Si bien es de conocimiento popular que una vez cada cuatro años nuestro año no cuenta con 365 días sino con 366, muy pocas personas saben qué es lo que da origen al año bisiesto.
Año bisiesto: ¿Por qué este febrero tiene 29 días?
Conocé cuál es la razón por la que este fenómeno se da cada cuatro años.
La respuesta es bastante sencilla. Esto se debe a que realmente la Tierra no tarda 365 días en dar la vuelta al sol, sino que necesita de 5 horas, 48 minutos y 15 segundos adicionales.
Dicho en otras palabras, se dice que un año dura 365 días y un cuarto. Esa cuarta parte de un día se acumula consecutivamente y es así como, al cabo de cuatro años, se suma al año un día adicional: el 29 de febrero.
Yendo hacia atrás en la historia, hay que remontarse al año 46 a.C. para rastrear el origen del año bisiesto. Julio César, dictador de Roma, decidió que se ajustara el calendario al girar de los cielos.
Asesorado por Sosígenes, un astrónomo de Alejandría, llegó a la conclusión de que el año no tenía 365 días, sino 365 días y un cuarto. Entonces, cada cuatro años iba a faltar un día.
Por eso agregó un día después del sexto día de las calendas de marzo (última semana de febrero). De allí vino el nombre bisextus, dado al año en que toca febrero con 29 días, nombre que, en castellano, derivó en bisiesto.
Pero el cálculo que había hecho Sosígenes pecó de poco preciso. Porque el sobrante de cada año no llegaba a las seis horas (un cuarto de día). Hizo un redondeo para arriba y complicó todo.
La diferencia, aparentemente minúscula, entre el redondeo en 365,25 días y el año astronómico de 365,242 días se tradujo en casi 12 minutos por año. Provocó una acumulación de 10 días al llegar el siglo XVI de la era actual.
Entonces, el papa Gregorio XIII resolvió empezar la cuenta de nuevo. Ese calendario, inaugurado en 1582, lleva el nombre de gregoriano y es el que rige actualmente.
Suprimió los diez días sobrantes y estableció que, para compensar las futuras diferencias, no serían bisiestos los años correspondientes a cada fin de siglo salvo los divisibles por 400, como el 2000. Por eso el año del cambio de milenio sí fue bisiesto.

