José Luis Santero, vecino de Lomas de Zamora, alcanzó la cumbre del Aconcagua el pasado 22 de febrero y se convirtió en el primer atleta argentino ciego en lograrlo. La expedición la realizó junto al guía Santiago Medina y acompañado por Juan Alberto Maffeis, quien participó del ascenso hasta los campamentos de altura.
El atleta de Lomas que hizo historia en el Aconcagua: "Prácticamente corro desde que no veo"
José Luis Santero es el primer atleta argentino ciego en hacer cumbre en el Aconcagua y pasó por el stream de El Diario Sur para contar su experiencia.
La travesía comenzó el 10 de febrero en el Parque Aconcagua. El equipo avanzó por Confluencia (3.400 metros) y Plaza de Mulas (4.300 metros), antes de encarar los campamentos superiores: Canadá, Nido de Cóndores y Cólera, este último a 6.000 metros.
Santero explicó, en el stream de El Diario Sur, cómo fue desplazarse en ese contexto: “Uso un bastón guía con el guía líder, que tiene un metro aproximadamente, y cuando gira de un lado hacia el otro me guía para dónde tengo que ir, porque no se habla mucho en altura”.
El atleta perdió la visión hace 14 años por una retinosis pigmentaria. Desde entonces, desarrolló su carrera deportiva acompañado por guías. “Prácticamente corro desde que no veo”, señaló.
Cómo fue la llegada a la cima del Aconcagua
Sobre la exigencia de la expedición, remarcó: “Sabía que iba a ser un día muy duro, con mucho frío. Son situaciones que uno tiene que atravesar para poder hacer lo que quiere, que era hacer cumbre”.
Durante el ascenso, las condiciones fueron extremas. Según relató, atravesaron temperaturas de hasta 30 grados bajo cero. En ese contexto, el sostén emocional también fue clave: “Tiene que ver mucho con la conversación interna que uno lleva durante la expedición, eso hace la diferencia”.
Juan Maffeis, quien lo acompañó durante gran parte del recorrido, explicó su rol: “Mi motivación es él. Lo acompañé y traté de ayudarlo en todo lo que pude”. También destacó la fortaleza de Santero: “La fuerza que tiene es única, él va adelante y es el líder”.
El impacto emocional de la experiencia
El día de la cumbre fue el momento más esperado. Santero recordó: “Llegamos y había otras expediciones. Nos empezaron a aplaudir y ahí me di cuenta de que estábamos en la cumbre”. Y agregó: “Hablaba dos palabras y lloraba, estaba muy emocionado”.
El logro tuvo un significado personal profundo. “Pienso en mi mamá, que la perdí hace años, y siento que cada expedición me acerca a ella”, expresó.
Santero también destacó el acompañamiento recibido: “Uno solo es difícil que pueda conseguir algo, siempre hay alguien que te da una mano para lograrlo”.
De cara al futuro, adelantó que ya proyecta nuevas expediciones, tanto grupales como personales, entre ellas el intento de ascenso al cerro El Plata, en Mendoza.
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