Debutó en Argentinos Juniors, se consolidó en Boca, despegó en Barcelona, brilló en Nápoli, tuvo pasos fugaces por Sevilla y Newell's y se despidió otra vez en el Xeneize, el club de sus amores. Ese es el curriculum de futbolista de Diego Armando Maradona, más allá de su aura desplegada con la Selección Argentina. A esa nómina hay que sumar un club más. El primero. O, el único, según sus amigos. Se trata de Estrella Roja, ubicado en la calle Mario Bravo 2547, a pocas cuadras de Azamor 523, la casa donde vivió el futuro Diez.
Los amigos de Maradona en su club de Fiorito: "Acá Diego es 'El Pelu', villero como nosotros"
Por el 66 aniversario de Diego Maradona, los amigos de la infancia realizarán una peregrinación en Villa Fiorito y celebrarán el cumpleaños en Estrella Roja.
En un nuevo aniversario de su nacimiento, cuando el astro hubiese cumplido 66 años, El Diario Sur visitó a ese enclave de Villa Fiorito, una cita obligada en una localidad que, desde Lomas de Zamora, con sus paredes desperdigando pinturas con distintas poses de la estrella, tiene a ese lugar como la más brillante. Un Diego joven, con la camiseta roja, se despliega en su fachada principal, y dentro, en plena obra, hay más imágenes con su estampa, una en especial que se lleva todas las miradas, la del nene con el cartel de Fiorito, su lugar en el mundo, pese a que prácticamente lo recorrió todo.
Esta jornada especial habrá una peregrinación que recorrerá Villa Caraza, en Lanús, desde la Capilla de los Trabajadores, y continuará hasta la puerta de ese domicilio que lo vio crecer a Diego, en torno a un recorrido que se completará en las instalaciones de Estrella, donde se celebrará el cumpleaños, con los amigos de la vida, como corresponde. Pablo Herrera, Héctor Armando Mansilla y Rubén Miranda viven esta fecha con un sentimiento especial. Son los chicos, hoy rondando los 70, que hace seis décadas disfrutaban de las piruetas que hacía aquel marciano que luego se iba a convertir en lo que fue, cuando todavía nadie imaginaba -o quizás sí ellos lo intuían- lo que iba a pasar.
La Tierra de Dios
"Esta es la casa de Dios, en la tierra santa de Villa Fiorito, donde salió el rey", sentenció Papilo, como lo conocen en barrio, a uno de los pibes que jugó con él. A esa presentación, le añade un agradecimiento, de movida: "A Beto Maradona, el primo, que cuando cumplió el año le regaló una número uno de cuero y cuando tenía un año, Diego, con esa pelotita de juguete, empezó a hacer nacer la magia".
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Ese primer recuerdo lleva a otro, y ese otro a uno más, en una tanda de anécdotas que completan la jornada previa de plenos preparativos para el evento estelar de este viernes, el de la celebración, asado incluido, recordando a Pelusa. Las carretillas van y vienen acomodando todo; la organización está a flor de piel y la mirada suya y de los que los rodean se empiezan a aguar con imágenes de la memoria mientras las sonrisas tenues se replican. Desde los primeros partidos, pasando por los picados a la luz de la luna; los encuentros en el barrio, el laburo de "Chitoro", don Diego, el padre. Y entre todo, frases, instantes, flashes.
Uno le queda impregnado a Papilo: "Yo era muy amigo de las hermanas. Y un día el cuñado, Carlos López, que el hijo jugó en Primera -ahora el nieto, López Muñoz, está en Argentinos Juniors- también, siempre me decía 'mi cuñadito va a ser el más grande del mundo'. Y yo lo miraba, no le decía nada, pero digo 'este loco debe soñar' . Y vos sabés que no. Fue el más grande del mundo nomás". Y lo ejemplificó así: "Agarró un tacho de pintura le dibujó el arco, 2 metros por 7, con todos los números, en el ángulo, el 10. Le decía 'Pelu, pegale al 10'. Iba y le pegaba. Y yo lo miraba y no lo podía creer. Después probé yo y pasó lejísimo. Ya ahí era un fenómeno".
