El Diario Sur: ¿Cómo comienza la historia de la familia Prieto dentro de la medicina? ¿De dónde proviene esa chispa inicial dentro de la profesión?
Esteban Echeverría |
Omar Prieto e hijo: una familia al cuidado del corazón
Los doctores Omar Prieto, padre e hijo, son cardiólogos oriundos de Monte Grande, lugar en el que hace décadas atienden a generaciones de echeverrianos. Conversamos con ambos respecto del avance de la medicina, y sobre el rol que ocupa el médico dentro de una comunidad.
26 de septiembre de 2016 - 13:11
O. Prieto: Bueno, yo me recibí de médico hace ya casi cuarenta años, en la Universidad de Buenos Aires. Hice mi etapa de formación prehospitalaria en el Hospital Fiorito, y después mi residencia de cuatro años en el Instituto Médico Antártida. Posteriormente, hice durante dos años el curso de cardiólogo universitario en la cátedra de Cardiología del Hospital de Clínicas, a cargo del Dr. Albino Perosio.
Ya cómo cardiólogo, trabajé en el Hospital Santamarina de Monte Grande, y ocupé el cargo de subsecretario de Salud Pública en el Municipio. Después de esa experiencia, comencé mi práctica privada aquí mismo, en nuestro consultorio de la calle Las Heras 282, en el centro de la ciudad.
O. Prieto (h): Yo creo que mi profesión la fui descubriendo durante toda mi vida. Vivir en un ambiente médico hace que uno se nutra de esta pasión, y más viendo la pasión que le ponía mi papá a la carrera. Eso fue sin duda el primer incentivo, pero en el fondo siempre existe algo dentro de uno que lo inquieta, que lo lleva a elegir la medicina y que lo motiva a seguir adelante.
El Diario Sur: ¿Sentiste alguna presión para dedicarte a la medicina? ¿Alguna suerte de mandato familiar?
O. Prieto (h): No, en absoluto. No hay ninguna posibilidad hacer esto bajo presión, y es imposible dedicarse a esto si la motivación no proviene de uno mismo. De mi padre tomé la motivación, la primera inquietud; que vino de parte de él pero también de parte de todos sus pacientes, al ver la gratitud y el reconocimiento que expresaban por mi papá cuando él fue capaz de solucionarles problemas que eran muy difíciles de solucionar. Me hizo darme cuenta la enorme responsabilidad que conlleva nuestro trabajo.
El Diario Sur: El mismo ejemplo te llevó a que dentro de la medicina, elijas especializarte también en cardiología
O. Prieto (h): Si, cuando uno se mete en medicina, empieza a darse cuenta de que la música suena más parecido a lo que uno quisiera escuchar dentro de un área particular, que en mi caso fue también la cardiología. Para mí me resultó siempre una música y un lenguaje muy familiar, entonces uno se tienta a seguir aprendiendo y a seguir investigando dentro de ese lenguaje.
De cualquier manera, aunque los dos somos cardiólogos, nos dedicamos a cosas muy diferentes.
El Diario Sur: ¿Qué diferencias encuentran, en cuanto a la formación académica y la práctica diaria de la medicina, entre ambas generaciones?
O. Prieto: Para mí, dentro del área académica, lo más llamativo fue la aparición de los métodos diagnósticos. La ecocardiografía, la tomografía computada, la resonancia magnética, y todo lo que está asociado al diagnóstico por imágenes. Esa es un área que ha experimentado un avance rotundo en los últimos veinte años.
Por otro lado, también la aparición de medicamentos nuevos ha cambiado mucho la práctica de la medicina. Nuevos medicamentos para la hipertensión arterial y para el colesterol que han alargado la sobrevida, trayendo muchas soluciones y también nuevos desafíos.
Pero desde ya, el cambio más importante creo que ha sido el cambio de enfoque respecto a las enfermedades cardiovasculares, donde ya tenemos muy claro que es mejor prevenirlas que tratarlas una vez que ya están instaladas. La gente misma ha tomado conciencia de la importancia de la prevención y del control de los factores de riesgo, lo que hace que nuestro rol como médicos sea muy distinto al que teníamos veinte o treinta años atrás.
Seguimos siendo médicos de pueblo, y estamos muy orgullosos de ello. Y sumamos la experiencia de aquellos grandes médicos de la zona, algunos que ya no están, y también de las nuevas generaciones que todos los días nos aportan cosas nuevas. En mi caso lo siento todo muy de cerca en mis hijos: además de Omar, mi hija y mi otro hijo también son médicos y lo que ellos me aportan se acopla con lo que yo puedo aportarle a ellos. Profesionalmente, Omar es el que ha estado más cerca ya que desde el día en el que se recibió hasta el día de hoy siempre trabajó conmigo, y eligió la cardiología cómo área de especialidad.
