El mal dormir dejó de ser una situación aislada y se convirtió en un problema extendido en la Argentina. Distintos estudios advierten que cerca del 40% de la población presenta insomnio o sueño interrumpido, mientras que una parte significativa duerme menos horas de las recomendadas.
Según la Asociación Argentina de Medicina del Sueño y relevamientos de la Fundación Favaloro, alrededor del 21% de los argentinos duerme menos de ocho horas por noche y cerca del 39% padece dificultades persistentes para descansar. El fenómeno se profundizó tras la pandemia y afecta especialmente a adolescentes y adultos.
La psiquiatra de Canning, Liliana Hepner (Matrícula Nacional 117337) explicó a El Diario Sur que estas cifras reflejan un problema estructural. “No hablamos solo de personas que alguna noche duermen mal, sino de una parte muy grande de la población con dificultades persistentes para descansar. El sueño es una función biológica clave para la salud mental”, señaló.
Insomnio y salud mental: un problema cada vez más frecuente
Para los especialistas, la dificultad no pasa solo por la cantidad de horas. “En general vemos las dos cosas a la vez: se duerme menos y se duerme peor. Hay despertares frecuentes, sueño liviano y sensación de no haber descansado”, indicó Hepner.
Los informes recientes coinciden en que la calidad del sueño, definida por su continuidad y la rapidez para conciliarlo, es tan importante como la duración. La interrupción del sueño profundo y de la fase REM, que constituye aproximadamente el 25% del ciclo de sueño y es donde ocurren los sueños más vívidos, afecta procesos centrales para el equilibrio emocional.
Estrés, pantallas e incertidumbre: por qué dormimos mal
El crecimiento del insomnio responde a múltiples factores. “El estrés crónico, la incertidumbre económica, el uso excesivo de pantallas, los horarios irregulares y una vida cotidiana en estado de alerta constante van en contra de los mecanismos naturales del sueño”, explicó la psiquiatra.
Además, el aumento de cuadros de ansiedad y depresión suele manifestarse primero a través del insomnio. “Muchas veces el malestar emocional aparece antes en la dificultad para dormir que en otros síntomas”, agregó.
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Cuando el mal descanso se vuelve un problema colectivo
Desde la psiquiatría advierten que el insomnio deja de ser un problema individual cuando se repite en gran parte de la población, se sostiene en el tiempo y afecta el funcionamiento diario. Dificultades para concentrarse, irritabilidad, bajo rendimiento, mayor riesgo de accidentes y aumento del consumo de medicación para dormir son algunas de las consecuencias más frecuentes.
Dormir mal no solo genera cansancio. “Afecta la regulación emocional, la tolerancia al estrés y la capacidad de pensar con claridad. Muchas veces el malestar del día tiene más que ver con cómo se durmió la noche anterior”, señaló Hepner.
Ansiedad, depresión e insomnio: una relación directa
En la práctica clínica, la relación entre insomnio, ansiedad y depresión es estrecha. El mal dormir puede ser síntoma de estos trastornos, pero también favorecer su aparición. “Dormir mal aumenta la vulnerabilidad emocional y, a su vez, la ansiedad y la depresión dificultan el descanso. Por eso el abordaje del sueño es central en psiquiatría”, concluyó la especialista.
Las guías internacionales recomiendan entre 7 y 9 horas de sueño para un adulto sano, una meta que hoy parece lejana para una parte importante de la población argentina.
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