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En su día, la historia de Javier Molina, el carpintero ciego de Monte Grande

Perdió la vista en la adolescencia, pero eso no le impide tener su taller en Monte Grande. Además, la historia de Gustavo, carpintero y psicólogo.

Este martes 19 de marzo se celebra el Día del carpintero, en coincidencia con el Día de San José. En ese marco, El Diario Sur visitó a dos exponentes de la carpintería de Monte Grande con historias especiales: Javier, que coordina su taller a pesar de estar ciego; y Gustavo, que también es psicólogo, pero no deja de lado su pasión por trabajar la madera.

Embed - Dos grandes historias de carpinteros

Javier, el carpintero que no ve pero hace milagros con la madera

Javier Molina está al frente de la carpintería Vestigio, ubicada en la calle Ramón Santamarina 470. Tiene 53 años y perdió la vista en la adolescencia. Hace más de diez años que se dedica a la carpintería. "Estoy con un carpintero, que es el más viejo de todos, Gavi, de 60 años, que trabajó toda su vida con la madera, y es como nuestro maestro. Cualquier duda que tenemos se la preguntamos a él. Después está Demian, quien se hizo carpintero conmigo y con Gabi, y Ale que está aprendiendo el oficio", comentó Javier sobre su grupo de trabajo.

"Perdí la vista y encontré todo este mundo fascinante de la madera, y me siento un afortunado. Si no te gusta no lo podés hacer", opinó. Y añadió: "De hecho, un día me di cuenta de algo tremendo. Todo esto fue un árbol, y después se convirtió en un mueble. Todo el proceso es maravilloso e interminable".

El rubro de la carpintería es la pasión de Javier, quien no puede pensarse trabajando de otra cosa: "A veces pienso en que otro laburo podría haber hecho si no fuese carpintero, y la verdad es que no encuentro otra cosa. Encontré una pasión en esto. No siento que vengo a trabajar, siento que vengo a hacer lo que me gusta. Me siento un afortunado".

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Ale (izquierda), Javier (centro) y Demian (derecha), carpinteros de Vestigio

Ale (izquierda), Javier (centro) y Demian (derecha), carpinteros de Vestigio

Javier destacó que, a pesar de ser carpintero, está "en contra de la tala", pero que cuando llega la madera ya preparada a la carpintería comienza la acción: "Cuando llega la ponemos en una máquina que endereza la madera, después se cepilla, se va cortando dependiendo de lo que uno quiera hacer, y posteriormente construimos el mueble.

Gustavo, el carpintero que también es psicólogo y recibió el llamado de su oficio

Por otro lado, se encuentra Gustavo Neubauer, de 52 años, carpintero del taler Tajungapul, ubicado en San Martín 768, quien dio un mensaje para todos sus colegas en este día del carpintero: "La carpintería es un oficio maravilloso. Nunca aflojen, es hermoso".

Él tiene una historia particular respecto al rubro de la madera. "En la secundaria estudié para carpintero y después trabajé un poco de eso", comentó. Y añadió: "Por cuestiones de la vida decidí cambiar, estudié y me recibí de psicólogo. Sin embargo, en 2008, más o menos, me mudé con mi mujer al departamento, ahí pedí el número del teléfono fijo a Telefónica y me dieron el de un carpintero fallecido".

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Gustavo, carpintero de Tajungapul

Gustavo, carpintero de Tajungapul

"Trabajaba de psicólogo ya, pero recibía llamadas constantes preguntando por Carmelo, el carpintero. Entonces mi esposa me dice 'a vos te apasiona la carpintería. Tomá los trabajos de Carmelo y hacelos vos'. Ahí comencé a trabajar como carpintero nuevamente".

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