Alberto Lobero, conocido por los vecinos de Villa Galicia como “El Cabezón”, murió a los 75 años después de décadas al frente de su puesto de diarios y revistas. Su historia estuvo ligada a la esquina de Ceballos e Iriarte, en Temperley, donde comenzó el negocio familiar que luego continuó él.
Murió Alberto Lobero, el canillita "Cabezón" de Villa Galicia: "Querido por todo el barrio"
Fue una figura conocida por los vecinos de Villa Galicia y durante años atendió su puesto de diarios y revistas en Ceballos e Iriarte.
“Siempre estaba el querido ‘Cabezón’ —así lo conocía todo Villa Galicia—, sonriendo y con un chiste a mano en su quiosco”, escribió su amigo y escritor Roberto Vicchio en el homenaje que publicó en las redes sociales tras enterarse de la muerte de Lobero.
El kiosco había comenzado con la madre de Alberto, en una de las esquinas de las calles Ceballos e Iriarte, indicó Vecchio, en diálogo con El Diario Sur. Con el tiempo, Alberto quedó al frente del negocio y hace unos años había trasladado el puesto a la vereda de enfrente, según detalló.
Ambos se conocían desde hacía muchos años. Además de su vínculo personal, Vecchio indicó que compartieron distintas publicaciones en la revista en la que ambos trabajaban. “Para quienes crecimos antes de que el mundo se volviera digital y las pantallas dominaran las miradas, la felicidad tenía un olor muy específico: el de la tinta fresca sobre el papel rústico de los diarios y las revistas”, escribió en su carta de despedida.
El recuerdo de Alberto en Villa Galicia
Vicchio recordó también cómo eran aquellos puestos de diarios y revistas años atrás. "El quiosco de los años 60, 70, 80, 90, e incluso de estos últimos tiempos, no era simplemente un comercio; era una ventana a universos infinitos”, señaló.
La relación de Lobero con el barrio también aparece en los recuerdos de quienes, cuando eran chicos, se acercaban al puesto a comprar diarios y revistas. En aquellos años, los ejemplares se exhibían colgados de alambres con broches de madera.
“Cuando éramos pibes algunos muchachos nos íbamos a comprar al kiosco”, recordó Vicchio. Esa escena, junto con la figura de Alberto detrás del mostrador, quedó asociada a una época que el escritor recuperó en su carta.
Un kiosco ligado a la historia del barrio
Con los años, el puesto de diarios y revistas se transformó también en un polirrubro, pero Alberto continuó siendo una presencia reconocida en Villa Galicia. Para Vicchio, una de sus características más recordadas era precisamente su forma de relacionarse con los vecinos. “Fue un tipo excepcional, alegre, siempre contento, siempre un chiste”, señalo Vicchio al recordar a su amigo.
También destacó que era “querido por todo el barrio”. “Ya no lo veremos en ese puesto de diarios y revistas, tal como lo inmortaliza esta foto", escribió Vicchio al despedirlo.
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