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Historia: un joven trans llamado Rubén fue padre y dio la teta

Aunque nació con vagina, se considera una persona trans masculina no binaria. Comenzó a tomar testosterona, fue padre por inseminación y amamantó a su hijo.

La historia de Rubén causó furor en España y llegó a todos los medios como la historia del “primer hombre trans embarazado”. Él es una persona transmasculina y siempre había tenido el anhelo de gestar y amamantar. Tras dos años de testosterona, inició un proceso de fertilidad con esperma donado para convertirse, sin pareja, en papá gestante.

Rubén nunca se había sentido una mujer pero tampoco lograba identificarse con lo que se suponía que sentían todos los varones trans. Quería formar su propia familia y no sabía si quería entrar a un quirófano para hacerse la doble mastectomía y sacarse las mamas. Al contrario, los pechos podían tener en su vida una función vital: la de amamantar a ese bebé que buscaba.

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En 2015, cuando tenía 22 años, leyó la historia de un joven venezolano que vivía a casi 9.000 kilómetros de Madrid. El joven era Fernando Machado, un hombre trans que estaba embarazado. A partir de ahí, tuvo su primer descubrimiento: la revelación no era que podía gestar, sino que no estaba obligado a seguir mostrándose como una mujer para hacerlo.

Ante eso, Rubén inició su transición social para ser quien es hoy: una persona trans masculina no binaria. Decidió comenzar un tratamiento hormonal con testosterona (lo que muchos hombres trans suelen hacer para tener barba, voz más gruesa y dejar de menstruar, entre otras cuestiones) pero antes fue a congelar sus óvulos.

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La otra decisión importante fue no operarse el pecho, ya quería vivir la experiencia de la lactancia. Cuando supo que sus óvulos estaban seguros, inició la terapia con testosterona y cambió su nombre y su género en su documento. Llevaba dos años años en tratamiento hormonal y siendo llamado por el resto en masculino cuando tomó la siguiente decisión: iba a comenzar un tratamiento de fertilidad con esperma donado para ser papá.

Antes del embarazo, Rubén dejó la testosterona para volver a menstruar. Finalmente, una vez que padre, pasó por ocho duros meses de lactancia: el joven tenía algo llamado “pecho hipoplásico” que hacía que casi no tuviera leche, por lo que nada fue como había imaginado.

Aunque Rubén vive en Madrid, una de las ciudades más amigables con la comunidad LGBT+ del mundo, nunca le dio la teta a su bebé en público.

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