medio de la fiesta, se descompensó. Lo asistieron enseguida pero no había caso, no reaccionaba cuenta Claudia, su esposa, su gran compañera, su sostén.
Estuvieron casados más de cuatro décadas, se conocieron cuando ella tenía 15 años y él 22. Fue amor a primera vista, desde ese momento nunca más se separaron y empezaron a construir una hermosa historia de compañerismo y entendimiento. "Estuvimos siete años de novios, y después vinieron nuestros hijos. Tuvimos cinco, la primera, Analía, falleció de un problema cardíaco. Después vinieron los otros cuatro, Marianela, María Andrea, Joaquín y Germán.
Oscar Ernesto Alberto, siempre tuvo pasión por la medicina. Por tal motivo, decidió seguir esa carrera para luego dedicarse de lleno a la pediatría. Se recibió en el año 1975 y durante cuatro años realizó su residencia en el Gandulfo de Lomas de Zamora. Tenía la posibilidad de irse y formar su camino pero él decidió seguir trabajando en ese hospital ad honorem.
Poco tiempo después, se decidió a atender en Monte Grande y hacerse de sus primeros pacientes. "Tenía un filling especial con los chicos, y era mutuo porque los chicos lo adoraban. Le interesaba mucho que los chicos crezcan sanos, que se desarrollen debidamente, que hagan deportes. Por eso mismo, a muchos de los nenes que venían a hacerse atender, él los llevaba al Monte Grande Rugby Club para que se prueben y empiecen a jugar.
Esa institución, ubicada sobre Pedro Dreyer, era su otro gran amor (además de Boca Juniors). Jugó mucho tiempo y tal vez por esa razón, sus hijos heredaron esa pasión mientras que las chicas hicieron camino por el hockey.
Su primer consultorio estuvo en la calle Ameghino 20 y se instaló junto a un odontólogo. Con mucho esfuerzo y sacrificio logró trasladarse hacia Rojas 110 con la doctora Friedrichs. "Tiempo después armó un consultorio pediátrico en Alvear y Alem hasta que en el 2004 se mudó a Rivadavia 148 explica la viuda del médico.
En todos esos años, supo ganarse el amor y el cariño de padres e hijos. Su carisma y sus conocimientos lo llevaron a convertirse en uno de los médicos más destacados de la ciudad.
El 1° de octubre de este año, Fajardo había cumplido 68 años. Hace algún tiempo debió operarse del corazón por una válvula que le estaba trayendo problemas. Los afrontó y salió adelante con el apoyo de su familia. Su partida se dio de forma impensada, casi de sorpresa.
Dicen que para ser un buen profesional, primero hay que ser buena persona. Coki, lo era. Con él se fueron anécdotas, historias y recuerdos de cientos de vecinos. Sus colegas lo añoran, sus amigos lo extrañan. Su familia, por su parte, siente su ausencia y es imposible que no broten las lágrimas al hablar de él pero aún así saben que se disfrutaron y que dejó en ellos enseñanzas inmejorables y el amor de toda una ciudad.

