Una mañana de otoño de la década del 90’ fue el escenario que marcó un antes y un después en la vida de Hugo Coronel, un vecino de Lomas de Zamora que se dedicaba a los polarizados. Ese día, cuando todavía trabajaba en una automotriz de Liniers, su jefe lo llamó para decirle que debía ir a polarizar el auto de un comisario, pero que tenía que ir a la casa del mismo. Lo que él no sabía es que el dueño del auto no era efectivamente un policía, sino un reconocido jugador de Boca Juniors: Blas Armando Giunta.
Vecino de Lomas fue el polarizador de autos de Boca y la Selección y se convirtió en un personaje del ambiente
El vecino de Lomas de Zamora Hugo Coronel trabajaba como polarizador y logró insertarse en el mundo del fútbol. Coleccionó anécdotas junto a ídolos de Blas Armando Giunta y Beto Márcico.
Las vueltas de la vida llevaron a que este trabajador dejara el anonimato y sin quererlo se convirtiera en el polarizador oficial de planteles de fútbol como el de Boca, Independiente, Vélez e incluso nada más ni nada menos que la Selección Argentina de Fútbol entre mediados de la década del 90’ y principios del 2000. El famoso “boca a boca” entre los futbolistas resultó fundamental para que el “Negrito”, como lo apodaban cariñosamente por su carisma, se desenvolviera entre concentraciones, estacionamientos y láminas para polarizados.
“De a poco fui metiéndome en el mundo del fútbol y la gente de seguridad ya me conocía. Llegaba a los predios como el Hindú Club de Boca o el predio de la AFA en Ezeiza con mis materiales y herramientas, ellos me abrían la puerta y yo trabajaba mientras los jugadores entrenaban en esos complejos que realmente son de primer mundo”, contó Hugo Coronel en diálogo con El Diario Sur.
Como sus trabajos de polarizado normal, intermedio y “limusina” dejaban conformes a los jugadores, su cartera de clientes se amplió y la confianza con ellos, compartiendo almuerzos y meriendas, así como también posibilitándole crecer en su negocio y abrir su local en Lomas de Zamora. De esta manera, Hugo le polarizó los autos a figuras, además de Blas Giunta, como Carlos Mac Allister, Diego Soñora, Alejandro Mancuso, Marcelo Gómez, Carlos Navarro Montoya, Christian Bassedas, Faryd Mondragón, Alberto Acosta, Sergio “Manteca Martínez” y Luis “Betito” Carranza entre otros.
La situación inestable del país y también el cambio generacional de los futbolistas llevaron a que Hugo tuviera que dejar en segundo plano el polarizado y así alejarse del ambiente del fútbol, para dedicarse y vivir de otras de sus pasiones: el gimnasio.
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Hoy, el querido vecino de Parque Barón pudo reinventarse y reconvirtió su local de polarizados en un concurrido gimnasio ubicado sobre la avenida Colombres, entre Fernández y Vargas. Diariamente jóvenes y vecinos pasan por el local a tomarse unos “mates amargos” con el “Negrito” y a disfrutar de sus historias futboleras. “Con trabajo, respeto, sacrificio y pasión por lo que uno ama, todo es posible”, sentenció el polarizador oficial de la Selección.
Una intimidad divertida y siempre futbolera
En la previa a los entrenamientos, Hugo Coronel cuenta que había un hábito que los jugadores de Boca realizaban todos los lunes: “Parábamos en el Palomar y venía el colorado Mac Allister junto al Beto Mársico, tomábamos un café y ellos leían el diario deportivo Olé y replicaban cada comentario que contenía el diario”. Las protestas, los sinsabores o las simples quejas por lo que veían escrito lo tuvo a Hugo como protagonista de aquellos momentos en la intimidad de los ídolos. No solo trabajó en los autos de los deportistas, sino que demostró su relación especial con ellos.

