Un auto que parece un avión y a la vez tiene la esencia de una moto. Esa definición que hoy parece bizarra sirve para entender cómo era el Messerschmitt KR-200 Panambí, un auto de origen alemán que llegó a la Argentina a fines de los años ’50 y que fue fabricado nada menos que en Lomas de Zamora. Una idea innovadora que tuvo un éxito muy corto.
El "Ratón Alemán": el auto fabricado en Lomas de Zamora que se inspiró en aviones de guerra
Fue creado en Alemania y durante tres años se produjo en el territorio lomense. Era un auto de tres ruedas, podían viajar tres personas y su diseño era muy similar a la de aeronaves alemanas.
Su diseño llamaba mucho la atención. Lejos estaba de parecerse a las inmensas carrocerías de aquella época. Con un peso de apenas 230 kilos, estaba diseñado para llevar a un conductor y a dos acompañantes detrás, que generalmente serían un adulto y un niño. Medía sólo 2.82 metros de largo y 1.20 de alto. Tenía tres ruedas. Su frente recordaba mucho al diseño de la cabina de un avión e incluso su volante se parecía mucho al de las aeronaves alemanas.
Para entender el curioso diseño de este pequeño coche hay que remontarse a sus orígenes. El ingeniero alemán Fritz Fend había aplicado su experiencia aeronáutica para armar un vehículo estrecho y se inspiró en los aviones de caza para fabricar las motocabinas. Mucho tuvo que ver también su sociedad con Wilhelm Emil Messerschmitt, un diseñador y fabricante de aviones de Alemania. Todo ese combo le dio forma al Messerschmitt KR-200 y a otros modelos similares. Ahora bien, ¿cómo llegó ese auto a Lomas de Zamora?
Todo fue por iniciativa de Jorge Martinelli, quien recientemente había debido cerrar su fábrica de lavarropas y decidió irse con su esposa un fin de semana a Uruguay para olvidar ese traspié. Fue allí, en un paseo por Montevideo, donde el destino lo cruzó con un mini auto que lo cautivó. Era el Messerschmitt KR-200. Enseguida buscó al responsable de la marca y llegó al mismísimo ingeniero Fend. Martinelli viajó a Alemania para visitar la fábrica de autos, observó la línea de producción y se le encendió la lamparita: quería fabricarlos él mismo en Argentina. Rápidamente llegó a un acuerdo para exportarlos a nuestro país.
Martinelli instaló la planta ensambladora en Molina Arrotea 1650, en Lomas de Zamora, bajo el nombre “Panambí” (“mariposa” en guaraní). En poco tiempo estaba todo listo. El propio Fend vino a Lomas para dar el visto bueno de la fabricación del “Ratón Alemán”, apodo que recibió este pintoresco autito.
“¿Para qué una moto? Por poca diferencia de dinero, no se moje, ni sufra calor, ni frío. ¡Cómprese un Ratón Alemán!”, decía la publicidad de la época.
En charla con El Diario Sur, el escritor Antonio Novielli describe el impacto que tuvo la producción del Messerschmitt KR-200: “Salía de los monocascos que eran enormes para llegar a un vehículo que esté al alcance de todos. Se lo buscaba como segundo auto. Brizuela Méndez había hecho la publicidad en los medios. Los micro cupés eran vistos como autos más accesibles”. En sintonía, comentó que el Ratón Alemán “estaba pensando para el marketing de empresas, para el auto de la mujer o para el auto con el que ibas a hacer las compras”.
“Se creó en Alemania, pero si vos hablás del Messerschmitt, los apasionados del auto lo relacionan con Lomas de Zamora y Panambí, porque la fábrica, el tema de repuestos y mantención estaban acá. La producción fue muy acotada”, remarcó Novielli.
Lamentablemente, el éxito duró apenas tres años. “Martinelli lo trajo pensando que la producción iba a ser perdurable y sostenida, pero después lo agarró otra debacle económica, de la noche a la mañana le cambiaron las reglas del juego y ya no existió más”, lamentó Novielli. El “ratoncito” alemán salió de circulación a comienzos de los ’60. Más de seis décadas después, aún sigue en la memoria de los fierreros, quienes reivindican que en Lomas de Zamora se produjo un auto con componentes de motos y la estirpe de un avión de guerra.
Una “cabina con ruedas”
El habitáculo del Ratón Alemán era muy pequeño y era similar a la cabina de un avión. Cabía un conductor con dos acompañantes detrás. El auto tenía sólo tres ruedas. La cúpula de plexiglás se articulaba sobre uno de los laterales para acceder al habitáculo, que aseguraba una buena protección ante las lluvias y una visibilidad perfecta. En el interior, el conductor contaba con un completo panel que tenía interruptor de luces con lámpara de control, control e interruptor de luces de señales, reloj, velocímetro, luz testigo de batería, luz de aviso de marcha atrás, llave de encendido y arranque y cebador. También había espacio para un equipo de radio.
¿Un auto construido con restos de aviones?
Entre los apasionados de los autos tomó fuerza la leyenda de que el Messerschmitt KR-200 había sido construido con restos de aviones alemanes utilizados en la Segunda Guerra Mundial. El escritor Antonio Novielli señaló la similitud del diseño: “Si vos lo mirás era la cabina del avión. Hasta el volante era del avión. Una gran cantidad de vehículos salieron con rezagos de guerra, no sólo de aviones”. Mito o realidad, lo cierto es que el Ratón Alemán y varios otros modelos se inspiraron en los aviones caza para diseñar las moto cabinas.





