Tras un trimestre de idas y vueltas, la recientementeconsolidada cúpula tripartita de la Confederación General del Trabajo acordó noconvocar a un paro general, medida de fuerza que se encontraba en la baraja dela central sindical ante la caída del poder adquisitivo del salario en esteprimer año de la administración Cambiemos. Al acuerdo se llegó a través de unamediación de la que participaron los líderes de la CGT y de sindicatos que lacomponen, el jefe de Gabinete de Ministros más las carteras de Finanzas,Producción y Trabajo del Poder Ejecutivo, y representantes empresarios de loque se conoce como "el grupo de los seis: la Unión Industrial (UIA), laSociedad Rural (SRA), las Cámaras de Comercio y de la Construcción, la Bolsa deComercio y la Asociación de Bancos Privados de Capital Argentino (ADEBA).
El primer anuncio tras la reunión estuvo a cargo de MarcosPeña, quien presentó el documento en el que las partes se comprometían a "abriruna discusión por sectores para otorgar a fin de año un bono con un mínimo dereferencia de $2.000.- por trabajador.
Aquella primera lectura del documento no tardó en despertarapresuradas y optimistas primeras lecturas, que interpretaron que así como sereglamentó el bono a jubilados y beneficiarios de la AUH- todos lostrabajadores de la esfera no estatal recibirían cuanto menos $2.000 adicionalesal finalizar el mes de diciembre. Tras la euforia inicial, comenzaron lassegundas lecturas, que dibujan un panorama más claro respecto del estado realde la situación.
El mismo jefe de Gabinete, apenas minutos después deanunciar la cifra teórica del bono, aclaró que lo firmado era "un documentopolítico, no es un decreto, ni una orden judicial. Es decir que de ningunamanera obliga a ningún empleador ni a ningún sector de la economía a pagarningún bono, de ningún monto. Es, en esencia, una apertura del diálogo generalentre las esferas estatal, sindical y empresaria, a partir del cual se esperaque cada rubro inicie diálogos y evalúe su situación particular. "Manifiesta elacuerdo de todos los que fueron hoy a este espacio de diálogo, agregó MarcosPeña. El Gobierno es quien se quedó con la mejor tajada, ya que se desligó dela responsabilidad de financiar el bono, a la vez que logró calmar las aguas ydiluir el temido escenario de tener que enfrentar un paro general en su primeraño en el poder.
Desde el lado empresario, no tardó en evidenciarse eldescontento. "Veníamos acostumbrados a tener que lidiar con Moreno, pero no nosesperábamos esto de este Gobierno, expresó apenas terminada la reunión unempresario ligado a la actividad bancaria. Si bien el Ejecutivo no dictaminó laobligatoriedad de pagar un bono, la presión que ejerció para instalarlo no cayóbien, especialmente a aquellos sectores como los bancarios- a los que se lesrecriminó que "podían pagar inclusive más que $2.000. Apenas dos horas despuésdel discurso de Peña, la Cámara de Comercio sentó posición y expuso el caráctertestimonial del acuerdo, al anunciar que sus empleados no recibirían un bonoextraordinario. Casi en simultaneo, la Cámara Argentina de la Mediana Empresaanunció que debido a la caída de la rentabilidad, tampoco las Pymes estarían encondiciones de afrontar el pago a fin de año.
La posición más comprometida sea quizás la de la novelcúpula cegetista, que parece haberse desprendido demasiado temprano de su cartamás fuerte. El compromiso de no adoptar medidas de fuerza resulta quizásdemasiado compromiso, más conforme distintos sectores empresarios anunciabanque no habría bono en absoluto. La ausencia de Pablo Moyano en la mesa denegociación podría significar la primera grieta dentro de la reluciente unidad.El hijo del histórico dirigente de Camioneros ya se había manifestado en contradel bono de $1.000 que el Estado abonará a jubilados de la mínima y abeneficiarios de la Asignación Universal por Hijo, calificándolo de "migajas.A esta última mesa de diálogo, ni siquiera asistió.
Por ahora, el Gobierno confía en haber estirado la pazsocial al menos hasta diciembre, mientras espera un gesto efectivo de losempresarios para navegar a través de una economía en recesión y con lainflación por delante de los salarios, y aún sin la llegada de la balsámicalluvia inversora pronosticada.