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Recuerdos de la infancia
Rubén para el barrio es Taca, hoy parte de la comisión directiva del club. Y tal como lo dice él, "el único club de Pelu". Pasó por todos lados, pero Diego acá es "Pelu, villero, como nosotros". "Donde fue, en cualquier parte del mundo, era muy patriota, y él dijo siempre, 'fui Fiorito, nací Fiorito y voy a morir queriendo a Fiorito'. Y ese pibe de Fiorito que luego brilló por el globo hacía lo que hacía con la pelota como si estuviese en el patio de su casa, en Estrella. "Lo que han visto ustedes en una cancha, nosotros acá lo vimos infinidad de veces", sentenció.
Esas cosas que hacía eran moneda corriente. Y lo describió así: "Una vez jugó un partido, había mucho viento ese día y Estrella estaba perdiendo 1 a 0. Pero llegó él y le decimos 'dale que estamos perdiendo'. Y se cambió y tocó dos pelotas, dos goles. Uno lo hizo Olímpico. La verdad, jugar con él era un robo. ¿Cómo podías perder? Nunca". Y continuó: "Tenía una pelotita de goma que agarraba y se sentaba, y vos te ponías a contar y te ibas a cansar de contar porque no se le caía nunca. La verdad que nació súper dotado, nació estrellado, nació en otras dimensiones".
Quien coincide es Héctor Mansilla. Armando de segundo nombre, como Diego, aunque ocho años más grande. Lleva consigo infinidad de imágenes, libros por doquier en su casa, muchas de ellas únicas, irrepetible. El puso el foco en el equipo, en cómo se formó la amistad. "A todos nos fueron poniendo de a poco, nos fuimos formando pero verlo a él era increíble. Con la luz de la Luna jugábamos, practicábamos ahí en la cancha, eran las ocho, las nueve, estábamos jugando. Una cosa maravillosa", destacó.
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Y puntualizó en el barrio. "Cuando nosotros jugábamos íbamos al almacén de Don Almada, si no a Don Máximo, el boliviano, ¿Qué sacaba de la bolsa? Una pelotita, esa esponja con un clavo. Y Diego la iba pateando. Y si no a la tarde era común verlo jugar a los picados ahí, en la frente de la casa de él. Jugaba con todos los vecinos. Se juntaban ahí a las cinco, cancha de barro, de toda tierra la calle. Era un espectáculo verlo", completó.
Ese espectáculo que siguió de grande, lo maravilló más allá que después de los 15 el astro se fue al mundo. Y en algún asado posterior, cuando el Diez los invitó a su quinta, los chicos de Estrella disfrutaron en vivo. "Sacó una naranja, una naranja de la planta, y se acostó con la naranja y se levantó con la naranja, no se le cayó nunca. Digo, ¿qué hay un hilo acá? Era increíble lo que hacía con la pelota, increíble", recalcó.
Un asado para disfrutar
Ese asado se replicará ahora, se vivirá de forma única y encontrará a los ya grandes, chicos otra vez, en su Fiorito, en su Estrella. Papilo es contundente: "Le vamos a cantar el cumpleaños feliz porque todavía esa herida que no esté no se cura y no se van a curar, pero te puedo asegurar de que para Fiorito, para ustedes, para la gente que viene de todo el mundo, es increíble esto". Y completó con un mensaje al Diez: "Negro querido, sos el mejor y vas a seguir siendo el mejor, pero del mundo, por la amabilidad, el amor, ser humilde y no creérsela. Llegaste donde nadie llega. Y siempre, a pesar que tuviste bañado de oro, en Dubai, tuviste con el Papa, tuviste en el Vaticano, nunca te olvidaste de esta tierra, de tu lugar, tus orígenes, tus amigos, de Villa Fiorito. Por eso siempre, gracias".
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