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Del "bar del hipódromo" a la librería: el edificio de Temperley que atravesó tres siglos 

La librería "Eguiar" funciona desde 1952 en una construcción muy antigua que había sido el sitio de reunión frente a un predio de carreras de caballos. Se cree que el lugar lo visitó Carlos Gardel. 

Avenida Eva Perón y Solís. O más popularmente, Pasco y Solís. Todos los vecinos de Temperley que escucharon nombrar esa esquina saben que ahí está la Librería Eguiar. Varias generaciones la conocieron, en su mayoría alumnos del colegio que está en frente. Y no es para menos, porque funciona desde 1952 y tiene los mismos dueños desde 1958. Lo cierto es que detrás de la tradición de este negocio hay una historia que pocos conocen: la del edificio, ese que alguna vez fue un bar muy popular frente a un hipódromo.

Si bien la librería está en perfectas condiciones, si se observa con atención desde afuera se nota que es una construcción bastante antigua. Se cree que el edificio fue construido a fines del siglo XIX, más de medio siglo antes de convertirse en Eguiar. Todos estos datos los detalla a la perfección Jorge Fernández, hijo del segundo dueño de la librería, quien creció escuchando la historia de este emblema de Temperley.

Se inauguró en enero de 1952. Mi papá la adquirió en octubre de 1958. Compró el fondo de comercio y se hizo cargo de la librería. Mantuvimos el nombre Eguiar porque era el nombre original de los dos fundadores. Uno era Eguiguren y el otro Arregui. De la unión de esos dos apellidos sale Eguiar. Quedó ese nombre porque era más conocido, no tenía sentido cambiarlo”, le explicó Jorge a El Diario Sur.

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Jorge, dueño actual de la librería Eguiar de Temperley.

Jorge, dueño actual de la librería Eguiar de Temperley.

Al ser consultado por la antigüedad del edificio, el hombre de 68 años comentó que “figura inscripto en catastro en el año 1902, pero como en esa época no era obligatorio todavía inscribir las propiedades, se estima que lo habían levantado de cinco a diez años atrás”. De ahí surge el dato de que la construcción atravesó tres siglos.

En un principio, lejos estaba esa esquina de ser una librería y de ser concurrida por estudiantes. En las primeras décadas de 1900 funcionaba allí un bar y almacén de ramos generales, que era la gran atracción para la gente que venía al Hipódromo de Temperley que se encontraba en frente.

“Era con palenque y todo para atar los caballos. El hipódromo funcionó hasta el año 1927 y acá era el lugar de reunión, porque era prácticamente lo único que había para tomar y comer algo. Mucha gente venía de Capital para pasar una especie de fin de semana en el campo”, comentó Jorge.

En ese mostrador donde hoy la gente pide útiles escolares, mochilas, cartulinas o hacer alguna impresión, cien años atrás había jinetes, apostadores y espectadores recién salidos de las carreras del hipódromo dispuestos a pedir un trago. Entre copa y copa, el ambiente se hacía complicado en el bar. A tal punto que muchas veces se desataban peleas. Y una de ellas, según cuenta Jorge, terminó bastante mal: “Mataron a uno acá en la vereda”.

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Imágenes del Hipódromo de Temperley que estaba frente al bar de Pasco y Solís, donde hoy funciona la librería Eguiar.

Imágenes del Hipódromo de Temperley que estaba frente al bar de Pasco y Solís, donde hoy funciona la librería Eguiar.

“Eran como los malevos que andaban con un cuchillo o facón y se pelearon acá adentro. Eran vecinos de acá a dos cuadras según me dijeron. Tomaron unas copas, se ve que subió la temperatura, discutieron, uno salió, el otro salió atrás y lo liquidó ahí, lo mató por la espalda clavándole el cuchillo. Habrá sido antes de 1927”, relata Fernández.

Después de toda esa historia llegó la librería Eguiar, que ya lleva casi 70 años proveyendo de material educativo a los vecinos de Temperley, aggiornándose a los tiempos que corren: “Mi papá cuando compró era un kiosquito, porque era un hombre grande y puso lo básico. Después se hizo la librería, anexó juguetería y fue la más grande de la zona. Con el tiempo quedó la librería que fue lo que más auge tuvo”.

Entran acá y dicen que el olor de la librería les hace acordar a su infancia, cuando iban al colegio acá en frente. Algunos me dicen 'vine yo, vinieron mis hijos y ahora vengo con los nietos' Entran acá y dicen que el olor de la librería les hace acordar a su infancia, cuando iban al colegio acá en frente. Algunos me dicen 'vine yo, vinieron mis hijos y ahora vengo con los nietos'

Y Jorge sigue allí, a sus 68 años. Firme. Hasta que su cuerpo aguante, no se moverá de la librería. Ese es el horizonte más claro del negocio.

Yo ya me jubilé y todavía estoy bien, pero sé que tarde o temprano tendré que dejar. Mientras el físico dé, uno va a tratar de trabajar porque algo hay que hacer. Después quizás se venda el fondo de comercio y seguirá otro, o no. No creo que nadie de mi familia siga porque cada uno tiene su actividad”, confiesa Jorge. El destino del histórico edificio de Temperley está en sus manos. Desde aquel bar frente al hipódromo hasta la librería Eguiar, la historia se sigue escribiendo.

¿Carlos Gardel en la librería Eguiar?

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El Zorzal Criollo era habitué del Hipódromo de Temperley y se cree que visitó el bar.

El Zorzal Criollo era habitué del Hipódromo de Temperley y se cree que visitó el bar.

El mítico cantante de tango era habitué del hipódromo que estaba frente al bar donde hoy funciona la librería, por lo que es muy probable que haya visitado este edificio en la década del ’20.

“Es posible que Gardel haya estado acá porque otra cosa no había en ese momento, era lo único que había para comer y tomar algo, y aparte vendían cosas de almacén para la gente que vivía por la zona. Cuando cerró el hipódromo, el bar desapareció. Vino el problema con la competencia entre los hipódromos de La Plata y Capital, porque este les sacaba la clientela, entonces hicieron fuerza política y lo sacaron. Después se loteó el terreno y se hizo el barrio”, explicó Jorge.

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