Esteban Echeverría |

Echeverría tiene su primera casa de abrigo

Hace dos semanas, Carlos Alonso y Graciela Andreu, la primera fundación que aloja a chicos que sufren de violencia familiar.

El 21 de agosto, “Fundabrigo” abrió sus puertas a la comunidad y comenzó con las actividades en la casa que se ubica sobre la calle Alem al 1200. Hasta el momento hay cinco chicos alojados en sus instalaciones pero tiene una capacidad para otros quince más. 

Los chicos que llegan a la institución lo hacen luego de haber atravesado diversas situaciones como de violencia, abuso o maltrato. Entonces, este centro se encarga de proteger, contener y cuidar a los niños ante la vulneración de sus derechos.

La medida del abrigo tiene un objetivo claro, como lo es brindarle al niño un ámbito alternativo al grupo de convivencia. Mientras tanto la justicia se encarga de evaluar la implementación de otras medidas tendientes a preservarlo o restituirlo.

La Casa cuenta con dos plantas, living comedor, patio, un quincho, habitaciones y lavadero. Todo está minuciosamente decorado para que se sientan como en casa, para que estén cómodos y sientan realmente que ese es hogar.

Peluches, cortinas coloridas y pinturas por donde se mire, Carlos y Graciela se encargaron de hacerlo ver así. Este matrimonio es el encargado de llevar adelante este trabajo y soñaron con que algún día iban a tener su propio espacio, donde los chicos, se sintieran queridos y acompañados. “Mucha gente nos dice que es una patriada, a nosotros nos hace felices haber realizado este trabajo. Es indescriptible ver a los nenes contentos, sintiéndose a salvo”, explicó Graciela. Ella es quien pasa más tiempo con residentes y se encarga de acompañarlos a todas las actividades que realizan como natación, peluquería e incluso los encuentros de boys scouts.

“Buscamos que tengan momentos lúdicos, de distención, que puedan realizar todas esas actividades que hasta este entonces se les vieron negadas.  Todos fueron escolarizados y por fuera, se encuentran estas clases extracurriculares”.

Fundabrigo precisa de voluntarios, gente que quiera dedicarle una hora de su vida a ayudar a estos chicos. “Pueden colaborar con dinero, alimentos  con ropa pero creo que lo más valioso es poder venir y darles su tiempo. Para esto es fundamental la constancia, no es empezar y dejar a las pocas semanas porque eso solo generaría nuevamente una sensación de abandono en los nenes. Para esto, nosotros realizamos una grilla con las actividades de forma ordenada para que haya una cierta estructura”.

El municipio hasta este entonces le concedió una subvención de veinte mil pesos y un horno, para que puedan comenzar a armarse como una verdadera institución. “Estamos arrancando y nos queda mucho por hacer. Pero nuestro sueño es poder abrir otras cinco más, hacer de este sueño algo más grande porque hay muchos chicos que precisan de nuestro amor, afecto y tiempo”.

 

Quienes estén interesados en comunicarse con ellos pueden hacerlo al (15) 5324-2279 o acercarse hasta la dirección de la fundación. Un gesto  buen gesto puede cambiarle la vida a estos chicos.

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