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Las canchitas de Fútbol 5, copadas por el fútbol femenino: las claves del fenómeno

Cada vez más mujeres participan del ritual del fútbol amateur en la región. Hay partidos mixtos, torneos y terceros tiempos donde priman los encuentros y se dejan de lado de los prejuicios.

Botines, medias altas, canilleras y una pelota Nº 5 bajo el brazo. Así ingresan al campo de juego un grupo de mujeres y ocurre lo que debería pasar: absolutamente a nadie le llama la atención. El fútbol femenino se convirtió en una actividad frecuente desde que los prejuicios por el género se dejaron de lado. Un paso importante también se dio en 2019, cuando la AFA lo profesionalizó.

La práctica no solo se volvió normal en reconocidos clubes argentinos, sino que también cada vez son más los torneos amateurs que convocan al público femenino y las canchitas que se alquilan también son testigos de la importante cantidad de horas que reservan distintos grupos de mujeres.

“El fútbol femenino creció muchísimo en los últimos 4 años aproximadamente. Yo juego a la pelota hace 8 años y antes no había lugares para poder practicar el deporte siendo mujer. Al menos en la zona Monte Grande, Luis Guillón y El Jaguel. En ese entonces tenías que quedarte en una escuelita barrial que haga fútbol mixto”, contó Martina Zapata, profesora de fútbol infantil femenino y encargada de las canchas “Liverpool”, en Monte Grande.

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Por su experiencia personal como jugadora y como empleada de las canchitas, Martina evidencia el fenómeno del fútbol femenino. “Yo arranqué en el club Las Leoninas en 2014 de manera formal, que jugábamos en las canchas de fútbol 5 ‘Stadium’. Ellos se mudaron acá en 2016 y ahí la escuelita tuvo un crecimiento bastante grande. Si bien había juveniles y mayores, ahora hay un público más grande y abierto. Las chicas de hoy en día se animan mucho más que antes”, contó a El Diario Sur.

La explosión del deporte también se nota desde lo recreativo: “Cada vez veo más que grupos de chicas se acercan a alquilar una cancha para jugar con sus amigas. Antes no pasaba eso. A mí me ha tocado jugar siendo la única mujer, por ejemplo”.

El auge del fútbol femenino también se percibe en las ligas amateurs. Florencia Macía, jugadora de Deportivo Alvear, contó su experiencia en ese ámbito. “Nuestro equipo antes se llamaba ‘La Gambeta’ y entrenábamos en las canchas de Alem Sport. El equipo se armó porque un entrenador armó una escuelita. Distintas chicas empezamos a ir a practicar y nos hicimos amigas”, contó la mediocampista del equipo. Y siguió: “Después se unió con otro entrenador y cambiamos de sede y de nombre: pasamos a ser ‘Deportivo Alvear’, porque entrenamos en las canchas de fútbol de la Quinta Alvear”.

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Deportivo Alvear juega la “Copa Premier”, organizada en el Club Alemán de Burzaco, “un torneo amateur en el que se puede inscribir cualquier grupo de chicas que armen un equipo”, explicó Macía. En el torneo, El Depo ya disputó dos fechas. La primera fue derrota por 4-3 y la segunda una victoria por el mismo resultado.

La importancia del fútbol infantil

Además de ser encargada de las canchas, Martina Zapata también tiene su propia escuelita de fútbol femenino infantil, llamada “Pequeñas Gigantes”, donde entrena a niñas desde la categoría 2010 hasta la 2017. “Arranqué el año pasado con 8 nenas y hoy en día son más de 30. Antes no había lugar ni le daban entidad ni importancia. Hoy en día sí porque ya se proyecta a futuro: en mi caso, a las nenas trato de darles todas las herramientas posibles para que el día de mañana se vayan a probar a otros clubes y sepan hacer lo que tengan que hacer”, contó Zapata. Y agregó: “De todas formas, todavía falta mucho. En la zona sur, por ejemplo, no hay tantos lugares que enseñen fútbol infantil. Sí se abrió bastante lo que es juvenil y mayores. Creo que eso explica también porque la escuelita nuestra creció tanto”.

La poca oferta del fútbol femenino infantil, la cual era mucho menor hace unos años, es algo por lo que reniega Florencia Macía. “Lo que más bronca me da es que no juego mal. Si hubiera arrancado de chica, quizás hoy estaría en un nivel mucho más alto”, contó la jugadora del Deportivo Alvear, que se esperanza por el futuro del deporte: “Por suerte a las pibas más chicas no les va a tocar pasar por esto. Veo hoy que, las que entrenan conmigo y son re peques, de grande la van a romper toda”.

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Los prejuicios por jugar, cosa del pasado

Hace un tiempo, ver mujeres jugar al fútbol no solo no era normal, sino que también era en parte criticado. “Uno de los motivos por los cuales explotó el fútbol femenino es que se fue ese prejuicio de que si jugás a la pelota sos machona. Eso era algo que pasaba, e incluso yo lo sentí de chica. Hoy en día el deporte se hace con total libertad”, contó Martina Zapata, quien desde las canchas Liverpool es testigo de aquel cambio: “Ahora se puede juntar rápido 10 chicas, algo que antes era imposible o difícil de conseguir. Hoy en día tenés jugadoras por todos lados. Capaz alguien que menos te esperabas empezó a jugar. Ya vivencia más como un deporte, como lo que tiene que ser, sin juzgar y cerrarle las puertas a cierto género”.

La jugadora Florencia Macía, por su parte, confesó que “nunca tuve ese prejuicio”, aunque la presión por no practicar el deporte venía por otro lado. “Desde chiquita siempre quise jugar y cada vez que podía lo hacía. Los que tenían prejuicio eran mis viejos, que no me querían llevar a entrenar a ningún lado por “miedo” o porque decían que era de machona. Por eso apenas empecé a moverme sola, a los 18 años, que terminé la escuela, arranqué a entrenar y fue lo mejor que pude haber hecho”.

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El tercer tiempo

En la gran mayoría de los deportes que se practican de manera amateur suele existir un ritual de vital importancia: el post partido, más conocido como “tercer tiempo”. En el fútbol femenino, claro está, no hay excepción. “En el tercer tiempo es donde más estamos rindiendo”, dijo entre risas Florencia Macía a El Diario Sur. Y detalló: “En la Copa Premier, una vez por mes, hay un after, donde hay mucha fiesta. A veces, después de algunos entrenamientos nos quedamos a comer o tomar algo. Hace poco los entrenadores hicieron unas hamburguesas, por ejemplo. En la semana, cuando jugamos partidos entre nosotras, después siempre nos quedamos un rato más hablando y tomando cerveza”.

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