O. Prieto (h): En el campo de la medicina, a nivel de formación, hubo sin duda un cambio muy importante que vino de la mano del avance de los medios de comunicación. La tecnología multimedia hoy permite un acceso a la información científica muy sencillo e inmediato.
Los métodos complementarios de diagnóstico creo que sumaron mucho a la práctica, luego llegaron a un tope, y hoy estamos en una etapa donde se está reviendo el rol que deben ocupar. Tenemos mucha tecnología, tenemos muchos avances, pero también tenemos que cuidarnos de no perder algo que nosotros siempre pregonamos desde nuestra actividad, que es la relación médico paciente.
Hoy los médicos tenemos a disposición muchísimos métodos complementarios, pero no siempre tenemos la formación necesaria para manejarlos. Y también perdimos un poco la capacidad de escuchar al paciente, de acompañarlo, de entender que el médico ocupa un rol dentro de la familia. Eso es algo con lo que mi padre se formó y que nosotros como generación necesitamos reverlo. Mirar hacia atrás, hacia esa medicina tradicional, no le hace mal a nadie.
El Diario Sur: ¿Crees que algo de eso influenció la decisión de seguir trabajando aquí, en Monte Grande?
O. Prieto (h): Yo tuve la posibilidad de formarme en Capital Federal y también en el exterior, pero elegí establecer mi práctica acá en Monte Grande. Uno a los sentimientos no los puede racionalizar. Elegí este lugar porque es donde me siento reflejado; toda mi crianza estuvo acá, en este pueblo.
Y creo que también dentro del pueblo, dentro de las familias, el médico ocupa un lugar muy significativo. Quizás mi papá al ser protagonista no se da cuenta, pero yo lo veo cuando me toca atender a los hijos de quienes fueron pacientes de él, que me cuentan las historias de cuando mi papá fue a su casa a verlos cuando su padre se descompuso. Y hoy yo estoy viendo al hijo o al nieto de esa persona que mi papá atendió.
El Diario Sur: Imagino que no debe ser lo mismo preguntarle a un paciente respecto a sus antecedentes familiares, que haber tenido también como pacientes a sus padres
O. Prieto (h): Absolutamente. Yo me acuerdo cuando era chico, de ir a hacer las recorridas por las casas de los pacientes junto a mi papá, y en ese momento las historias clínicas eran las casas mismas. Él se acordaba que tenía cada paciente o que medicación tomaba, y sin necesidad de una computadora o de un relevamiento estadístico, él sabía que en ciertas zonas había por ejemplo más población de ascendencia italiana, o más hipertensos, y contar con esa información de primera mano es importantísimo para el trabajo del médico. Y también para el paciente es muy importante saber que su médico se ocupa de él con ese nivel de conocimiento y de atención.
El Diario Sur: Tomando en cuenta los avances tecnológicos y este enfoque en la prevención que mencionaron anteriormente. ¿Cuál sienten que es hoy el principal desafío de la cardiología?
O. Prieto (h): Creo que el acompañamiento hoy es una parte muy importante de nuestro trabajo. Los múltiples factores de riesgo que se le presentaron en los últimos años a la cardiología, fueron derrotados o están siendo derrotados, gracias a estrategias farmacológicas y estrategias diagnósticas que nos permiten intervenir sobre la gran mayoría de los factores de riesgo convencionales.
Sin embargo, en el último congreso de la American Heart Asociation, se mencionó que la medicina está perdiendo el eje en algunos aspectos que son muy importantes. Está demostrado que la gran mayoría de las enfermedades cardiovasculares y la gran mayoría de las toxicidades de las que sufre el aparato cardiovascular están denotadas por el stress. La situación de stress global que se vive hace que la probabilidad de enfermedades cardiovasculares sea más alta todos los días.
Inclusive nosotros mismos, los médicos, generamos stress cuando damos diagnósticos apresurados, o cuando indicamos estudios que algunas veces son innecesarios y que son una forma de tercerizar nuestro trabajo. Cuantos más tercerizamos nuestro trabajo, menos aplicamos nuestras manos sobre el paciente, que muchas veces es lo que el paciente necesita sentir.
Respecto a este enfoque sobre el stress y los factores de riesgo cardiovasculares está claro que los médicos tenemos que actualizarnos y que perfeccionarnos. Hay muchísimos trabajos publicados que dan aval científico a algunas de las cosas que llamamos medicina alternativa, como el tai chi o el yoga, y que demuestran lo significativo del manejo del stress y de los factores de riesgo en la sobrevida de los pacientes con enfermedad cardiovascular. Pero a veces nuestra cabeza y nuestro pensamiento es lo más difícil de modificar.

