Cada año, Javier Rodríguez Isaurralde transforma la fachada de su casa en la calle Larroque, en Banfield, con una decoración especial para Halloween. Esta vez, los protagonistas son los esqueletos y las calaveras, en una propuesta familiar que busca sorprender a los vecinos y sacarles una sonrisa a los chicos.
La locura por Halloween de un vecino de Banfield en su casa: "Lo mejor es la sonrisa de los chicos"
Con esqueletos, calaveras y disfraces, una familia de Banfield convirtió Halloween en una tradición que comparte con los vecinos y los chicos del barrio.
“Nos encanta. Es un estilo de diversión, para pasarla bien, de ver a los chicos con una sonrisa y a los grandes riéndose por estos esqueletos”, le contó Javier a El Diario Sur, quien disfruta de esta celebración desde que era chico y mantiene la tradición junto a su familia.
La decoración cambia cada año. En la edición anterior, recordó, la casa había tenido telarañas y arañas grandes. Para este Halloween, la apuesta se renovó con figuras de esqueletos y calaveras que llaman la atención de quienes pasan por el lugar.
Según explicó Javier, es el único de la zona que lleva la decoración a esa escala. La propuesta no pasa inadvertida: los vecinos se acercan, tocan el timbre, sacan fotos y hasta le anticipan que el próximo año podrían competir con una decoración propia. “Nos sorprende siempre que primero nos tocan el timbre, que está decorado, y todos los chicos siempre tienen una sonrisa. Los grandes también se ríen. La verdad es que sacan fotos para tener después algo de recuerdo y está muy bueno”, relató.
Una tradición familiar que empezó en la infancia
El vínculo de Javier con Halloween comenzó cuando era chico. Como asistía a un colegio bilingüe, la celebración formaba parte de sus experiencias escolares y después también se trasladó a su casa. Con el paso de los años, el entusiasmo continuó durante su juventud, cuando organizaba fiestas de disfraces en la universidad.
A esa historia se sumó el gusto por las películas de terror y todo lo relacionado con el género. Con el tiempo, la celebración se convirtió en una actividad compartida por la familia, particularmente por su hija Ana, de 7 años, que cada año piensan juntos qué disfraces usar y cómo renovar la decoración de su hogar.
“Lo disfrutamos. Vivimos cada año pensando en qué disfraces vamos a poner nosotros y cómo vamos a decorar la casa. Es una actividad de familia muy buena”, señaló.
El objetivo: asustar y sacar una sonrisa
Aunque Halloween suele generar opiniones diferentes, Javier explicó que la intención detrás de la decoración es entretener. Para él, la celebración es una excusa para sumar un momento distinto a la rutina cotidiana y compartirlo con los demás.
“Esto es solamente una diversión. Le ponemos fecha a algo que es una diversión. Tenemos Navidad y esto también nos puede sacar una sonrisa más”, sostuvo.
En ese sentido, destacó especialmente la reacción de los más chicos, que disfrutan tanto de las figuras como de los pequeños sustos que forman parte de la propuesta.
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