Esteban Echeverría

“Esta es una empresa hecha a base de esfuerzo, sacrificio y trabajo”

Norberto Osvaldo Canegallo es el presidente de la empresa de Monte Grande, la cual le da trabajo a casi quinientos empleados. Comenzó a los 23 años en el rubro y hoy trabaja junto a su familia. “Todos los días estoy en mi puesto de trabajo, es mi vida entera” confiesa.
martes, 20 de diciembre de 2016 · 09:57

Cientos de vecinos utilizan, todos los días, el servicio que brindan las unidades 501,394 y 245.  Pero detrás de esos colectivos que los llevan a sus trabajos, a sus casas, a sus colegios se esconde una historia de trabajo y dedicación.

 

Norberto Osvaldo Canegallo tiene ahora 75 años pero comenzó desde muy joven en el rubro. Pocos conocen que la empresa, tal como se la conoce, comenzó en el año ´52, fundada por el vecino echeverriano Manuel Méndez. "La primera concesión llegaría hacia el ´58, yo era un pibe que trabajaba en el taller. En ese momento comenzó esta historia”, relató.

 

Las cosas cambiaron su curso cuando, seis años después, Méndez decidió dar un paso al costado de la empresa y dividió lo suyo entre los choferes que trabajaban en aquel entonces. Entre ellos estaba Canegallo debido a que hacía varios años se encontraba trabajando en el lugar. "Manuel se había cansado, no era fácil en ese momento ser colectivero. Si bien ahora también implica sus complicaciones, no son comparables a las que se vivían en esa época”

 

Osvaldo es nacido en Azul pero vino a Echeverría de muy pequeño debido a que su padre trabajó en la construcción del Aeropuerto de Ezeiza. Monte Grande según afirma es "su lugar en el mundo”. Desde muy joven comenzó a trabajar, con tan solo 12 años como era cadete y a los 16 ya trabajaba en la fábrica textil Amat. Años después se incorporó a la empresa de colectivos. Desde siempre, la cultura del trabajo estuvo presente en su vida.

 

Recuerda muy bien los momentos en los que este emprendimiento comenzaba a tomar forma. "Fuimos creciendo y avanzando a medida que fue creciendo Echeverría. Donde se ponía una casa, nosotros hacíamos llegar a una unidad. Dónde se extendía el asfalto, nosotros apostábamos a acceder. Seguimos con ese enfoque, constantemente nos estamos modernizando y realizando inversiones  porque queremos el mejor servicio para la gente. Es un trabajo que requiere una supervisión constante y es por eso que todos los días vengo a mi puesto de trabajo, no me tomo descansos”.

 

Al recordar aquellos años en los que recién comenzaba juntos a sus compañeros a formar lo que ahora se conoce como "Empresa Monte Grande”, Canegallo afirma que tuvo que privarse de muchos gustos por lograr lo que hoy tantas satisfacciones le da. "No conozco lo que es ir a bailar, lo que es salir a tomar algo. Empecé de muy chico y siempre tuve la cabeza puesta en los colectivos, en hacer crecer este lugar. Le dediqué mi vida entera y aunque a veces me de añoranza de aquellos momentos que perdí, no me arrepiento de nada y lo volvería a hacer”.

 

Las líneas 501, 245 y 394 recorren cada zona de Esteban Echeverría. La empresa le da trabajo a casi quinientos empleados, y es el sustento de muchas familias del distrito. "El 90 por ciento son residentes del municipio. Por cada colectivo que sale a las calles, hay tres empleados atrás que hicieron posible que salga a la calle. Es un trabajo en equipo, que requiere dirección y mucha atención. Nuestros trabajadores son nuestro principal capital y así buscamos hacerlos sentir”.

 

Osvaldo creció a la par de la empresa. Se casó y tuvo tres hijas, dos de ellas ahora están a su lado y lo ayudan en cada paso que da. Además también se apoya en los miembros del directorio. "En un principio éramos dieciocho socios, pero con el paso del tiempo algunos fallecieron y fueron reemplazados por sus hijos. Ese número ahora ascendió a veintiséis”

 

Por último, Canegallo resalta que este lugar representa su vida entera y que no se arrepiente de eso. "Pude haber hecho las cosas bien, mal, regular pero fue mi vida y lo volvería a hacer. Acerté en muchas cosas y en otras tantas me equivoqué, me caí y me volví a levantar. Si en este momento se cayeran las paredes de este lugar, se iría mi vida. Pero estoy orgulloso de lo que logré construir y cada vez que veo un colectivo circular por las calles de Echeverría, me siento feliz”.

 

 

 

 

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