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La historia del jubilado de 81 años que vende útiles en la estación de Temperley: "No me alcanza la plata"

Se trata de Juan Antonio Décima, un jubilado que todos los días llega a Temperley para generar un dinero extra que le ayude a cubrir sus gastos.

Juan Antonio Decima, jubilado de 81 años, se encuentra todas las tardes en la esquina de al frente de la estación ferroviaria de Temperley para vender útiles y, así, poder sobrevivir en el día a día. En ese marco, explicó ante El Diario Sur que lo hace por la difícil situación económica del país: “Empecé porque no me alcanza la plata”.

Juan, cómo todos lo conocen en la localidad de Lomas de Zamora, asiste de forma disciplinada de lunes a viernes desde las 12 del mediodía hasta las 16:30. Según expresó a El Diario Sur, comenzó hace aproximadamente dos meses, dado que no podía cubrir sus gastos fijos del mes: “Me quiero comprar un remedio y no puedo porque no me alcanza, por eso vengo acá. Por suerte la gente me compra”.

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El jubilado ofrece promociones de útiles y asegura que seguirá en la esquina hasta que la economía mejore.

El jubilado ofrece promociones de útiles y asegura que seguirá en la esquina hasta que la economía mejore.

Si bien tiene una jubilación mínima y vive con su sobrino, él decidió por sus propios medios iniciar con la venta de lapiceras, pilas, encendedores y máquinas de afeitar en la esquina de la calle Cangallo, a pocos metros del colegio Tomás Espora. En ese sentido, ofrece promociones de 3 a $1.000 o 4 unidades por el mismo valor. “En vez de venir y pedir plata, vengo y vendo cosas que le pueden servir a todos. No quiero hacer esto, pero otra no queda”, sostuvo.

La rutina para ir a trabajar a Temperley: el mismo colectivo y la fiel compañía de la radio

Nació el 19 de octubre de 1943 y trabajó en varios lugares de Zona Sur, entre ellos parrillas, cafés y carnicerías. En la actualidad, sale de su casa alrededor de las 11 de la mañana con la compañía musical de una radio antigua y camina pocos metros para tomar la línea 3 del colectivo 266, que lo deja en la estación ferroviaria. Una vez que llega, pasa a saludar a los trabajadores de la Quiniela, quienes le tienen guardado su banquito y la caja en donde apoya las cosas para vender: “Son todos muy buenos conmigo, yo los considero amigos a ellos”.

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Los vecinos suelen acercarse a comprarle y también a conversar con él.

Los vecinos suelen acercarse a comprarle y también a conversar con él.

Un ejemplo para todos

En ese sentido, afirmó que seguirá firme en el lugar hasta que la situación económica del país esté estable y pueda estar tranquilo en su casa. Además, agregó: “Todos me dicen que soy un ejemplo porque a mi edad vengo y trabajo, sin importar el sol, el frío y la lluvia. Yo solo quiero ganarme el mango y no pedir ayuda a nadie. Siempre fui igual y lo voy a seguir haciendo”.

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