Este martes se cumplen 50 años del golpe de Estado que desembocó en el proceso más violento y cruel de la historia argentina. Desde 2002, el 24 de marzo es el Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia. Y para hacer un ejercicio de memoria, quería repasar algunos de los libros que leí con temática "setentista" que abordan desde diferentes aristas la barbarie de aquellos años de torturas, desapariciones, vuelos de la muerte, bombas, civiles armados hasta los dientes y desesperación.
Correo desde Madrid: Los libros de la buena Memoria
A 50 años del golpe de Estado, un repaso por seis libros que abordan el periodo de la dictadura desde diferentes miradas.
"Almirante Cero: biografía no autorizada de Emilio Eduardo Massera", de Claudio Uriarte. Cuenta la carrera del almirante que soñó con ser político y que tuvo una ambición de poder tan desmedida que dejaba chiquitos a los Videla y a los Viola. Montó en la ESMA su maquinaria de terror, que se dedicaba a torturar, matar y, no menos importante, a robar. Se creía un político pragmático y se jactaba de poder dialogar con líderes "subversivos": claro, lo hacía a punta de pistola. El libro narra las intrigas de poder palaciegas de la dictadura, que suelen ser poco conocidas. Se lee con voracidad.
"Galimberti. De Perón a Susana, de Montoneros a la CIA", de Marcelo Larraquy y Roberto Caballero. Otra biografía de un personaje todavía más desmesurado que Massera. La vida del "Loco" Galimberti es un paseo por la juventud militante que se radicaliza; por el Madrid en el que atendía Perón; por las bombas, las muertes y los ataques a objetivos civiles y militares; por los famosos millones de dólares del secuestro de los Born; por el exilio en Europa; por guerras en Medio Oriente; por los indultos de Menem; y por una nueva piel frívola de rico y famoso en los 90 con aceitados contactos con la CIA. El libro es una obra maestra del periodismo narrativo argentino. Más allá de las excentricidades de Galimberti, también se registra el paso a paso de cómo a los jóvenes politizados en los 70 se les ocurrió "tomar las armas". Pronto, "los fierros" fueron vistos con naturalidad, como una herramienta más de intervención política, casi tanto como el secuestro o la tortura.
"La llamada", de Leila Guerriero. Es de 2024 pero puede tener destino de clásico. Se basa en la vida de Silvia Labayru, una joven secuestrada por la Armada de Massera, torturada, detenida en la ESMA (donde da a luz) y obligada a participar en operativos para detener a otros opositores al régimen, incluido el que terminó con la vida de las monjas francesas. Los marinos la consideran "rehabilitada" y le permiten irse del país. En España, recibe el repudio de todos sus excompañeros, que la consideran "vendida" a la dictadura. Ahora cuenta toda su verdad. A través de este caso, Guerriero ilumina las historias de muchos otros supuestos "quebrados" por las torturas, que sobrevivieron a los centros de detención y luego se enfrentaron a la más dura soledad.
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"Diario de una princesa montonera", de Mariana Eva Pérez. La hija de dos militantes de Montoneros desaparecidos presenta un diario en el que refleja, con humor y desenfado, "el temita" del trauma que acarrea. La autora militó en los organismos de derechos humanos, logró encontrar a su hermano nacido en la ESMA y, en una etapa de madurez, parece estar de vuelta de todo. Sin dejar de tener una posición clara y subjetiva, muestra también las miserias, las internas y el uso político de los organismos de derechos humanos, con el especial protagonismo que tomaron durante el kirchnerismo.
"Crac", de Josefina Licitra. Este libro, muy cortito, tiene como marco el exilio de un padre militante durante la dictadura y una relación con su hija que nunca puede volver a ser la misma. La autora se siente abandonada, una y otra vez. En carne viva, relata las idas y vueltas de una relación que nunca pudo ser.
Hay otros que me gustan, como "Born", de María O'Donnell, que relata la cinematográfica historia del secuestro del hombre más rico del país y el rescate de 60 millones de dólares que cobró Montoneros; o la biografía de Jacobo Timerman de Graciela Mochkofsky.
Pero cuando uno se sumerge en estas historias tan extremas se queda con la sensación de que todos los protagonistas de la Argentina de los 70 estaban locos y jugaban a matar o morir. Sin embargo, había una voz solitaria que hablaba a favor de la democracia y en contra de las armas, a la que se le vaciaban los actos porque los jóvenes progresistas estaban seducidos por el Che Guevara y la Revolución Cubana, que presentaba hábeas corpus por los desaparecidos, que se oponía a la Guerra de Malvinas, y que después logró que se juzgara y se encarcelara a los represores. Fue, claro, Raúl Alfonsín. Su biografía que más me gusta se llama "El planisferio invertido", y es de Pablo Gerchunoff.

