Pero más que de objetivos contrapuestos, se trata de unanhelo de digitalización que choca con la realidad de la economía Argentina.Según afirmaba el mismo Sturzenegger, uno de sus objetivos al frente de labanca nacional es avanzar en "desterrar el uso de dinero en efectivo,inspirándose en el modelo de bancarización sueco, que en 2014 se trazó comoobjetivo eliminar el dinero en papel y desde entonces ha avanzado con pasosfirmes para conseguirlo.
Hoy en día, cuatro de cada cinco compras en comerciossuecos se hace con medios electrónicos, y la mayoría de las entidades bancariasya no aceptan transferencias ni operaciones en efectivo. Otros países de laregión escandinava se sumaron, y encabezan el pelotón de la transición hacia eldinero virtual. Dinamarca, por ejemplo, ya anunció que dejará de emitir monedafísica en 2017, y que la medida permitirá ahorrar 13,5 millones de dólaresanuales en concepto del costo de producción del mismo.
Ahorrar en el costo de producción no es el único beneficioque anticipan quienes abogan por una rápida transición desde el soporte enmetálico hacia el soporte digital. Abandonar el papel implica también menorescostos administrativos, financieros y de custodia; mejora el registro de lasoperaciones disminuyendo así la evasión fiscal y dificultando la financiaciónde negocios ilegales; e incluso aboga motivos ecológicos al disminuirdrásticamente el uso de papel.
Sin embargo, así como resultaron irreales las profecíassobre la desaparición de los periódicos o de los libros en papel, laeliminación del dinero físico también trae aparejadas suficientes dificultades-tanto prácticas como conceptuales- como para confiar en que al billete aún lequeda una larga vida por delante. Especialmente en la Argentina.
Según datos del Banco Central, hoy el circulante total en laArgentina es de $ 466.550 millones, un monto considerable en comparación conpaíses desarrollados. En enero de 2015 los billetes y monedas sumaban alrededorde $ 346.382 millones, mientras que en el mismo mes de 2014 la cifra era de $281.047 millones.
La cantidad física de billetes circulando es hoy de 6156millones, de los cuales los de 100 pesos representan el 70%, según el datooficial. De los números publicados por la autoridad monetaria se desprende quelos billetes y monedas circulantes representan en promedio un 78% de la basemonetaria y que el nivel de bancarización no aumentó en los últimos años, apesar de medidas cómo las cuentas bancarias gratuitas o los descuentos por pagocon tarjeta y cuotas sin interés.
Se trata de algo más que un problema cultural. Uno de losprincipales escollos en el avance haciala digitalización son los costos de bancarización y los impuestos que gravan eluso de medios alternativos al dinero en efectivo. Y de modo no menor, la faltade infraestructura técnica para soportar la digitalización de la economía. Lasdiferencias con Suecia, dónde la penetración de la telefonía celular y laconexión a internet abarcan a prácticamente toda la población, son más quenotables.
Teniendo en cuenta que las dificultades de infraestructura comogarantizar un entorno digital seguro y estable- son las que más retrasan elabandono escandinavo del metálico, queda claro que el camino a recorrer paralas economías en desarrollo es todavía extenso.
Inclusive en el terreno de la batalla cultural, existenmúltiples detractores a la transición digital. Empezando por el enorme sectorque representa la economía informal y la de aquellos sectores aún nofamiliarizados con el uso en general de medios electrónicos, y siguiendo poraquellos que ven en la bancarización obligatoria un aumento del control delEstado sobre los individuos y un ataque a la libertad económica individual. Enese sentido, todavía genera escozor el recuerdo de la bancarización forzada quesignificó el corralito de 2001.






